La Gualdra 707 / Entrevistas / Gestión Cultural / 8M
Sofía Arellano Chávez (Zacatecas, 1996) es Licenciada en Artes con orientación en Educación Artística por la Universidad Autónoma de Zacatecas. Actualmente cursa Gestión Cultural en la Universidad de Guadalajara. Desde hace diez años trabaja en el área de Comunicación Social de la UAZ, donde impulsa la difusión del arte y la cultura dentro y fuera de la universidad. En 2021 fundó el Festival Huellas Artísticas un proyecto independiente y autogestivo que busca impulsar, visibilizar y fortalecer la profesionalización de artistas emergentes.
Andrea Hurtado Dávila (Zacatecas, 2000) es Licenciada en Administración y Dirección Empresarial y es integrante del Colectivo 404, que impulsa proyectos de muralismo comunitario; actualmente también coordina proyectos en el centro cultural La Policlínica. Es directora de proyectos en Finestra Gestoría de Proyectos y desde su plataforma AHD Gestoría Cultural y Creativa, apuesta también por la profesionalización de artistas emergentes. Estudia actualmente la Maestría en Humanidades, Línea Formación Docente (MHLFD), eje Gestión del Patrimonio Cultural.
Jánea Estrada Lazarín: ¿Por qué y cómo fue que decidieron dedicarse a la gestión cultural?
Andrea Hurtado Dávila: Crecí rodeada de talleres y actividades culturales y en la preparatoria participé en misiones comunitarias donde me marcó el encuentro con muchas personas. Estudié Administración y eso me permitió conocer herramientas para organizar, planear y gestionar, pero no fue suficiente. La decisión de dedicarme a la gestión cultural surgió de reconocer que lo que sucede a mi alrededor me mueve, me emociona y me duele; vi que podía canalizar esa pulsión de manera profesional, por eso decidí profesionalizarme y emprender el camino de crear espacios donde las personas puedan expresarse y explorar su creatividad.
Sofía Arellano Chávez: No fue algo planeado ni ha sido una línea recta. Mi camino ha tenido giros inesperados que me llevaron a convertirme en quien soy hoy, el arte y la gestión siempre estuvieron ahí. Mi abuelito era artesano, crecí viendo cómo sus manos tejían historias en cada sarape y cómo su trabajo conectaba a las personas, además de crear, también gestionaba. Este fue mi primer acercamiento, es un referente que me llena de orgullo y me inspira. Más adelante vi la creatividad de quienes me rodeaban y me di cuenta de que lo que más hace falta no es talento, sino espacios y acompañamiento, la gestión cultural me pareció la manera más hermosa de combinar esa pasión con la acción: aprender constantemente, acompañar procesos, innovar y abrir oportunidades junto a artistas y comunidades para que sus proyectos tengan visibilidad y significado.

JEL: En el discurso público se habla cada vez más de igualdad de género en la cultura, ¿creen ustedes que estamos ante un cambio real o es una especie de forma de simulación?
AHD: Hoy existe un discurso más presente sobre igualdad de género en la cultura y eso ha abierto oportunidades que antes no existían, cada vez hay más mujeres participando en espacios de creación, gestión y dirección, lo cual es significativo; sin embargo, un cambio profundo implica visibilidad, transformación en las estructuras, los sistemas de decisión y en las prácticas cotidianas dentro del sector cultural; en ese sentido, todavía estamos en un proceso de transición. El riesgo del simulacro aparece cuando la igualdad se queda sólo en el discurso o en los indicadores visibles, sin que las prácticas cotidianas realmente cambien. El desafío es traducir la igualdad en acciones concretas.
SACH: Sí, hoy en día se habla cada vez más de igualdad de género en el ámbito de la cultura, y eso es positivo porque visibiliza problemas históricos. Sin embargo, aunque el discurso es más frecuente, muchas veces los cambios siguen siendo superficiales y no se traducen en transformaciones profundas. Yo creo que estamos en un momento de transición que sí es real porque hay señales de cambio y reconfiguración, pero no podemos ignorar que aún queda mucho camino y que persisten brechas estructurales significativas. Las mujeres siempre hemos estado presentes en los espacios de arte y cultura, por eso debemos resistir y seguir creando, gestionando, promoviendo, proponiendo… Es fundamental que esta conversación no se quede sólo en discursos sino que se traduzca en acciones concretas que generen equidad.

JEL: La gestión cultural suele presentarse como un campo progresista, pero también ahí suelen reproducirse jerarquías, precariedad y exclusiones, ¿han sentido que este sector en ocasiones contradice los valores que dice defender?
