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Por: Juan Rivera Juárez •

Galileo comprendía que su trabajo sobre los cuerpos calientes se trataba sólo de “algunas observaciones superficiales”. Que describir una forma de movimiento tenía poco valor, según comprendía, cuando se trataba del problema del movimiento en general. Había la patente necesidad de principios generales aplicables a muchas de las formas de movimiento o a todas.

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En tiempos de Galileo ya están propuestos unos cuantos, de esos principios, tuvo la agudeza de tomar los más significativo, pulirlos y demostrar su poder resolviendo el difícil problema del movimiento de los proyectiles. Unas cuantas décadas después, rene Descartes formuló una ley verdaderamente original, cuyo valor se puso de relieve cuando abordó el estudio de los choques entre objetos.

Estos dos logros llevaron la mecánica de la etapa descriptiva a la fase fenomenológica de su evolución. Las ideas de Galileo sobre la mecánica eran modestas: “Hacia esta vasta y excelentísima ciencia, de que mi trabajo es sólo el comienzo, se han abierto caminos y medios con que otras mentes más penetrantes que la mía explorarán sus rincones más remotos”.

En el análisis del movimiento de los proyectiles Galileo se valió de dos principios: el Principio de Inercia. Un cuerpo que se mueve por una superficie plana seguirá en la misma dirección a velocidad constante si nada lo perturba y el Principio de Superposición. Un cuerpo sometido a dos influencias distintas, cada una de ellas productora de un tipo característico de movimiento, responde a cada una sin modificar su respuesta a la otra.

La aceptación del principio de inercia modificó completamente la orientación de las especulaciones en torno al movimiento. Hizo reconocer que había cierta afinidad entre un objeto en reposo y un objeto en movimiento en una línea recta a velocidad constante. Fue toda una hazaña el llegar a comprender que no era la causa del movimiento en sí lo que debía buscarse sino la de la desviación del movimiento simple constante.

Teniendo como base los dos principios, Galileo imagino que el movimiento del proyectil tenía dos componentes independientes y no interferentes. Una era un movimiento vertical: el de un objeto lanzado hacia arriba y que vuelve a la Tierra. La otra era simplemente un movimiento horizontal a velocidad constante. El principio de superposición nos dice que si corremos debajo de un proyectil que avanza a esa velocidad constante y miramos hacia arriba, el movimiento que observaríamos sería exactamente el mismo que el de un objeto lanzado directamente hacia arriba.

Lo más importante para los contemporáneos de Galileo fue que demostró que el proyectil en su movimiento describía una parábola. Algunos filósofos de mente geométrica de los tiempos de Galileo habían pensado en la posibilidad de que la curva que describe el proyectil en su movimiento fuera una parábola. Pero hasta Galileo, nadie había abordado el problema desde un punto de vista teórico con algo semejante a un argumento convincente.

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