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Petrodólares, SWIFT y Venezuela

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Por: José Luis Pinedo Vega •

En 1974, Henry Kissinger hizo un trato con Arabia Saudita, el país líder en reservas y ventas petroleras. Todo el petróleo a nivel mundial debe tener un precio y ser vendido en dólares estadounidenses. A cambio, Estados Unidos le proporcionaría protección militar. 

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Este acuerdo aumentó la demanda mundial de dólares en todo el mundo, puesto que todos los países necesitan dólares para todas sus transacciones comerciales y especialmente para comprar petróleo, cuya demanda, dicho sea de paso, no deja de crecer.

Paralelamente, en 1977 entró en operaciones el sistema SWIFT (Society for Worldwide Interbank Financial Telecommunication), a través del cual día a día se realizan más de 50 millones de transferencias comerciales, monetarias y financieras en el mundo. De ninguna manera esas transferencias son benévola, el sistema cobra una comisión por cada transacción y además capta beneficios del orden hasta del 10% por la diferencia entre los precios de compra y venta de divisas. Y tal vez esta sea la principal fuente de ingresos del sistema financiero, o al menos la más rentable puesto que es una aspiradora de dinero.

Ambos instrumentos, -el dólar y el SWIFT- durante 50 años han sido instrumentos de dominación económica y de coerción geopolítica. Recuérdese que, entre las sanciones que la Unión Europea y la OTAN impusieron a Rusia, se le bloqueó el acceso al SWIFT con el fin de bloquear su economía. Esto ya se había aplicado a Irán y Corea del Norte. Sin embargo, la exclusión de Rusia del SWIFT, de forma semejante al bloqueo del gas, resultó contraproducente para occidente, puesto que Rusia encontró vías comerciales alternas a las europeas, y como consecuencia el sistema financiero occidental solo se auto-privó de un gran flujo de capitales. 

Gracias a los enormes dividendos del petrodólar y del SWIFT, Estados Unidos se ha abrogado el privilegio de imprimir dinero y bonos del tesoro en forma ilimitada, y de ese modo ha podido disfrazar una deuda exorbitante y el estancamiento económico. En el 2000 su deuda representaba el 53.17 % del PIB, y en el 2025 alcanzó el 120.8 %. En términos porcentuales no parece mucho, pero si en el 2025 el PIB fue 31.4 billones de dólares (B US$) la deuda fue 37.3 B US$, la más grande del mundo, equivalente al 12 % de la deuda mundial -316 B US$-.

Lo irreductible de la deuda de Estados Unidos, se debe a problemas estructurales y a que el estado gasta más de lo que el sistema fiscal capta, porque entre otras cosas se tiene que mantener, una armada enorme e improductiva, consumidora de exorbitantes recursos, diseminada en 750 bases militares y 80 países. 

La economía de los Estados Unidos, teniendo un PIB superior en cerca de 10 B US$ a China, no tendrían por qué estar en estancamiento económico. Sin embargo lo está, como resultado de la supe concentración de capitales. Bastaría con una restructuración económica que modere el acaparamiento de riqueza para evitarlo. Pero el establishment y los gobiernos, en lugar de aceptar correcciones internas en su economía solo buscan hacerse de más y más fuentes de ingresos del exterior. Eso está muy claro en las iniciativas de Trump, -aumentar los aranceles en el mundo, hacer pagar a Europa la guerra en Ucrania, y ofrecer a Putin el dejar bajo la jurisdicción de Rusia los territorios ocupados en la guerra Ucrania a cambio del compromiso de no abandonar el dólar- todo para revitalizar el exorbitante flujo de dólares.

Los BRICS entendieron muy bien que el dólar y el SWIFT han producido una fuga enorme de capitales y que han sido un freno enorme al desarrollo de las economías emergentes y el llamado sur global, y por eso comenzaron a construir canales de pago alternativos. Rusia desde antes de la guerra de Ucrania vendía petróleo en euros y desde la guerra comenzó a venderlo en rublos y yuanes. Irán ha estado comerciando con otras monedas, y mismo Arabia Saudita está considerado el comercio en yuanes.

China construyó CIPS, su propia alternativa a SWIFT, con 4 800 bancos en 185 países, con una pretensión cooperativa entre países y no lucrativa ni colonialista –al menos eso está en el discurso, cosa que se oye muy bien-. Y los BRICS están construyendo activamente sistemas de pago que eluden por completo al dólar.

Tras años de bloqueado norteamericano, Venezuela, con las mayores reservas probadas de petróleo del mundo -303 mil millones de barriles, el 20% del total mundial- se asoció comercialmente con China, Rusia e Irán, que promueven la desdolarización mundial y ya estaba vendiendo petróleo en yuanes a China, e intercambiándolo por mercancías y tecnología.

Pero hay un patrón de lo que les sucede a los líderes que desafían el petrodólar: 

En el 2000 Saddam Hussein anunció que Iraq venderá petróleo en euros en lugar de dólares. So pretexto de poseer armas de destrucción masivas, en el 2003 Irak fue Invadido, Saddam fue asesinado y el petróleo iraquí volvió al dólar. En el 2009: Gadafi propuso una moneda africana respaldada por oro llamada «dinar de oro» para el comercio de petróleo.

So pretexto de terrorista, en el 2012 Libia fue bombardeado, Gadafi asesinado y el dinar dorado jamás vio la luz.

Estados Unidos no está dispuesto a permitir que continúe la desdolarización del mercado mundial. Al mismo tiempo no está dispuesto a perder el control del mercado del petróleo; y por ello tiene en la mira todas las reservas de petrolero. El bombardeo y la intervención de Venezuela era un mensaje a los países petroleros y del sur global, de lo que les puede pasar si desafían al dólar. De paso fue una acción más de demarcación a América Latina como parte de sus dominios.

Pero una cosa es lo que se quiera y otra lo que consiga. Por lo pronto, la intervención solo fue una costosa y despiadada demostración de fuerza, sin impacto en el precio del petróleo ni en el mercado financiero. En el 2004 el precio del barril era del orden de 85 dólares. En el 2025 cayó hasta 60 dólares, y oscila alrededor de los 62 dólares desde la intervención en Venezuela. Y los principales índices en Estados Unidos –S&P 500, Nasdaq, Russell 2000 y DJ Total Mkt- no repuntan en absoluto. Lo que parece indicar que la intervención no resultó ser el negocio esperado y por tanto fue un error de estrategia.

Estados Unidos incrementó sus reservas petroleras a partir del fracking de Shell oil. Pero el fracking es un proceso, muy caro además de contaminante -aunque eso a quien le importa-. Para que su petróleo sea competitivo y las compañías petroleras norteamericanas hagan fluir los miles de millones de dólares que dice Trump, lo que conviene es un precio alto. O sea, es mejor que las reservas venezolanas continúen en el subsuelo, y es preferible alentar las protestas en Irán y continuar desestabilizando el Medio Oriente, no importando que continúe el genocidio. 

Entre líneas parece que el mensaje de Washington es, “dejad a Delcy Rodriguez lidiar con una economía medio ahogada, al cabo no tienen una infraestructura capaz de extraer mucho petróleo, y ya regresaremos”.

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