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Todo por la razón, nunca por la confrontación

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Por: MARIANO CASAS •

En días recientes, la presidenta Claudia Sheinbaum sostuvo una llamada con el papa León XIV y ha dejado abierta la posibilidad de una visita del pontífice a México. El gesto, más allá de lecturas simplistas, habla de un cambio de tono: diálogo institucional, respeto mutuo y altura de Estado. No se trata de concesiones religiosas ni de rupturas con la laicidad, sino de reconocer una realidad social compleja que exige gobernar con inteligencia política y sensibilidad histórica.

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Desde el inicio de su administración, la presidenta ha optado por abrir canales de comunicación con distintos sectores, incluida la Iglesia católica, colocando en el centro temas como la construcción de la paz, la atención a los más vulnerables, la migración y el fortalecimiento del tejido social. Esa postura no debilita al Estado laico; por el contrario, lo fortalece, porque la laicidad no es hostilidad ni censura, sino convivencia regulada entre distintas visiones del mundo.

Vale la pena recordar una frase que atraviesa nuestra historia política y moral: “Todo por la razón, nada por la fuerza”. La pronunció Benito Juárez, símbolo del liberalismo, del Estado laico y de la República. No es una consigna menor. Juárez entendía que la razón debía imponerse mediante el debate, la ley y la persuasión, no mediante la confrontación innecesaria ni el uso del poder para silenciar voces.

Morena nació como un movimiento social amplio, plural y profundamente popular. Fue —y sigue siendo— el vehículo para que millones de mexicanas y mexicanos, durante décadas ignorados, se vieran por fin representados y escuchados. Por ello, no podemos olvidar una realidad elemental: México es un país donde la fe y la esperanza forman parte del tejido social. Más del 77 por ciento de la población se reconoce como católica y más del 90 por ciento profesa alguna creencia religiosa. Gobernar al pueblo implica gobernar esa realidad, no negarla ni confrontarla.

En Zacatecas, este debate adquiere una dimensión particular, profundamente marcada por la historia y por la memoria colectiva. La relación entre Iglesia y Estado ha sido compleja a lo largo del tiempo, con etapas de tensión y aprendizaje que dejaron lecciones claras para nuestra vida pública. Sin embargo, también ha evolucionado hacia una convivencia institucional basada en el respeto y la colaboración. Basta recordar la visita del papa Juan Pablo II a Zacatecas en 1990, un acontecimiento que permanece en la memoria afectiva de las y los zacatecanos como un momento de unidad y reconciliación social. A ello se suma que, durante la conmemoración del 450 aniversario de la fundación de la ciudad, el reconocimiento institucional otorgado al entonces obispo Javier Lozano Barragán simbolizó ese entendimiento alcanzado entre las autoridades civiles y la Iglesia. En las últimas décadas, la participación de la Iglesia en Zacatecas ha sido también un factor relevante en los esfuerzos de pacificación, cohesión social y acompañamiento comunitario. Nuestra cultura, nuestras festividades y buena parte de la identidad zacatecana están estrechamente ligadas a celebraciones religiosas que no dividen, sino que convocan, organizan y fortalecen el tejido social. Por ello, aquí la relación entre el poder político y la fe no se discute en abstracto: se entiende desde una experiencia histórica que ha demostrado que el diálogo siempre ha sido más fértil que la confrontación.

Por eso resulta preocupante cuando, en el ámbito local, se confunde firmeza política con confrontación. Convertir una crítica social en un litigio, judicializar lo que debía resolverse mediante diálogo político y debate de ideas, no fortalece a un movimiento que se dice del pueblo. No toda crítica es un ataque, ni toda respuesta debe ser confrontación. La autocrítica, lejos de debilitar, fortalece a los proyectos transformadores.

Morena no es una voz única ni homogénea. Es un movimiento plural donde conviven personas de distintas creencias, convicciones y trayectorias. Pretender hablar en nombre de todos desde una sola postura empobrece al movimiento y lo aleja de su esencia. La diversidad no es una amenaza; es una de sus mayores fortalezas.

En ese sentido, resultan pertinentes las declaraciones del coordinador de Morena en la Cámara de Diputados, Ricardo Monreal, quien ha llamado a la prudencia, al diálogo y a evitar confrontaciones innecesarias con actores sociales que tienen una profunda legitimidad en amplios sectores de la población. A veces, la lealtad verdadera no consiste en aplaudir todo, sino en advertir cuando se corre el riesgo de extraviarse.

Hay, además, un punto de encuentro que no debe ignorarse. Los principios que Morena ha colocado en el centro de su proyecto —no mentir, no robar y no traicionar— son también principios morales universales, presentes en muchas tradiciones religiosas. La Iglesia busca formar mejores seres humanos; Morena, mejores ciudadanos. Cuando los objetivos coinciden en el humanismo, el bien común y la atención a los más pobres, buscar diferencias no es firmeza ideológica: es torpeza política.

La Cuarta Transformación ha logrado avances innegables. Sus resultados llegan a los hogares, a las abuelitas y abuelitos, a las y los jóvenes, a quienes nunca habían sido tomados en cuenta. Al mismo tiempo, hay tareas complejas —como la recuperación de la paz y la tranquilidad— que no se resuelven en un solo sexenio y que exigen perseverancia, diálogo y corresponsabilidad social.

La transformación no se defiende con gritos ni con confrontaciones estériles. Se consolida con resultados, con autocrítica y con la capacidad de encontrar puntos de encuentro. En un país y en un estado con la memoria histórica de Zacatecas, insistir en la confrontación no es valentía política: es olvidar las lecciones que la historia ya nos dio.

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1 COMENTARIO

  1. No cabe duda que la confrontación ideológica no dejará de existir puesto que es parte de la naturaleza de los individuos, sin embargo es necesario un análisis previo para poder emitir una idea que pudiera afectar a terceros, siempre la tolerancia será bienvenida a palabras inoportunas. Obispo/ Coordinador de MORENA

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