En dos semanas se definirá uno de los momentos claves de la política estadunidense. Por muchas razones pudiera ser el momento que defina el resto del mandato de uno, si no el que más controvertido, de los presidentes de la Unión Americana. Dos preguntas se responderán el próximo martes 3 de noviembre: ¿quiénes obtendrán la mayoría en una o ambas cámaras legislativas? y ¿cuál o cuáles serán las respuestas de Donald Trump en el caso de perder en alguna de ellas?
En el primer caso, si las encuestas aún reflejan la forma en que el electorado sufre la crítica situación por la que atraviesa el país, en especial en el aspecto económico, el Congreso pasará a manos del Partido Demócrata. En el Senado aún persiste la duda sobre quién quedará en mayoría, o si a final de cuentas queda conformado por 50 senadores de cada partido. En términos prácticos, daría la ventaja al Partido Republicano, tomando en consideración que la Constitución establece que, en caso de empate, el desempate corre a cargo del vicepresidente de la nación, quien por ahora también es republicano.
En el segundo caso, prevalece la cuestión sobre la forma en que Trump reaccionará ante un Congreso que seguramente se opondrá a muchas de sus iniciativas, por no decir sus caprichos, y vetará buena parte de ellas. En este mismo sentido, cabe preguntar si continuará con su política de desafiar al Congreso y si tratará de imponer su voluntad y gobernar al margen de la ley, como lo ha hecho en varias ocasiones. También cabe la posibilidad de que eche mano de su habilidad concertadora y busque mediante acuerdos que lo acrediten como experto en el arte de negociar, the art of the deal, para salvar su imagen y su gran ego, características que definen buena parte de su vida.
En aspectos más puntuales con respecto a su política doméstica, tal vez los aspectos más controversiales serán su intención de recortar el gasto social, principalmente en salud, educación y subsidios a la alimentación, particularmente en el caso de los sectores más necesitados. En lo que atañe a su política migratoria, está aún por verse si el zar de las deportaciones, Stephen Miller, cede en algo a la draconiana política de persecuciones, arrestos y deportaciones que lo caracteriza. A pesar del relativo éxito que ha tenido entre grandes capas de la población, sus excesos han creado un ambiente adverso a su protector en la Casa Blanca.
En el caso de la política exterior, empezando por la arancelaria, es evidente que el presidente se verá obligado a rectificarla en vista de los desastrosos efectos que ha deparado a la economía de Estados Unidos, y a la del mundo entero. En ese mismo capitulo, con seguridad los legisladores revisarán sus absurdas decisiones de abandonar a Ucrania y una vez más acercarse a Putin, por razones que él guarda celosamente.
Por último, aún está por verse la forma en que Trump reaccionará al casi seguro triunfo en las elecciones de la oposición. Durante años, sin base alguna ha persistido en su necedad de que en 2020 derrotó a Joe Biden. Su acto culminante fue la asonada en contra la sede del Congreso, perpetrada por los forajidos que lo apoyaron en un evento tan deleznable.
La pregunta que se hacen no pocos observadores de la vida política es si desconocerá los resultados de las elecciones en puerta, se obstinará en litigar la mayoría de ellos y refrendará los sucesos del 6 de enero de 2021. En los que vivieron los momentos cruciales de la disputa a entre Gore y Bush, en la elección del año 2000 es algo que no se ha olvidado, así como la forma descarada en que la Suprema Corte regaló la presidencia al candidato republicano.
Para los estadunidenses hay mucho en juego en la elección que se aproxima, pero también para el mundo entero, en particular para los países al sur del río Bravo.



