La política vive hoy una etapa de redefiniciones, pero la confusión que esto genera nos ha impedido mirar de cerca las experiencias que la están cambiando sin renunciar a ella como instrumento de transformación, aun cuando se cambie para conservar. Nuestra clase política, atrapada en ese estado de confusión, tampoco ha ejercitado la imaginación, la creatividad ni la innovación que esos tiempos exigen.
Hay, sin embargo, casos que demuestran que la disrupción es más que agredir o defender: es, sobre todo, hacer. Apostar por resultados que transformen más que por discursos que trastornen. Uno de esos casos, llamativo por encontrarse en el centro mismo del mundo occidental, es el del alcalde Zohran Mamdani de Nueva York, quien ha demostrado que se puede ser progresista, aun denominándose «demócrata socialista», sin ser extremista.
Aunque hace tiempo el joven demócrata neoyorquino es noticia, y en las redes sociales suele causar tendencia, es una entrevista recientemente dada a Lulu García-Navarro publicada en el Times la que creo puede darnos, en citas sencillas pero lapidarias, algo parecido a un decálogo de su forma de hacer política, y también un referente de una política exitosa en sus logros y en su narrativa:
A veces la política parece un pasatiempo que solo algunos pueden permitirse. Y no quiero que sea así. La política determina qué cosas pueden permitirse las personas, y necesitamos que eso se reconozca y contar con una plataforma concreta sobre cómo vamos a proporcionar esa asequibilidad.
Creo que la razón de ser del capital político es usarlo para lograr cambios tangibles. Y estos no son argumentos intelectuales.
No creo que “segura” y “humana” sean conceptos incompatibles. Creo que a menudo nos obligan a elegir entre opciones falsas.
Porque cuando hablamos de nuestra visión para esta ciudad, la agenda de asequibilidad es que aquellos que ayudan a construirla también puedan vivir en ella.
Hay personas con las que tengo desacuerdos vehementes en cualquier cantidad de temas. Pero si podemos encontrar un punto de acuerdo, en eso voy a enfocar esa relación. Si solo buscas personas con las que estés de acuerdo en todo, entonces da igual que te quedes en casa y te mires en un espejo.
Lo que creo que es sumamente importante, especialmente ahora, es la honestidad. Tienes que poder explicar qué es lo que estás haciendo y por qué lo estás haciendo. A menudo parece que la única respuesta es el poder. Esa no es una buena respuesta. No puede ser una buena respuesta. Tiene que ser: ¿por quién estás luchando? ¿Y por qué? ¿Y cómo?
Cabe rescatar también tres posturas torales que permean la conversación: la primera y más importante es su apuesta política por la clase trabajadora y su bienestar, entendido como las condiciones mínimas para vivir dignamente; ahí, su apuesta es clara: servicios públicos de calidad como el transporte público, el cuidado infantil universal y la seguridad. La segunda, su relación con quienes piensan diferente a él, en un ejemplo poderoso: su comisionada de policía, que ya estaba en el cargo y que es, en términos de la entrevistadora, “una multimillonaria proisraelí, tecnócrata y filosóficamente muy diferente” a él, a lo que el alcalde responde tajantemente en defensa de su éxito: “cualquiera que trabaje para mí en este momento es alguien con quien quiero seguir trabajando mañana, y el día siguiente”. Y, finalmente, la distancia entre el discurso político y las necesidades reales y urgentes de la gente.
Aún es pronto para saber si los impactos que promete Mamdani harán de su gestión un éxito o solo un noble esfuerzo; sin embargo, lo que sí es desde ahora es un referente de política que puede ser democrática dada su defensa de la tolerancia y liberal por su apuesta a las instituciones como herramientas para garantizar la vida digna de las personas. Eso, en estos tiempos, en sí mismo ya es un logro digno de considerarse.
@CarlosETorres_



