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martes, 30 noviembre, 2021

‘La poesía es la distancia más corta entre dos humanos’: Lawrence Ferlinghetti

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Por: MALIYEL BEVERIDO •

La Gualdra 378 / Poesía

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Poeta, editor, pintor, activista, ícono de la generación beat, Lawrence Ferlinghetti cumplió cien años el pasado 24 de marzo, motivo de regocijo y de reflexión. No es la longevidad en sí la que en él puede admirarse, sino la consistencia y la constancia de su carácter y acciones.

Oriundo de Nueva York, Ferlinghetti se estableció definitivamente en San Francisco en la posguerra. Su trayectoria formal incluye estudios en la Universidad de Carolina del Norte, en la Universidad de Columbia y en la Sorbona de París, además de su participación en la Segunda Guerra Mundial. Pero fue su labor como promotor de una literatura a la vez lúcida y rebelde,como vocero de una generación que desafiaba las normas de una sociedad opresiva y del perverso orgullo del american way of life, la que lo posicionó como el paladín de la generación beat.

Esta generación reúne a escritores como Jack Kerouac, William S. Burroughs, Allen Ginsberg, Lucien Karr, Neal Cassady, Gregory Corso, y otros, que encontraron en Ferlinghetti no sólo a un compañero de trincheras, sino a un instigador activo.

En 1952 creó en San Francisco la librería City Lights [www.citylights.com], que empezó como un pequeño local de libros de segunda mano y de tirajes económicos y que prontamente se convirtió también en una editorial que publicaba los versos poco convencionales y la prosa insurrecta de la generación beat, así como a otros pensadores fundamentales del medio siglo, como Henri Michaux, Antonin Artaud y Albert Camus, entre muchos más.

Cuando, en 1956, publica Howl (Aullido), el emblemático poema de Allen Gingsberg (“He visto las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura…”), desata una polémica que incluye la prohibición del libro, considerado obsceno, y lo lleva a juicio junto con su autor. La prohibición fue anulada después de que el juez Clayton W. Horn declarara que el poema poseía “importancia social redentora”. El caso es un hito de la primera enmienda de la Constitución estadounidense.

Pero la historia de Ferlinghetti (ni la de Gingsberg) no se detiene allí. Su poesía irónica y contestaria, como su activismo en pro de las libertades, continuaron y no ha dejado de influir, desde hace casi setenta años, en las conciencias críticas de la literatura y el arte.

Como todos los poetas beat, la de Ferlinghetti es una poesía basada en la oralidad, en la recreación de una voz interior que brota sin filtro al exterior y resuena. Si su obra más conocida es A Coney Island of the Mind (1958), Endless life (1981) es la colección retrospectiva de su poesía y Poetry as an insurgent art (2007) es casi una compilación de aforismos en torno al arte de la poesía.

Otros poemarios como One thousand fearful words for Fidel Castro (1961), Where is VietNam? (1963), ¿Tyrannus Nix? (1969) y Who are we now? (1976) tienen una clara dirección política.

No sólo ha sido laureado por la ciudad de San Francisco y recibido distintos reconocimientos literarios en los Estados Unidos, sino que también ha sido reconocido por los gobiernos de Francia e Italia.

Por si fuera poco, su pintura, menos conocida que su poesía, posee la misma fuerza expresiva de sus letras.

Ahora, en su aniversario número 100, la ciudad de San Francisco declaró el “Día Lawrence Ferlinghetti”, y centenares de admiradores acudieron a las puertas de City Lights para honrarlo y para escuchar la lectura en voz alta (a cargo de un grupo de poetas) de Little Boy, novela autobiográfica que traza su infancia y juventud. Feliz cumpleaños, poeta, necesitamos más como tú.

 

The world is a beautiful place
El mundo es un hermoso lugar (1955)

El mundo es un hermoso lugar
para nacer
si no te importa que la felicidad
no siempre sea
tan divertida
si no te importa un golpe infernal
de vez en cuando
precisamente cuando todo marcha bien
porque ni en el cielo
están
siempre cantando.

El mundo es un hermoso lugar
para nacer
si no te importa que algunos mueran
siempre
o que tal vez sólo pasen hambre
de vez en cuando
lo que no es ni la mitad de malo
si no eres tú.

Oh, el mundo es un hermoso lugar
para nacer
si no te importa demasiado
que haya cabezas huecas
en los más altos cargos
o una o dos bombas
de vez en cuando
sobre tu cabeza
o algunas otras calamidades
que nuestra sociedad de Marca Registrada
padece
con sus hombres de distinción
y sus hombres de extinción
y sus curas
y otros patrulleros

y sus diversas segregaciones
y las investigaciones del Congreso
y otros estreñimientos
que nuestra carne estúpida
ha heredado.

Sí el mundo es el mejor de los lugares
para un montón de cosas como
hacer escenas divertidas
y la escena de amor
y las escenas dramáticas
y entonar canciones graves
y tener inspiraciones
y pasear
mirándolo todo
oliendo las flores
y toqueteando a las estatuas
e incluso pensando
y besando a la gente y
haciendo bebés y usando pantalones
y agitando sombreros y
bailando
y yendo a bañarse al río
en el picnic
de mediados del verano
y en general
“pasarla bien”


pero entonces, justo en medio de todo esto
aparece sonriente el empleado
de la funeraria.

 

Lawrenece Ferlinghetti

 

 

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_378

 

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