AHD: Lo siento la mayoría del tiempo, se ve como un espacio abierto, crítico y capaz de transformación, pero la realidad muchas veces es otra. Las oportunidades se concentran en pocos lugares, las estructuras son jerárquicas y cerradas, el trabajo es inestable o incierto, sobre todo cuando se hace de manera independiente o siendo jóvenes; para quienes no contamos con recursos propios, sostener este camino puede ser casi imposible. Basta de pensar que la pasión es suficiente para sostener proyectos; la vocación no paga cuentas, no protege a quienes lo hacemos posible, ni reemplaza condiciones justas de trabajo. Ser gestores o agentes culturales merece dignificación, respeto, condiciones justas para poder sostenernos profesionalmente y crear sin tener que sobrevivir a costa de nuestra vida personal. Esta contradicción entre lo que se dice y lo que se vive genera incertidumbre, pero también nos obliga a cuestionarnos desde nuestra práctica qué dinámicas estamos replicando y cuáles podemos transformar.
SACH: No en todos los casos, creo que depende mucho de cómo se gestione y de quién esté al frente; pero todavía existen desafíos, desigualdades y exclusiones. Un ejemplo son las personas con discapacidad; a pesar de que existen derechos reconocidos y leyes de inclusión, no tienen las mismas oportunidades de acceso a la cultura y enfrentan barreras que limitan su participación como la falta de infraestructura adecuada; otro es la escasez de oportunidades para artistas emergentes o propuestas nuevas, pues a menudo se priorizan las que ya están consolidadas. Me parece que reconocer estas contradicciones es fundamental para construir un sector coherente con los valores que dice defender y para que la gestión cultural sea realmente inclusiva y justa para todas las personas.
JEL: Actualmente ustedes están produciendo y gestionando nuevos proyectos culturales con recursos limitados. ¿Hasta qué punto consideran que esta energía transformadora podría estar siendo aprovechada por otros?
AHD: Estas iniciativas nacen de la necesidad de crear los espacios que no encontramos; son proyectos que surgen desde la autogestión, la convicción y desde la urgencia por responder a lo que no siempre es atendido por las instituciones. Puede suceder que parte de esa energía termine siendo aprovechada por otros sin que necesariamente existan condiciones justas para quienes los impulsan; pero también creo que estos proyectos están abriendo nuevas formas de crear, de relacionarse con los públicos y de responder a lo que realmente está pasando en las comunidades, formas que las estructuras rígidas no están logrando. La fuerza transformadora de estas iniciativas se queda en el territorio y no en manos de quien busca aprovecharse. El reto está en encontrar maneras más justas de colaborar, donde exista un beneficio mutuo y donde nuestro trabajo, sobre todo el independiente, pueda ser reconocido y sostenido con mayor dignidad.
SACH: Hacer esto requiere mucha paciencia, constancia y compromiso; cada iniciativa implica tocar muchas puertas y, en ocasiones, sacrificar aspectos personales y hasta invertir tus propios recursos… pero la comunidad se vuelve una especie de fuerza que sostiene estos esfuerzos incluso cuando aparece la desesperanza. Considero que en algunas ocasiones esta energía puede ser aprovechada por otros actores replicando ideas o adaptando modelos sin dar reconocimiento a quienes los desarrollaron. Es importante que se reconozca el trabajo de quienes las impulsan y que se generen más oportunidades para apoyar y fortalecer en estos procesos.
JEL: Si pudieran generar o reformar radicalmente una política cultural para hacer el sector más justo para las mujeres, ¿qué cambiarían primero: las estructuras de poder, los criterios de financiamiento o las narrativas que se legitiman desde las instituciones?
AHD: Me parece difícil elegir sólo una. Al cambiar quién decide y cómo se decide, las narrativas y el dinero se alinean por consecuencia, sin embargo, no sirve de nada “legitimar” nuestras historias si el sistema que las cuenta sigue siendo el mismo. Si las mujeres no estamos en los espacios donde se toman las decisiones culturales difícilmente cambiarán las reglas del juego, por eso hay que participar activamente. Muchas mujeres crean, gestionan y sostienen procesos culturales desde contextos muy distintos a los que tradicionalmente se han legitimado, y las políticas culturales tendrían que ser capaces de reconocer y acompañar esa diversidad de experiencias.
