Las intervenciones por parte de los Estados Unidos han sido, a lo largo de su historia, un ejercicio mediante el cual se han apropiado de territorio, recursos naturales y control económico. En el caso de Venezuela, se vino presumiendo que el presidente de ese país no solo formaba parte de un cártel dedicado al tráfico de drogas, sino que incluso era el líder de varios de ellos.
La “despampanante” captura causó furor a nivel mundial y emoción entre los sectores más diestros y proclives a las intervenciones. No tardaron más de 12 horas en que el presidente Trump diera parte de los hechos a los medios de comunicación. En dicha rueda de prensa jamás se mencionaron con claridad los cargos, la motivación o la evidencia que justificara la prisa con la que actuaron y la intervención para secuestrar al mandatario.
Lo que sí se mencionó fue que, de manera inmediata, el gobierno y las empresas de Estados Unidos actuarían en función del petróleo venezolano, un recurso que, conviene subrayar, pertenece única y exclusivamente a los venezolanos.
Hay que recordar la fecha: 3 de enero de 2026. Quisiera creer que esta será un parteaguas en el combate mundial contra las drogas y que el ciudadano estadounidense tendrá menos acceso a ellas, pues -según el discurso oficial- se dio un gran golpe al capturar a uno de los mayores capos. Resultaría increíble que, aun así, las estadísticas de consumo siguieran en aumento.
Pero no seamos ingenuos, queridos lectores. Lo que menos importa es la droga y las muertes que provoca. El petróleo es la prioridad, y van por él. Las muertes para ellos son alimento.
Sorprenden las opiniones de periodistas, analistas y personas en general que celebran esta intervención y que incluso claman o se ilusionan con que algo similar pudiera suceder en México, con tal de debilitar al gobierno de la Cuarta Transformación. El entreguismo lo presumen, la traición los embriaga, pero la suela de la bota verde olivo en el cuello no la aguantarían ni un segundo.
El ingenio de la oposición preocupa: es limitado y carente de imaginación. En un país donde no hay censura, donde puedes organizarte libremente, donde no existe represión y donde, como partido político, sigues gozando de un presupuesto público para estructurarte y convencer a la ciudadanía de un proyecto político, resulta increíble que tu principal arma de atracción sea llamar a que un país extranjero te invada. Bien decía Goethe que “no hay nada más peligroso que la ignorancia en acción”.
El sentido ideológico es aceptable; perder el sentido de patria, imperdonable. Nos falta mucho por aprender de nuestra historia, voltear al pasado y mirar a los ojos a Vicente Guerrero cuando su padre le pidió que dejara las armas a cambio del perdón del virrey. Guerrero, con valor y casi derrotado, respondió con una frase que aún resuena: La Patria es Primero.
Por Último
La reforma electoral va. Ya lo dijo la presidenta Claudia Sheinbaum: la propuesta se presentará en aproximadamente tres semanas, a mediados de febrero. Algunos puntos clave serán el presupuesto del INE y el de los partidos políticos, ya que actualmente el INE cuenta con un presupuesto de 21.84 mil millones de pesos, de los cuales 7.74 mil millones corresponden a prerrogativas de los partidos.
Otro punto -y quizá el más debatido- será la reducción o el mecanismo para elegir a los 200 diputados plurinominales, que hoy llegan al cargo por designación directa de las cúpulas partidistas. Los mexicanos, en la mayoría de los casos, desconocemos cómo y por qué llega tal o cual diputado a ese puesto. Se escucha que la propuesta podría ser que accedan quienes obtengan los mejores segundos lugares, respetando cuotas y paridad de género.
La apuesta es clara: el PT y el PVEM se perfilan como los principales opositores a la reforma. Pero también hay que ser claros: los diputados, según diversas encuestas, son de los representantes populares peor evaluados por la ciudadanía, sin importar partido. Hasta la próxima…
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