Desapareció mi preocupación por la cuenta regresiva. Llegó el momento en el que mis canas y cansancio me enseñaron que era imposible detenerla.
Puedo ver hacia atrás sin la nostalgia por lo que se sabe jamás regresará y mirar hacia el frente alentado por la ilusiónque presenta a los recuerdos como el compendio de lo realmente vivido y aprendido.
Me acojo entonces a la tregua entre y dentro de los humanos que existe en el discurso del nuevo año, de incongruencia congruente con la naturaleza del hombre confirmada por la fecha de caducidad que generalmente tienen las buenas intenciones y esperanzas.
Con la licencia de la temporada, ocupo este espacio con algunas remembranzas posiblemente carentes de interés para la mayoría de las personas que aquí paseen su mirada, pero necesarias para aliviar la presión que dentro de mí ejerce el deseo de despedirme sin prisa —como si eso pudiera alejar el adiós que nadie me consultará—.
Veo entonces aquello con lo que me gané el sustento y no puedo admitir algo menos que llamarme prostituto de las letras, aunque muchas veces este oficio lo haya ejercido enamorado.
En mi calidad de comerciante de ideas y palabras bajo el nombre de asesor o consultor, serví —o al menos eso intenté— a políticos de casi todas las ideologías, diversidad que, paradójicamente, reunió a quienes desbordaban o contenían su interés por el lucro, en la unidad de la esencia del ser humano, esa que invariablemente lo viste con una escala de grises en la que ni el blanco ni el negro puros tienen cabida.
Recuerdo uno de mis primeros discursos en la clase de comunicación verbal que llevé en la preparatoria, donde arremetí con suma ferocidad contra el régimen priista y dije que aliarme con ese partido me convertiría en traidor a México…
Evoco luego la continuidad de mi animadversión contra un panismo vestido de ángel para esconder la seducción quelo hacía sucumbir ante las tentaciones sin ideología, invitaciones abiertas a la naturaleza imperfecta del hombre,en la cual el placer del momento borra el temor al juicio de la historia y convierte en aliado al “dios” que el poder diseña a la carta.
Repaso finalmente mis ideales a favor de la igualdad de los seres humanos, de la lucha contra las oligarquías opresoras, del combate al control de las vidas de muchos por los intereses de pocos y del disfrute y cuidado por igual del mundo de todos, y poco después me estrello contra la realidad que me muestra fue usado para que el lodo que había en la superficie del poder político fuera sustituido con el que existía en el fondo de este, expatriando, de paso, a la razón para suplantarla por una cuasi religión que como tal se considera incuestionable y poseedora de la verdad plena.
¿Qué concluye de este vistazo a la historia que acompañé? Aunque pueda parecer o ser incongruente, debo reconocer que en cada tramo de este camino encontré personas con grandes razones y valores, evidencias del absurdo que es pretender agrupar en corrientes políticas la “bondad” o “maldad”.
Propongo pues, retornando a mi idealismo, sumar rutas para hacer del encuentro de ideas la base de la transformación real de las circunstancias que vive el país, evidentemente hoy amenazado por la posibilidad de que la vigente opción política termine en una nueva decepción, lo que franqueaba, aún más, el paso a poderes regionales ajenos a la democracia o tentará la imposición de posturas extremas.
Si la vida del ser humano es la breve pausa de la nada que se inserta en la extensa cadena de las otras pausas formada por sus semejantes, no estremecería neuronas y sí confirmaría la existencia del hilo negro al recordar que el hombre y su sociedad actual gozan de una oportunidad cada vez mayor para aprovechar las experiencias y saberes de quienes les precedieron.
La luz arrojada por los años convertida en recuerdos, curiosamente cuando se aproxima la oscuridad, ayuda a guiar la razón que permite concluir que aislar el conocimiento en grupos, buscar fieles, descalificar debatientes y adjudicar validez única al pensamiento identificado por siglas, convierte a la mentira en la realidad de la época.



