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martes, 30 noviembre, 2021

Por el bien de todos, sana distancia

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Por: LUCÍA MEDINA SUÁREZ DEL REAL •

A muchos preocupa que el presidente no use cubrebocas, pero más preocupante es su sana distancia de los asuntos electorales.

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Es comprensible. La cultura política hasta hace poco dominante y un liderazgo tan marcado, hacen esperable, pero jamás deseable, que el presidente tenga mano en los asuntos electorales.

No se puede pedir menos a quien ha luchado toda la vida por la democracia.

No es una exageración, difícilmente otro político vivo ha librado tantas batallas en ese tema: el fraude de 1988 , otro en su natal Tabasco, los asesinatos de más de 600 perredistas, el desafuero, la guerra mediática por los videoescándalos, el fraude del 2006, la compra de votos en 2012, la fundación de Morena, etcétera.

En ese contexto toca hoy al presidente hacer un papel muy distinto en su lucha por la democracia. Es momento de tejer fino como se supone que deben hacerlo los demócratas en el poder: ser estables garantes de paz y orden; lo cual quizá requiera más silencio que palabras, más contención que acción.

Ser además fundador y constructor de la unidad en un partido hoy tan caótico como Morena, provoca el incremento de los llamados a que el presidente intervenga, lo cual hasta ahora no ha hecho.

Sin embargo su estilo de gobernar en roce constante con el pueblo (en aviones, plazas cívicas, etc), ha generado la tentación de fotografiarse con él, para enviar ambiguos mensajes que la opinión publicada se encarga de hacer ver como signos de respaldo.

Esta egoísta estrategia beneficia al propiciador de esos encuentros porque se baña al suspirante de la popularidad del presidente, pero a éste último, cabeza de un proyecto de nación, lo entrampa en politiquería y grilla barata que produce desgaste tan innecesario como peligroso.

Poco margen le queda al presidente de la República porque muchos de esos personajes cazafotos tienen cargos de elección popular y se encuentran en funciones, por lo que atenderlos, invitarlos y dejarse ver con ellos es obligado.

Acostumbrado a elegir entre inconvenientes, como él mismo lo dice, quizá al presidente le parezca un mal menor, al fin que la verdadera participación de los gobernantes en las elecciones se da cuando nadie los ve, cuando se mueve dinero público en lo oscurito a través de incondicionales, o se pone al servicio del candidato información privilegiada.

Ignora quizá el frecuente servilismo en la comunicación social que suele hacer pasar como donación personal el apoyo institucional, y como logros individuales los gubernamentales. Todo lo cual se adereza con operaciones extra oficiales para que el columnista favorito introduzca la interpretación política con su sesudo análisis semiótico de la banalidad.

Mal menor, concluirá quien tiene en perspectiva el bosque político en el que se juega en estos momentos la soberanía nacional en lo energético, una pandemia, la amenaza de una crisis económica derivada de un año de reducción de actividades productivas, los malabares geopolíticos en busca de vacunas, y un largo etcétera.

Pero la democracia no es cosa menor.

Sirva de ejemplo lo que ocurre en el caso Guerrero, donde se le reclama al presidente de la República la designación de Félix Salgado Macedonio como candidato a gobernador (hoy en suspenso) pese a las acusaciones en su contra por violación.

No hay nada legal, ni políticamente que haga pensar que el presidente fue partícipe de esa decisión, que incluso es contraria a lo esperable al dejar fuera a figuras mucho más cercanas a él que Félix Salgado, y sin embargo es a él, al presidente, a quien se le exige terminar el pacto patriarcal, situación que empeora con la torpeza comunicacional acostumbrada por el presidente en ese tema.

Todo esto en tanto que el verdadero impulsor de Félix Salgado Macedonio, así como quien lo designó en la candidatura, permanecen en cómodo silencio dejando que el costo político lo pague el presidente.

El entrampamiento del presidente en los asuntos electorales hasta ahora han sido de bajo costo en gran medida por el efecto teflón que suele atribuírsele con respecto a las críticas, y a la lealtad de sus simpatizantes que llegan a llamar pejezombismo.

Sin embargo es importante para todos, incluida la vida institucional de este país, que el presidente lidie solamente las batallas que le corresponden, que de por sí no son pocas, porque eso dará certidumbre en lo electoral, y mantiene al capitán concentrado en el rumbo del barco.

Ojalá se entienda que por el bien de todos, que de lo electoral mantenga su sana distancia. ■

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