Las elecciones intermedias en Estados Unidos, que pusieron un freno tremendo a Donald Trump y su neofascismo, parecieran un oxígeno no sólo para el país de las barras y las estrellas, sino para el mundo.
The Washington Post señaló que el revés al Trumpismo y sus verdaderos patrones, que han hecho de la guerra su verdadero cometido, representa una nueva etapa de resistencia democrática.
Y la frontera con México ha dejado de ser el territorio electoral que Donald Trump pretendía convertir en bastión de su proyecto conservador.
“El avance demócrata en el sur de Texas, los distritos fronterizos y las comunidades de mayoría latina, representa mucho más que una victoria partidista: constituye una respuesta ciudadana frente a una política que hizo de la migración, el miedo y la confrontación cultural sus principales instrumentos de poder”, señala The Washington Post.
Xavier Becerra se convirtió en gobernador de California, nacido en Sacramento; tiene raíces familiares en México, su madre es originaria de Jalisco y su padre creció en Tijuana. El demócrata derrotó al republicano Steve Hilton y se convirtió en el primer latino electo gobernador de California desde el siglo XIX.
Por su parte, Gina Hinojosa, quien nació en McAllen, creció en Brownsville y tiene ascendencia mexicana por parte de su madre, originaria de San Luis Potosí, será la gobernadora demócrata de Texas, tras derrotar al republicano Greg Abbott.
El resultado adquiere todavía mayor dimensión porque los demócratas consiguieron recuperar el control de las dos cámaras del Congreso estadounidense: la Cámara de Representantes y el Senado. Se trata de un contrapeso institucional que modifica profundamente el escenario político de Washington y limita la capacidad de Trump para imponer unilateralmente su agenda.
Detrás de las urnas aparecen preocupaciones concretas: el costo de la vida, la incertidumbre económica, la corrupción y el rechazo a una política migratoria que ha colocado a miles de familias bajo la amenaza permanente de la separación y la deportación, explica la agencia Reuters.
En este escenario, el ICE se convirtió en uno de los principales símbolos del desgaste político de la administración Trump. Las redadas, las detenciones, las denuncias de abusos y el uso intimidatorio de los mecanismos de control migratorio han alimentado una creciente resistencia social: “la policía del ICE es el símbolo del neofascismo norteamericano”, señaló recién el académico estadounidense Wiliam Robinson.
Para numerosos sectores democráticos, organizaciones defensoras de los derechos humanos, trabajadores y comunidades latinas, el problema ya no se limita a discutir quién debe cruzar una frontera, sino a determinar hasta dónde puede llegar un gobierno en nombre de la seguridad nacional sin vulnerar la dignidad humana, el debido proceso y las libertades civiles.
El discurso de la mano dura, que alguna vez representó una ventaja electoral para Trump, comienza a mostrar sus límites cuando sus consecuencias llegan a los hogares, los centros de trabajo y las comunidades que sostienen buena parte de la economía estadounidense.
También pesa sobre el panorama internacional la estrecha alianza política y estratégica de Trump con el gobierno de Benjamin Netanyahu y el genocidio que ha perpetuado, y que queda perfectamente explicado y desnudado a través del reciente documental NAZA, que cuenta con la voz de 23 integrantes del ejército israelí, de cómo, a través del adoctrinamiento, el uso de la inteligencia artificial y la deshumanización, consideran “divertido” exterminar a través del odio a más de 73 mil gazatíes “como si estuvieran en un videojuego”.
Así, de acuerdo a la opinión pública estadounidense, el golpe al corazón del trumpismo en las elecciones del 3 de noviembre representa una oportunidad histórica para la izquierda democrática estadounidense.
Aunque a título personal pienso que demócratas o republicanos, la clase política norteamericana es en esencia la misma que plantea llevar a sus últimas consecuencias la Doctrina Monroe de expansionismo por el mundo, sin límites, desde la hipocresía democrática para proteger al mundo que en realidad aniquilan.



