Muchos creen que Donald Trump gobierna en Estados Unidos. Incluso algunos opinan que Donald Trump tiene facultades supranacionales y que puede ordenar lo que se le antoje a cualquier otro país y éste último complacerlo, so pena de sufrir las consecuencias. Ese pensamiento se lee constantemente en la praxis política de las derechas del subdesarrollo. Es entendible, ese pensamiento político es condición necesaria para someter y explotar a nuestras naciones. Las visitas constantes de la derecha venezolana, o la mexicana, al gobierno de EEUU, o en otras esferas dominadas por el país imperial, dan testimonio suficiente.
Donald Trump no es el gobierno real, solo cubre la formalidad. Las relaciones de poder en EEUU son la expresión política (se desdoblan en estado de “derecho”, militar y de propaganda) del tejido de las relaciones económicas entre los gringos más ricos del vecino país. Por regla, los gobiernos son mediaciones de la complejidad de las relaciones de poder. En actualidad, en USA ya no hay mediación, el gobierno está directamente dirigido por los poderosos. La represión fascista, discriminatoria, racista, clasista y de exclusión social de los más pobres en USA, como los trabajadores y los migrantes, se explica por las diferencias sociales de clase.
Antes de entregar la presidencia, Joé Biden, dijo estar preocupado porque el pequeño puñado de hombres más ricos de su país formaban parte del equipo de Donald Trump. Estaba claro que el arribo del nuevo presidente se vería acompañado de políticas públicas que, de forma muy directa, se diseñarían para responder a los intereses de la oligarquía económica gringa y, para garantizar su fidelidad, la clase política sería removida de los cargos públicos para ser ocupados por los jerarcas de la economía.
Joé Biden no se equivocó. Y es muy importante tener en cuenta la estructuración de las actuales relaciones de poder en Estados Unidos para poder navegar. Evidentemente que eso lo entiende muy bien Vladimir Putin y Xi Jinping, quienes han expresado que lo que se negocia con Donald Trump no necesariamente se cumple, no hay seriedad, ni aunque se firme; porque el grupo económico enquistado en el poder político estadounidense hace efectiva su última palabra y envían a Donald Trump a desdecirse. Lo usan como “chimultrufia” y es él quien paga el costo del descrédito.
En mi opinión, Donald Trump es un zorrillo acorralado por sus “amigos” de clase y los problemas que provocan. Deja su olor por todos lados. Pero en realidad es un hombre a la defensiva. La agresividad de sus palabras, el chantaje,amenaza, acoso con aranceles, el cerco económico y militar son prácticas de terrorismo y extorsión que poco se cumplen si las víctimas oponen resistencia. O, ¿cómo entender la aplicación de aranceles hasta del 200 por ciento a las mercancías chinas y, tras recular, luego acude hasta la nación asiática a negociar que le vendan las “tierras raras” que no posee, ésas mismas que hay en Ucrania?
En el terreno económico, el gobierno de Estados Unidos se mueve en dos tableros: el primero tiene que ver con la pérdida de competitividad, balanza comercial deficitaria y endeudamiento como nación frente a otras, principalmente con las asiáticas; el segundo se refiere a la voracidad insaciable de su oligarquía de acrecentar su riqueza, a la mayor velocidad posible, al menor costo, sin importar si sus capitales se mantienen dentro o fuera del territorio gringo y sin ningún reparo ante las consecuencias.
A la fecha, no me atrevería afirmar, o negar, si el gobierno de México presidido por Claudia Sheinbaum comprende las características de la nueva estructuración del poder económico y político de Estados Unidos. Negociar con el actual gobierno conlleva características distintas a hacerlo con JoéBiden, porque mientras éste último representó intereses de clase imperial el de Donald Trump no las representa, es la ejecución directa, sin mediación de esos mismos intereses.
Por ejemplo: El gobierno actual de Donald Trump no aceptará, fuera de demagogia, combatir el narcotráfico y el crimen organizado dentro de su propio territorio porque en esencia es el mayor narcogobierno del mundo, gracias a lo cual reactiva algunos renglones de su economía, muy a pesar del sufrimiento a que somete a su juventud adicta a las drogas, que mueren en las calles como efecto colaterales de la acumulación y concentración de capitales de origen ilícitos. Tampoco cederá en la venta de armas cuando lo que ocupa es exportarlas, así tenga que inventarse guerras para asegurar ganancias. Igualmente, hará oídos sordos en materia de aranceles porque le urge recaudar recursos para sostener a un pesado aparato burocrático, responder a una crecida deuda interna y externa y financiar sus andanadas injerencistas y militares contra otras naciones. En síntesis: el gobierno de Donald Trump acusa de lo que tiene de sobra.



