El pasado fin de semana -del 30 de octubre al 2 de noviembre- Zacatecas se reencontró consigo misma. El Festival de Día de Muertos 2025, organizado por el gobierno estatal, devolvió a la capital su pulso festivo, su vocación cultural y su alegría colectiva. Con Veracruz como estado invitado, las calles del Centro Histórico se llenaron de música, color y convivencia en una celebración que, más allá de lo artístico, simbolizó un respiro social y un signo tangible de recuperación.
El punto culminante fue el desfile del viernes 31 de octubre, una estampa que hacía años no se veía. Más de 100 mil personas —de acuerdo con datos de la Secretaría de Turismo local— tomaron las calles; familias enteras salieron a disfrutar desde temprano la tradicional carrera de disfraces, con niños, jóvenes y adultos convertidos en catrinas, calaveras y personajes populares. Luego vinieron las comparsas, los carros alegóricos, los contingentes de danzantes, las bandas, los mariachis, las catrinas monumentales y el arte que parecía caminar entre la multitud. Hubo buena comida, música viva, risas y, sobre todo, tranquilidad. La Secretaría de Seguridad Pública y la Coordinación Estatal de Protección Civil reportaron saldo blanco, un dato que parece menor, pero que en realidad resume el espíritu de fiesta que volvió a unir a la ciudad bajo la confianza.
El resultado fue extraordinario. Según datos de la misma dependencia se contabilizaron más de 10 200 turistas-noche, lo que se tradujo en una derrama económica cercana a los 50 millones de pesos. Esa cantidad no solo se refleja en los hoteles o restaurantes; alcanza también a comerciantes, artesanos, músicos, taxistas, operadores turísticos, vendedores ambulantes y todo el ecosistema de servicios que se activa cuando Zacatecas vuelve a recibir visitantes.
La relativa recuperación tiene un fondo más profundo. Lo que se vivió en las calles no fue solo un evento cultural, sino un termómetro social. Poco a poco el miedo cede su lugar a la confianza. Después de años difíciles, los zacatecanos comienzan a salir sin temor, a reencontrarse con su ciudad y a recuperar la vida pública. Y no es casualidad. El estado ha logrado una reducción inédita de la violencia. Durante el primer semestre de 2025, los homicidios dolosos disminuyeron más de un 65% respecto al mismo periodo del año anterior, y la cifra acumulada desde 2021 muestra un descenso histórico superior al 70%. Es el contexto de paz relativa que explica por qué hoy los espacios públicos vuelven a llenarse de familias y turistas.
La historia reciente del turismo en Zacatecas se cuenta en cifras. Entre 2015 y 2019, la ocupación hotelera se mantuvo estable, con promedios que rondaban entre el 48 % y el 53 %, alcanzando su punto más alto en 2018, año en el que más de la mitad de las habitaciones disponibles estuvieron ocupadas. Era una época de vitalidad turística, sostenida por visitantes nacionales y extranjeros. Pero a partir de 2020, la pandemia y la crisis de seguridad provocaron un desplome. Ese año la ocupación cayó a apenas 22.8%, y aunque los años siguientes mostraron leves mejorías —28.9% en 2021, 31.3% en 2022 y apenas 26.8% en 2023—, la recuperación comenzó a notarse en 2024, cuando la cifra se acercó al 33%. Esa curva descendente y su reciente remontada explican el valor simbólico del festival de Día de Muertos 2025. Por primera vez en mucho tiempo, los principales hoteles del Centro Histórico registraron un promedio cercano al 65% de ocupación, señal inequívoca de que el turismo vuelve a latir en el corazón de la ciudad.
Zacatecas está volviendo a ser destino. No solo por sus calles empedradas, sus museos o su patrimonio minero, sino por la sensación de normalidad y bienestar que empieza a consolidarse. La apuesta del gobierno estatal va más allá del evento, pues se trata de reconstruir la confianza, reactivar la economía local y recuperar el orgullo de habitar y visitar esta tierra.
Queda mucho por hacer. Si el objetivo es regresar a los niveles históricos de ocupación —cercanos al 50% anual—, será necesario fortalecer la promoción turística nacional e internacional, diversificar la oferta con rutas culturales y naturales, incentivar la inversión en infraestructura hotelera y mejorar servicios urbanos como la movilidad, la limpieza y la seguridad ciudadana. Pero lo ocurrido en este Día de Muertos deja una lección clara: cuando la cultura se encuentra con la paz, el resultado es bienestar. Zacatecas revivió el Día de Muertos, sí, pero sobre todo revivió la confianza de la gente en esta tierra que tiene tanto que ofrecer.



