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Inteligencia Artificial para la humanidad

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Por: PABLO GÓMEZ •

La novísima inteligencia artificial (IA) es el uso, manejo y administración del conocimiento humano procedente de todas las generaciones y de todas partes del planeta. Su monopolización tendría que ser de suyo inaceptable, pues ésta, además de su inherente injusticia, traería como consecuencia una nueva forma de imperialismo capitalista, potencialmente más destructivo y peligroso que el sufrido desde finales del siglo XIX.

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El problema no se plantea, sin embargo, en los escuetos términos humanos, sino dentro de las relaciones sociales de producción del mundo actual. El capitalismo no sucumbirá antes de que la IA tome por completo el timón del progreso material, por lo que las consecuencias de ésta pronto se harán presentes entre todos y en todas partes, mediante un renovado sistema de concentración y centralización de la producción y el capital: una oligarquía aún más poderosa y determinante.

Se requiere, por tanto, un sistema transicional de control de la administración del conocimiento acumulado de la humanidad.

Pronto iniciará en el Capitolio una ley que
otorgaría al pueblo la propiedad de 50%
de las acciones de las empresas de IA
mediante un impuesto de una sola vez,
pero no sobre las ganancias empresariales,
sino de las acciones de cada empresa,
tanto en el monto actual como en las
sucesivas ampliaciones de capital.

Bernie Sanders, socialista estadunidense, legislador por Vermont durante 35 años y precandidato a presidente de Estados Unidos (2015), propone la creación de un fondo soberano de riqueza en ese país. Pronto iniciará en el Capitolio una ley que otorgaría al pueblo la propiedad de 50 por ciento de las acciones de las empresas de IA mediante un impuesto de una sola vez, pero no sobre las ganancias empresariales, sino de las acciones de cada empresa, tanto en el monto actual como en las sucesivas ampliaciones de capital.

No se trata de un nuevo intento de capitalismo popular, propuesto hace casi 100 años, sino un cambio de carácter estructural: los representantes populares de 50 por ciento del capital tendrían como uno de sus deberes en los consejos de administración evitar el uso de los avances en la IA para objetivos contrarios a los intereses colectivos, ya sea el sometimiento de gobiernos, la imposición de superganancias u objetivos bélicos, entre otros daños que se puedan causar por la utilización de un bien humano: todo el conocimiento.

Asimismo, las utilidades de ese 50 por ciento del capital serían destinados a propósitos establecidos mediante ley, mas no sólo para programas sociales –habría que ampliar la propuesta de Sanders–, sino también para reinversiones industriales que aumenten la riqueza social y el empleo. Al respecto, no sólo se trataría de sostener la tasa de acumulación, sino también de eludir el agio que se lleva las ganancias en forma de intereses.

Este fondo soberano de riqueza no es algo tan diferente a lo que se ha intentado con otros bienes colectivos, tales como el petróleo o patentes de dominio público, pero no sería un remedo de capitalismo de Estado ni de socialismo de Estado. Estaríamos hablando de una reforma transicional dentro del capitalismo abarcante en el que vivimos.

Una cuestión singular sería el trato a las empresas públicas, las cuales podrían operar también mediante partes sociales (acciones) del Estado y del pueblo, por mitades.

La cuestión más difícil sería el establecimiento de los comités para la administración de ese 50 por ciento de propiedad popular. Sin duda, tendrían que designarse mediante la participación del pueblo, pero de tal forma que se evitara la conversión de los mismos en una oligarquía incontrolable, como suele ocurrir con los actuales poderes públicos.

Como se trata de empresas de operación internacional, sería necesario hacer un reparto de beneficios. Por ello, esa reforma social para el futuro que ya llegó tendría que propagarse por medio de un pacto mundial.

El poder centralizado, la concentración de la riqueza, la expoliación de pueblos enteros, el uso del conocimiento para satisfacer intereses oligárquicos y la capacidad destructiva del sistema de apropiación y dominio son elementos que han estado presentes en el planeta, pero hoy tenemos en puerta algo más que todo eso: una omnipotencia que tenderá a no respetar límite alguno. Es tiempo de iniciar la corriente mundial que se proponga dar una salida social concreta al nuevo gran cambio tecnocientífico de la Tierra. Bernie Sanders la convoca.

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