SACH: Cambiaría primero las estructuras de poder. Muchas de las decisiones que determinan qué proyectos se apoyan, qué artistas se programan o qué narrativas se legitiman se definen justamente en esos espacios. Cuando más mujeres participan en ellos empiezan a replantearse los criterios; sin embargo, no basta con que haya mujeres ocupando cargos si al final se sigue operando dentro de pactos históricamente patriarcales, porque los márgenes de transformación siguen siendo limitados.
JEL: La gestión cultural también construye relatos sobre lo que verdaderamente importa, ¿qué historias de mujeres, sobre todo fuera de los grandes espacios culturales, sienten que siguen siendo ignoradas o invisibilizadas?
AHD: Faltan muchas historias de mujeres por visibilizar, especialmente aquellas que sostienen la vida cultural desde lo cotidiano. Pienso en madres, amas de casa, adultas mayores o vecinas que en colonias y municipios organizan actividades, cuidan espacios de encuentro o mantienen vivas tradiciones; muchas veces ellas mismas no nombran lo que hacen como práctica cultural o artística, pero en realidad están generando comunidad. Sus historias pocas veces se documentan o se reconocen, en parte porque la mirada cultural sigue muy centralizada. Muchas de las transformaciones más profundas no ocurren en los centros culturales ni en las instituciones, sino en lo comunitario, en su resistencia cotidiana y con frecuencia, en el trabajo silencioso de las mujeres. Ampliar la mirada nos permite reconocer que estos espacios de creación y cuidado son esenciales para sostener la práctica cultural y la memoria colectiva.
SACH: Especialmente las de quienes trabajan desde lo comunitario y lo independiente; mujeres que organizan talleres en colonias, con infancias o con grupos vulnerables, quienes mantienen vivas las tradiciones, que coordinan grupos comunitarios o que generan pequeños espacios culturales en sus barrios, o las de mujeres que son mediadoras culturales sin que se les nombre como tal. Es inevitable pensar en las madres, hermanas y abuelas de muchas gestoras culturales, o en artesanas que trabajan en contextos rurales, ellas sostienen procesos a largo plazo y mantienen vivas muchas prácticas artísticas en sus entornos.
JEL: Si tuvieran que señalar una contradicción incómoda del sector cultural respecto al feminismo, algo de lo que casi no se habla públicamente, ¿cuál sería?
AHD: Muchas veces el avance se queda en el discurso; hoy vemos más exposiciones, programas o conversaciones sobre mujeres, e incluso en Zacatecas actualmente las direcciones de cultura tanto a nivel estatal como municipal están encabezadas por mujeres, eso genera una sensación de mayor confianza y apertura para ciertos temas; pero eso no significa que el problema esté resuelto, detrás de muchos de los logros que las mujeres hemos conquistado persiste una cotidianidad marcada por la misoginia, por situaciones de acoso que muchas veces se minimizan o se silencian, y por una resistencia frente a estructuras profundamente patriarcales. La lucha no se reduce a abrir un lugar en la agenda cultural, sino a poder crear y trabajar en entornos donde no tengamos que enfrentar comentarios despectivos, insinuaciones incómodas o dinámicas de poder abusivas que todavía se normalizan dentro del propio gremio, porque la contradicción está en que mientras celebramos avances, en lo cotidiano muchas de esas prácticas siguen presentes.
SACH: Una de las contradicciones más incómodas es que muchas veces el feminismo aparece en el discurso, en las mesas de reflexión, pero no siempre se traduce en cambios reales en sus condiciones de trabajo; se organizan actividades sobre perspectiva de género, pero siguen enfrentando precariedad laboral, falta de apoyos y de reconocimiento o poca presencia en los espacios de toma de decisiones.
JEL: Como parte de esta nueva generación de artistas y gestoras culturales, ¿qué cambios creen que son necesarios en las instituciones culturales, los festivales o los espacios independientes para que más mujeres puedan crear, dirigir y decidir en este campo?
AHD: El más urgente es la creación de espacios realmente seguros. No hablo sólo de protocolos, sino de lugares donde ser mujer no signifique estar en un estado constante de alerta. Implica dejar de vernos como un indicador o una cuota dentro de las programaciones y empezar a reconocernos como un poder transformador dentro del campo cultural. Que cualquier mujer pueda sentir que tiene las condiciones y la libertad de ejercer sus derechos culturales; las instituciones deben dejar de vernos como proyectos aislados y empezar a integrar estas lógicas de cuidado y gestión en su estructura. Nuestra labor independiente no sólo llena vacíos, sino que propone un modelo de gobernanza mucho más humano y seguro.
