Ante el crecimiento de 2.1 por ciento anual en el segundo semestre de 2026, el gobierno ha señalado que se ha retomado la senda del crecimiento. Este crecimiento descansa sobre todo en el sector primario, con un 7.3 por ciento anual, donde cabe destacar buena temporada de lluvia. El sector terciario (comercio y servicios) lo hizo en 2.5 por ciento. El Mundial de futbol y sus preparativos incidieron en el crecimiento alcanzado, lo que refleja la transitoriedad de dicho dinamismo. El sector secundario, donde destaca la manufactura, que por décadas fue el motor del crecimiento, solo tuvo un crecimiento anual en el segundo trimestre de 1.6 por ciento, y en el segundo trimestre respecto al primero su alza fue de 0.8 por ciento, después de haber caído en 1.1 por ciento en el primer trimestre del año.
Ello evidencia que la economía no tiene condiciones de retomar el crecimiento en una forma sostenida. La alta tasa de interés, el dólar barato, como los recortes presupuestales del gobierno para trabajar con superávit primario (donde gasta menos de lo que recauda, excluyendo el pago de la deuda), han reducido la inversión y el desarrollo de las fuerzas productivas y el desarrollo tecnológico, que es lo que sustenta la dinámica de una economía.
EUA utiliza la guerra y la intervención en países para apropiarse de sus recursos para mantener la hegemonía del dólar y de su economía, por lo que México no tiene poder de negociación alguno frente a EUA en la revisión del T-MEC, por lo que, al aceptar las imposiciones del gobierno estadounidense de que le compre más y le venda menos, y de apropiarse de los minerales raros, nos llevará a menor crecimiento económico, mayor desempleo y mayor dependencia de entrada de capitales para encarar el mayor déficit de comercio exterior que ello ocasionará.
México no tiene política industrial y agrícola para aumentar el valor agregado nacional de lo que exporta, como para avanzar en el autoabasto y en el encadenamiento nacional de la producción para reducir importaciones y retomar el crecimiento económico.
Con las altas tasas de interés, los recortes presupuestales, el dólar barato y el no establecimiento generalizado de aranceles a todas las importaciones, no hay viabilidad de que crezca la inversión para desarrollar la industria y la agricultura para reducir importaciones y retomar la dinámica económica.
La alta tasa de interés encarece el crédito, la inversión y reduce el valor presente de los ingresos futuros, por lo que las empresas no invierten, tal como ha venido aconteciendo, y de ahí la tendencia decreciente de la economía, y ello no puede revertirse si no crece la inversión, el consumo, el gasto público y si no se avanza en la sustitución de importaciones para evitar la filtración de demanda hacia importaciones.
El dólar barato (17.35 pesos por dólar) actúa en detrimento de la producción nacional y del crecimiento de la inversión en dicho sector y de ahí la desindustrialización y la pérdida de autosuficiencia en granos básicos, todo lo cual reduce el ingreso nacional e incrementa los problemas de sobreendeudamiento de empresas y familias que restringen su capacidad de gasto, por lo que no se presentan perspectivas para retomar la dinámica económica como afirma el gobierno.
Hacienda sigue con sus recortes del gasto e inversión para trabajar con superávit primario (el que excluye el pago de la deuda) para evitar caer en mayor deuda y ser bien evaluado por las calificadoras internacionales. No hay interés por parte de las autoridades monetarias y hacendarias de retomar la senda del crecimiento.
La caída de la recaudación tributaria por el Impuesto sobre la Renta (ISR) de 6.2 por ciento anual que se presentó en el primer semestre de 2026 refleja el bajo crecimiento del ingreso de empresas e individuos, que además ha reducido el consumo e inversión y su capacidad de pago de su deuda. Ello restringe la disponibilidad crediticia, por lo que la economía no muestra perspectivas de retomar el crecimiento sostenido.
Los productores agrícolas enfrentan problemas de incremento del precio de los fertilizantes, del diésel que incrementa el costo del transporte y, además, las importaciones de granos básicos baratos desplazan a la producción nacional, lo que les reduce sus ingresos, su capacidad de pago de la deuda, como la inversión, por lo que seguirá el contexto de estancamiento y de desempleo.
La guerra de Medio Oriente se prolonga, por lo que seguirán las alzas del precio de las gasolinas, del gas, de fertilizantes con su impacto en el precio de los alimentos y de todos los productos. El gobierno no podrá seguir con los subsidios a las gasolinas, dado el impacto sobre las finanzas públicas, que se traducen en recortes al gasto e inversión del gobierno para financiar dichos subsidios, por lo que continuará la desaceleración de la economía y las presiones sobre precios, que llevarán al alza de la tasa de interés, lo que frenará más la actividad económica e incrementará los problemas de insolvencia.
La economía no tiene bases reales, ni política económica que avalen la afirmación del gobierno de que se ha retomado la senda de crecimiento. Para lograr tal objetivo, se debe cambiar la política económica causante de nuestros problemas, de la caída potencial de la economía y que no genera condiciones de crecimiento sostenido, y ello no pasa por la mente de los tomadores de decisiones.



