En Cómo mueren las democracias, Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, nos explican la forma en que los regímenes democráticos han generado las condiciones por las que se ven infestados de fenómenos que los terminan socavando. El texto, y otros varios en el mismo tono, se ha convertido en una hoja de ruta para entender los diversos movimientos populistas que han surgido alrededor del mundo, sus orígenes, antecedentes y los contextos que permiten su empoderamiento, a través de mecanismos nominalmente democráticos, y que, sin embargo, apenas han utilizado la nomenclatura para legitimar su arribo y consolidación. El ejemplo paradigmático sin duda es Donald Trump, quien, en su segundo mandato ha mostrado cómo, aún la más decana de las democracias occidentales, con sus antiguas y, presumiblemente, sólidas instituciones, ha sido incapaz de contener la fuerza de dicha arremetida a los valores liberales.
En su segundo mandato el presidente 45 y 47 de los Estados Unidos a radicalizado sus políticas, tanto domésticas como en materia internacional. Las noticias que han colmado la agenda mediática no han permitido asimilar lo increíble de un encabezado, cuando ya tenemos otros varios por digerir. Sin embargo, hay dos ejemplos que, por recientes, me parecen útiles para argumentar en favor del título de este texto. El primero, en el ámbito internacional, ha sido su inusitada amenaza a la Unión Europea e incluso a la OTAN, de hacerse de la posesión de Groenlandia, por cualquier vía al alcance del poder de su gobierno. La respuesta, entre improvisada, por emergente al principio y articulada y digna, ha tenido una interesante reacción: frente a la negativa absoluta, la disposición al diálogo y el acuerdo y una postura más o menos unificada de los europeos, el republicano ha dado un par de pasos atrás y ha retrocedido, cuando menos, en su tono público. Existe la teoría que la estrategia financiera de vender bonos de Estados Unidos, coordinada por varios países de la Unión Europea, conocida como “Sell America”, dado su impacto en Wall Street, influyó en que Trump reculara un poco, junto a los llamados prudentes de varios liderazgos de organizaciones multilaterales. Es decir, instituciones democráticas en acción. Una analogía de rendición de cuentas horizontal, de equilibrio de poderes, en el ámbito global.
El segundo ejemplo es los tristes y escalofriantes sucesos en Minneapolis. El acoso, las agresiones, dos ya mortales, que sus habitantes han estado sufriendo, llevaron a miles de estadounidenses a las calles el pasado fin de semana. También a que las maquinarias demócratas se pusieran en acción y que, de manera aún tímida, pero por fin de alguna forma, el Congreso hiciera aparición en esta crisis institucional que atraviesa nuestro vecino norte. Por un lado, los expresidentes Obama y Clinton, salieron a realizar declaraciones puntuales, si bien tímidas por la gravedad de los acontecimientos, inusuales en la dinámica política acostumbrada. Por su parte, el líder de la minoría demócrata en el Senado, Chuck Schumer, anunció que dicha bancada bloqueará la asignación de fondos federales adicionales para el Departamento de Seguridad Nacional, como consecuencia de los hechos ocurridos en Minesota. La indignación ha sido tal que inclusive, un aspirante republicano a gobernador en dicho estado, renunció a continuar en la contienda interna de su partido, como respuesta a los acontecimientos. Finalmente, nuevamente Trump, dio un giro a su política. Este lunes (momento en que se escribe este análisis, quepa la aclaración en un mundo tan volátil como el de Truth Social), el republicano comunicó por su red social que había sostenido llamadas, tanto con el Gobernador Tim Walz, como con el Alcalde Jacob Frey, ambos demócratas, suavizando el tono de su conversación pública, y mostrándose conciliador. Otra vez: las instituciones.
Pero, y anotémoslo con toda contundencia, sobre todo, y primordialmente, las personas. tanto en el primer caso, como en el segundo, son los ciudadanos, el pueblo, quiénes han dado la fuerza suficiente a sus gobiernos o instituciones contrapeso, para oponerse a la vena autocrática de un potencial plutócrata. Sin la reacia postura de los groenlandeses frente a las amenazas de Trump o el rechazo avasallador de los europeos a doblegarse, que muestran varias encuestas, las instituciones del viejo continente, poco hubieran podido hacer, sin la fuerza de la legitimidad, para hacerle frente a su contraparte estadounidense. Goza aún de más consistencia el caso interno, con la reacción de los ciudadanos estadounidenses y la defensa activa de sus tradiciones democráticas y liberales. Sin dicha fuerza, que, según diversas encuestas, se ha convertido en la más seria amenaza al poder de Trump, la resistencia que están ofreciendo sus liderazgos, e instituciones locales como los gobernadores de California, el propio Minnesota, hasta el Alcalde de Minneapolis, sencillamente carecería de contundencia.
Es así pues que, en esta encrucijada que vive la democracia, su expresión más vital y constante, las personas, muestran otra vez que, es justamente que ejerciendo una actitud, compromiso, acción y convicción democráticas es que salvarán una vez más a la propia democracia… y a la libertad. No han ganado aún, pero claro está que nunca han perdido lo esencial: el coraje del valor compartido.
@CarlosETorres_