SACH: Uno de los cambios más importantes tiene que ver con generar condiciones más equitativas dentro del sector; me parece fundamental impulsar procesos de formación, acompañamiento y redes de colaboración que permitan a más mujeres desarrollar proyectos culturales y asumir roles de liderazgo o simplemente hacer notar su voz; faltan apoyos, plataformas o redes de colaboración que las impulsen. Por eso es importante compartir el conocimiento, fortalecer el gremio y construir espacios más horizontales, inclusivos, colaborativos y sensibles a las distintas realidades que existen. Otro punto clave es reconocer la diversidad de formas en las que las mujeres participan en la cultura. No todas trabajan desde los mismos contextos ni con las mismas posibilidades, por lo que es necesario que las políticas culturales y financiamientos sean más abiertas a proyectos comunitarios o autogestivos.
JEL: Hablemos ahora de los proyectos que están realizando actualmente y de sus planes en un futuro inmediato.
AHD: Tengo la fortuna de dedicarme a proyectos que me apasionan. Con el Colectivo 404 impulsamos el muralismo comunitario como herramienta de gestión del patrimonio, usando el arte para generar diálogo y recuperar el espacio público. Esta visión territorial se vive también en La Policlínica, un centro cultural comunitario que construimos junto a un equipo y donde la diversidad y el cuidado mutuo permiten que cualquier persona ejerza sus derechos culturales. Mi faceta en el asesoramiento metodológico se materializa en Finestra Gestoría de Proyectos, donde soy la directora de proyectos; esto lo complemento con mi propia plataforma, AHD Gestoría Cultural y Creativa, que es mi apuesta por la profesionalización de artistas emergentes y nuevas propuestas. Sigo profesionalizándome para sistematizar metodologías; mi plan a futuro es seguir operando proyectos culturales y convertirlos en modelos replicables que abran un camino más sencillo y profesional para las próximas generaciones.
SACH: Uno de mis principales intereses es darle visibilidad e impulso al arte emergente en Zacatecas y acompañar nuevas propuestas; crear entornos seguros que acompañen a los creadores desde la comunidad, donde puedan acceder a herramientas para seguir profesionalizándose y en los que se fomente el diálogo, la empatía, la inclusión y el aprendizaje compartido; donde se dignifique y valore su trabajo y el arte sea un motivo de encuentro, de reflexión y de conexión.
Actualmente dirijo el Festival Huellas Artísticas, un proyecto independiente y autogestivo que busca abrir espacios para artistas emergentes y en desarrollo en Zacatecas. Paralelamente trabajo en la Coordinación de Comunicación Social de la Universidad Autónoma de Zacatecas, impulsando iniciativas de difusión y generación de contenidos que buscan acercar el arte y la cultura a más personas y visibilizar lo que ocurre en la escena artística y cultural universitaria y local. Al mismo tiempo continúo formándome en Gestión Cultural en la Universidad de Guadalajara. Quiero seguir dejando huella, aprender de cada proyecto y de cada encuentro con artistas y comunidades. Me interesa innovar, proponer y explorar nuevas ideas dentro de la gestión cultural, y crear espacios donde más artistas emergentes puedan confiar en sí mismos y encontrar oportunidades para crecer. Mi mayor motivación es tejer redes de colaboración, confío que el trabajo colectivo puede abrir nuevas oportunidades y enriquecer la escena cultural del Estado.
JEL: Les agradezco mucho esta conversación y les pido un comentario para cerrar.
AHD: La gestión cultural me ha regalado encuentros y aprendizajes que no cambiaría por nada. Cada mujer que he conocido en este camino, con su creatividad y su fuerza, me inspira a seguir construyendo. Y mi mamá… ella es mi raíz y mi guía. Su lucha, su ejemplo y su confianza en mí me han dado la fuerza y libertad de elegir, de crear y de vivir la cultura a mi manera. Gracias a ella siento que puedo atreverme, equivocarme y seguir creciendo con pasión y autenticidad.
SACH: Hay que reconocer que ningún proceso cultural se sostiene en soledad. Detrás de cada proyecto hay redes de mujeres que acompañan, cuidan, guían, aconsejan y sostienen. Agradezco profundamente a las mujeres de mi clan: a mi madre, cuyo amor, contención y sabiduría han sido fundamentales para que los proyectos que emprendo puedan salir a flote; a mi hermana, a mis amigas y a las mujeres que, con generosidad, comparten sus consejos, sus conocimientos, experiencia y su mirada. Con todas ellas sigo aprendiendo que la gestión cultural, como muchas otras luchas, se sostiene en comunidad.
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