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sábado, 1 octubre, 2022
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Por: La Jornada Zacatecas •

A mi hermoso Zacatecas, a sus personajes históricos y a su problemática social actual

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Autor: Pedro Antonio Saucedo Álvarez

(SEGUNDO LUGAR DEL 4 CONCURSO DE CALAVERAS LITERARIAS DE LJZ)

 

Con el respeto señores,
hoy les quiero platicar
de mi prima la Calaca
que nos vino a visitar.

Ha llegado a Zacatecas,
tierra de cantera rosa,
una vieja muy coqueta,
de sonrisa primorosa.

Se ha hospedado en estas fechas
en el Mesón de Jobito;
ha ordenado a la mucama
dos mezcales y cabrito.

Ella viene muy dolida,
ha llorado de esperar,
porque Don Porfirio Díaz
no la supo valorar.

Entre manos tiene boda,
pero no tiene Catrín;
busca, estando en Zacatecas,
un valiente y bailarín.

Se rumora entre las calles
que anda en busca de un amor;
ya investiga cada dato
del señor gobernador.

Le han contado a la chismosa
que su apellido es Alonso,
que es gallardo y es apuesto,
responsable y nada sonso.

Pero debo platicarles
que ella quiere visitar
a sus primos y parientes
y al muchacho presentar.

Altanera la mujer,
ya hizo su lista de invitados,
para pasarla aun mejor,
días después ya sepultados.

Y ya entrada la Catrina,
se nos fue hasta Juan Aldama
a llevar invitaciones,
muy formal, según la dama.

En su lista de invitados,
tiene, la muy mitotera,
a Don Cabral del Hoyo
y a Don Gustavo Vaquera.

A Don Mauricio Magdaleno
también ya lo fue a invitar,
para que asista a su boda
pa’ que la saque a bailar.

Esa elegante damita
ya recorrió los caminos,
ya visitó muchos pueblos
y consiguió los padrinos.

Ya se siente muy soñada
y lo grita sin alarde,
su padrino de arracadas,
don Ramón López Velarde.

De vestido y de peinado
tiene a una gran periodista;
su nombre es Roxana Reyes,
es de mente muy altruista.

Ha invitado a los de Mr. Model
como padrinos de banda;
sabe bien que a todos ellos
les encanta la parranda.

De pastel y gelatinas
invitó a Don Manuel M. Ponce,
sin contar que su pachanga
se suspende hasta las once.

A don Francisco García Salinas,
un nombre que tanto ella añora
ya lo invitó a su casorio
pa’ que suene la tambora.

Fue a invitar a un señor
pa’ que le fuera a cantar,
a un charro muy conocido,
a Don Antonio Aguilar.

También se siente alagada
la señorita Catrina,
pues ya le compuso su marcha
el buen Genaro Codina.

Consiguió un financiamiento
la mujer entusiasmada;
ya compró los cantaritos
para la callejoneada.

Y para poder brindar
ella se fue hasta Calera,
y les hizo un pedido
a los de la cervecera.

Y se fue a Nochistlán
para comprar un pinole;
después pasó por Cuauhtémoc
por cuatro casos de mole.

Después viajó para Río Grande
para comprar doce elotes,
y de ahí se fue a Loreto
por unos cuantos camotes.

Hizo freno en Guadalupe
y compró diez empanadas,
y después se fue a Jerez
a comerse unas tostadas.

Para la luna de miel
ya tiene la condenada
los boletos y el transporte
para irse a La Quemada.

Se llegó el día del evento,
se dice del novio que le ama.
La Flaquita está muy contenta;
ya será primera dama.

¡¡Oh!! sorpresa de mi vida,
que hasta me pienso matar.
Nunca llegó el susodicho
al entrañable altar.

Se quedó la muy Catrina
vestida y alborotada.
No llegó Miguel Alonso
por la huelga registrada.

Eran todos los maestros
que exigían su paquetón.
De coraje, la Huesuda
los espera en el panteón.

Esa Flaca, muy ladina,
ya sufrió otra decepción;
del enojo y del coraje
le pegó una indigestión.

No pagó el financiamiento,
los intereses ni el IVA.
Todo esto lo ha causado
la reforma educativa.

Ya muy triste mi Flaquita,
se fue a Villa Nueva al rodeo,
y de paso fue a rezarle
al buen San Judas Tadeo.

Hizo una gran plegaria
por todo lo acontecido,
por las feas destrucciones
que Zacatecas ha tenido.

¿Qué le pasó a Plaza de Armas?
Ya todo es muy diferente;
ya no hay árboles ni bancas;
también quitaron su fuente.

Ya mejor me retiraré
y rezaré por todos mis conocidos,
y prenderé estas tres veladoras
a los 43 desaparecidos.

Rezo por mi Colima,
Jalisco y mi Culiacán,
que no nos tumbe las casas
Patricia, el huracán.

Ya por fin me resigné
que nunca me casaré.
Sólo de mi bello Zacatecas
yo nunca me olvidaré.

Ya se va, ya se despide,
contenta y emocionada.
Les manda un gran saludo
a todos los lectores de La Jornada.

Ya me esperan en la yunta
con rumbo a la Huasteca hidalguense;
les encargo lo del premio
pa’ mi gente cuauhtemense.

Sólo les pido una cosa
y me gana la emoción:
recuerden a sus muertitos
y sigan la tradición.

Oh mi tierra Zacatecas,
yo nunca te voy a olvidar,
ya juntaré en mi alcancía
para poder retornar.

 

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