Uno de los mayores reclamos de la sociedad mexicana hacia la política ha sido, durante décadas, la existencia de privilegios que permitieron convertir los cargos públicos en patrimonio familiar. El nepotismo lesionó la confianza ciudadana, debilitó las instituciones y transmitió la idea de que el acceso al poder dependía más del parentesco que del mérito, del trabajo o del respaldo popular.
Por ello resulta trascendente que la transformación impulsada por Morena haya decidido enfrentar este fenómeno no sólo desde la ley, sino también desde sus propios principios. Aunque la reforma constitucional en materia de nepotismo electoral establece su aplicación a partir de 2030, Morena resolvió, por congruencia ética y política, incorporar desde ahora la prohibición del nepotismo en sus estatutos y en las reglas que regirán la selección de todas y todos sus candidatos para los procesos electorales de 2027. Con ello, el movimiento decidió colocarse un estándar más alto que el estrictamente exigido por la Constitución.
La decisión no es menor. Significa reconocer que la transformación de México no puede limitarse a modificar leyes; también debe transformar la cultura política. Si Morena nació para combatir los privilegios, sería una contradicción permitir que los cargos públicos se heredaran entre familiares o que las estructuras de gobierno se utilizaran para favorecer proyectos personales.
La presidenta Claudia Sheinbaum fue clara desde la presentación de la iniciativa constitucional: el nepotismo constituye una práctica que debe desaparecer de la vida pública porque contradice los principios de igualdad, mérito y servicio al pueblo. Aunque el Congreso determinó que la reforma constitucional entrara en vigor en 2030, la propia presidenta ha insistido en que Morena tiene la obligación ética de aplicar estos criterios desde ahora en sus procesos internos.
En el mismo sentido se ha pronunciado Citlalli Hernández, quien ha sostenido que Morena no debe permitir que familiares de quienes actualmente gobiernan participen en condiciones que contravengan los principios aprobados por el partido. Incluso, al referirse específicamente al caso de Zacatecas, señaló que la Comisión Nacional de Elecciones revisará cuidadosamente cualquier situación que pudiera configurar nepotismo antes de validar una candidatura.
Estas definiciones nacionales deben traducirse en hechos concretos en Zacatecas.
Nuestro estado merece un proceso interno ejemplar, transparente y plenamente apegado a los principios que Morena ha decidido asumir. No sería congruente exigir el fin de los privilegios en todo el país mientras aquí se intentará abrir paso a proyectos sustentados en vínculos familiares con quienes hoy ocupan posiciones centrales en la vida política y administrativa del estado.
La Coordinación de Defensa de la Transformación y de la Soberanía no puede convertirse en un mecanismo para preservar grupos de poder. Debe ser una responsabilidad conferida a quien logre convencer a la militancia y al pueblo mediante el trabajo territorial, la cercanía con la gente, la honestidad y una trayectoria de lucha social.
Morena nació precisamente para romper con las viejas prácticas del régimen. Durante muchos años, los mexicanos observaron cómo los apellidos parecían valer más que las capacidades. Esa forma de hacer política fue una de las razones por las que millones de ciudadanos decidieron construir un nuevo movimiento nacional. No podemos permitir que esas prácticas regresen bajo ninguna circunstancia.
Como aspirante a la Coordinación de Defensa de la Soberanía en Zacatecas, hago un llamado respetuoso a que todas y todos los participantes, así como las dirigencias nacionales y estatales, honremos la palabra empeñada ante el pueblo de México. Que el proceso interno se resuelva con estricto apego a los estatutos, a los principios aprobados por Morena y al compromiso ético que representa la lucha contra el nepotismo.
La verdadera fortaleza de un movimiento no radica únicamente en ganar elecciones. Radica en conservar su autoridad moral. La confianza ciudadana se construye cuando existe congruencia entre lo que se dice y lo que se hace.
Zacatecas tiene hoy la oportunidad de enviar un mensaje claro al país: que la transformación no admite excepciones, que nadie puede estar por encima de los principios y que el futuro de Morena debe edificarse sobre el mérito, el trabajo y el respaldo del pueblo, nunca sobre los privilegios familiares.
Porque la defensa de la soberanía también comienza por defender la limpieza de nuestra vida democrática.



