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Bad Bunny: qué rico es ser latino

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Por: LUCÍA MEDINA SUÁREZ DEL REAL •

Como a los desmemoriados padres pachucos que retrataba Maldita Vecindad, la música de Bad Bunny causa escozor en generaciones previas. Sin embargo, su actuación en el medio tiempo del Super Bowl exige una valoración que trasciende el gusto musical. 

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Incomodó desde que se le anunció como cantante estelar. Se cuestionó su origen ignorando que los puertorriqueños son ciudadanos estadounidenses. Aunque es irrelevante pues antes ya se han presentado extranjeros. Tampoco es el primer latino, previamente participaron Gloria Estefan, Shakira y Jenifer López. 

No obstante, sí es el primero en cantar en español, y lo hace cuando hablar ese idioma es pretexto suficiente para ser detenido por ICE. Ante las críticas en ese tema propias de cuando lo anunciaron, Bad Bunny dijo que si temían no entenderle tenían tiempo para aprender español. 

Benito es mucho menos frontal que otros artistas como su amigo René, de Calle 13. Su género es hipersexual, y su condición de estrella, el más escuchado en el planeta (según Spotify y Youtube), lo hace parecer lejos de un cantante con conciencia social. 

Pero en él es una constante. En 2019 detuvo su gira en Europa para participar en las protestas de Puerto Rico contra su gobernador. En 2022 co-realizó un documental contra la gentrificación y la privatización de playas en su tierra natal. En 2024 financió vallas publicitarias contra el partido político dominante y en 2026 protestó en los Grammy contra ICE. 

Excluyó a Estados Unidos de su gira mundial por temor a servir de carnada a redadas antiinmigratorias, pero dejó como alternativa ir a verlo a Puerto Rico, donde inauguró su tour con 30 conciertos, los primeros nueve exclusivamente para residentes. Los otros 21 generaron medio millón de turistas que refrescaron la economía de la isla en temporada baja y les dejó 300 millones de dólares de derrama económica. 

Para quienes le siguen, era esperable la carga simbólica de su show. En su nueva gira utiliza las pantallas para narrar la historia de Puerto Rico con la asesoría del académico Jorell Meléndez-Badillo, y también ha hecho famoso al sapo concho, especie endémica amenazada por otras invasoras que fueron introducidas en Puerto Rico por la agroindustria. 

No decepcionó, el show de medio tiempo inició estilo telenovela, con su nombre completo y en español: “Benito Antonio Martínez Ocasio presenta el espectáculo de medio tiempo del super tazón” en un cañaveral. 

Después Bad Bunny caminó entre puestos de coco, ancianos jugando dominó (clásica escena caribeña), boxeadores, y los tacos Villa, negocio real del hijo de migrantes michoacanos. 

Apareció después sobre “la casita” icónica escenografía de su gira; en ella bailaban famosos de origen latino, entre ellos el actor Pedro Pascal, hijo de exiliados chilenos a quien se ha visto en protestas contra ICE. 

No faltó su canción “yo perreo sola”, al grito de “las mujeres del mundo entero, perreando sin miedo”. Y luego un homenaje al reggaetón viejo, al de la gasolina, que presentó diciendo “estás escuchando música de Puerto Rico, de los barrios y los caseríos”.

Dio espacio a un mensaje motivador en español, dijo directo a la cámara: “Mi nombre es Benito Antonio Martínez Ocasio, y si hoy estoy aquí es porque nunca, nunca dejé de creer en mí. Tú también deberías creer en ti. Vales más de lo que piensas”. 

Después una boda bi-racial y fiesta latina; un niño durmiendo en las sillas con el que muchos pudimos identificarnos y luego un llamado: “baila; baila sin miedo. Ama sin miedo”. Y de ahí, su canción “Nueva Yol”; así, con acento caribeño, que reinterpreta una salsa de los años setenta.

Gratuitamente figuraron varios negocios latinos (además de tacos Villa); magnífica publicidad para pequeñas empresas en un espacio valuado en 350 mil dólares el segundo. 

Siguió saludar a Toñita, octogenaria dueña del Caribbean Social club, emblemático lugar de encuentro de la comunidad puertorriqueña que resiste a la gentrificación y se niega a cerrar a pesar del acoso de las inmobiliarias que buscan hacerse de ese pedacito Brooklyn. 

Para quien no conociera a Benito bastó escuchar a Ricky Martin cantando: “quieren quitarme el río, y también la playa; quieren el barrio mío y que abuelita se vaya. No, no sueltes la bandera, ni olvides el lelolai, que no quiero que hagan contigo, lo que le pasó a Hawai”. Un mensaje antiimperialista ahí, en la máxima fiesta del imperio, que segundos después tuvo a Bad Bunny en primer plano ondeando la bandera independentista de Puerto Rico. 

Benito se dio el lujo de hacer la corrección geográfica que siempre hemos deseado; bendijo a América para enlistar todos los países del continente que son parte de ella. Concluyó exhibiendo el balón de futbol americano que tenía plasmado “together we are America” (“juntos somos América”) y dijo: “aquí seguimos” mientras salía de cámaras en medio de las banderas de todo Latinoamérica al ritmo de “debí tirar más fotos”. 

Fueron trece minutos de reivindicación cultural e identitaria latina y boricua en medio del momento más álgido de racismo y xenofobia de los últimos tiempos. 

Ante el ruido sobre el marketing, su capacidad vocal o su rol como producto del sistema, no hay mejor respuesta que las palabras de @cajme: ya perdonen a Bad Bunny por no ser el Che Guevara. 

Nadie iba a decidir si estallaba o no la revolución en función de cómo saliera el medio tiempo del superbowl. Pero la respuesta fúrica de Donald Trump basta para darse cuenta de su dimensión. 

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