Una de las vialidades con mayor actividad comercial y movilidad, la Avenida Universidad, vive un escenario cotidiano de caos, deterioro y falta de accesibilidad que afecta tanto a peatones como a automovilistas. Aunque la zona se caracteriza por su alta concentración de locales, comercio activo y flujo constante de personas, presenta múltiples problemáticas que se han vuelto parte del paisaje diario.
Entre las quejas más recurrentes destacan la formación constante de vehículos estacionados en doble e incluso triple fila, especialmente en horarios de mayor afluencia. Este fenómeno reduce considerablemente el espacio de circulación, genera embotellamientos y obliga a otros conductores a maniobrar entre espacios reducidos, poniendo en riesgo la seguridad de todos. Según vecinos de la zona, esto ocurre “a todas horas” y se ha normalizado al grado de convertirse en una dinámica aceptada por quienes circulan por ahí.
Sin embargo, el problema no afecta únicamente a quienes conducen. Para los peatones, caminar por Avenida Universidad se ha convertido en una tarea complicada debido a la falta de banquetas en varios tramos, así como el deterioro de las pocas que existen. Algunos segmentos cuentan con banquetas demasiado angostas, irregulares, fracturadas o directamente invadidas por automóviles o mercancía exhibida por algunos negocios.
Esto ha provocado que muchas personas se vean obligadas a bajar al arroyo vehicular para continuar su trayecto, exponiéndose al tráfico intenso que caracteriza la zona. Para personas con discapacidad, el panorama es aún más crítico.
“Una silla de ruedas ni de chiste pasa por aquí. Ni siquiera una persona con bastón podría caminar con seguridad. Las banquetas están rotas, otras no existen y en otras simplemente hay carros arriba”, denunció una usuaria que transita frecuentemente por el área. También señaló que los accesos a rampas, cuando existen, suelen estar bloqueados o construidos sin las medidas adecuadas.
A esta problemática se suma el deterioro evidente del pavimento. Baches de distintos tamaños, desniveles y zonas parcheadas conforman un trayecto irregular que complica tanto la conducción como el desplazamiento de motociclistas, ciclistas y peatones. El pavimento, en algunos puntos, muestra desgaste severo y representa un riesgo para quienes transitan diariamente.
“Uno viene esquivando autos en doble fila, luego un hoyo, luego otro coche parado, y así todo el camino. Es un desmadre diario”, dijo un conductor que circula por la avenida rumbo al centro de la ciudad.
A pesar de ser una zona llena de actividad comercial, la falta de ordenamiento urbano y mantenimiento básico ha dejado visible un conjunto de problemas que se agravan con el tiempo. Locatarios aseguran que estos inconvenientes afectan la fluidez del tránsito, el acceso a sus negocios y la percepción de seguridad vial.
Usuarios frecuentes también mencionan que, con el flujo constante de personas, estudiantes y trabajadores, resulta contradictorio que una zona tan concurrida no cuente con condiciones mínimas de accesibilidad y tránsito seguro.
En lo que respecta a la movilidad peatonal, quienes caminan por Avenida Universidad coinciden en que la vialidad se ha vuelto hostil para cualquier persona, pero especialmente para niñas, niños, adultos mayores y personas con discapacidad, quienes se enfrentan a barreras físicas constantes.
“Hay tantas cosas mal que ya ni sabes por dónde empezar. El punto es que aquí nadie piensa en los que caminan”, expresó un joven que diariamente pasa por la zona para llegar a su escuela.



