En momentos en que el escenario internacional vuelve a tensarse por la ofensiva militar impulsada por la llamada fuerza “Epstein” que encabeza Donald Trump, en coordinación con Benjamin Netanyahu contra Irán, México y la presidenta Claudia Sheinbaum hacen bien en sostener con firmeza los principios constitucionales de política exterior: autodeterminación de los pueblos, no intervención, solución pacífica de controversias y proscripción del uso de la fuerza.
No se trata de una postura tibia, sino de una convicción histórica inscrita en el artículo 89 de nuestra Constitución. En un mundo marcado por bloques y presiones geopolíticas, México no puede ni debe alinearse a aventuras bélicas que sólo profundizan el sufrimiento humano y la inestabilidad global. La diplomacia, no los bombardeos, es el camino.
El conflicto, aunque lejano en geografía y con muchas aristas por analizar, no es ajeno a Zacatecas ni al resto del país. Una ilegal escalada militar que promueve nuestro vecino podría impactar de inmediato en el precio internacional del petróleo y los combustibles. El encarecimiento de energéticos presiona la inflación, eleva los costos del transporte, los alimentos y los insumos básicos. Millones de familias mexicanas podrían resentir en su bolsillo decisiones tomadas por el desequilibrado que ahora desecha en la oficina oval bajo la presión de Israel.
Además, frente a la guerra que libra nuestro vecino del norte —principal destino de nuestras exportaciones—, cada exabrupto de Trump tiene consecuencias económicas y sociales directas en México. Estados con fuerte vocación migrante y productiva como Zacatecas, profundamente vinculados a la dinámica binacional, deben mantenerse atentos. Las autoridades estatales tienen la responsabilidad de coordinarse con el gobierno federal para fortalecer la red consular y brindar acompañamiento a nuestros paisanos ante cualquier escenario de incertidumbre o eventual retorno que ya se veían presionados por las acciones de la agencia ICE.
México debe insistir, con voz firme, en el cese de hostilidades, el desarme y la construcción de una paz duradera en Medio Oriente. Apostar por la paz no es ingenuidad: es responsabilidad histórica y compromiso con la vida.



