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Primer año; sucesión de éxito probado

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Por: LUCÍA MEDINA SUÁREZ DEL REAL •

La transición de poder es el momento de mayor vulnerabilidad para cualquier proyecto político. La historia reciente de América Latina es un cementerio de liderazgos que vieron cómo sus sucesores elegidos a dedo traicionaban su legado (Lenin Moreno en Ecuador), o cómo la oposición aprovechaba el relevo para retomar el control y perseguir a los antecesores (el caso de Lula y Dilma Rousseff en Brasil). Evo Morales, al resistirse a planificar una sucesión, fragmentó su movimiento y allanó el camino para un gobierno de derecha.

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En este contexto, la transición mexicana entre Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y Claudia Sheinbaum constituye un caso de estudio. Hasta el momento, no solo ha evitado estos peligros, sino que ha logrado continuidad, desafiando la maldición de la sucesión.

 Sheinbaum no ha desmantelado, sino que ha ampliado los programas sociales emblemáticos del lopezobradorismo (pensiones universales, Jóvenes Construyendo el Futuro). Simultáneamente, ha adoptado como propias las banderas de las «reformas estructurales» de la Cuarta Transformación (judicial, electoral, prohibición de nepotismo). Esto deja claro que el proyecto de nación sigue vigente.

También hay continuidad en lo simbólico y en el estilo de gobierno: La adopción de las mañaneras, la austeridad republicana y el rechazo a residir en Los Pinos son símbolos que permanecen y sostienen la idea de la comunicación directa con el pueblo, y de que no puede haber gobierno rico con pueblo pobre. 

Cierto es que a cada uno le ha tocado una etapa distinta: el sexenio de AMLO fue de ruptura y fundación, mientras que el de Sheinbaum se perfila como de consolidación y gestión. 

El segundo no se podría entender sin el primero, y este ultimo ha sido clave para que algunas cosas terminen por cuajar.  Baste ver los positivos resultados de seguridad, solo posibles gracias a la creación de la Guardia Nacional ampliamente desplegada.

Así sucede también en cuanto a la política fiscal, hoy más firme luego de años de mano dura con los grandes contribuyentes acostumbrados a la evasión y los amparos. Con el nuevo poder judicial Ricardo Salinas Pliego solicita negociar porque empieza a perder la esperanza de permanecer algún tiempo más pateando el bote como ha hecho por más de quince años. 

Transcurrido el primer año, la popularidad de la mandataria es solida y su liderazgo internacional notorio. Poco a poco ha logrado desdibujar la misoginia que especulaba con que en su oficina había una línea directa a Palenque.

Sin desmarques infantiles, pero con acciones firmes y directas, Sheinbaum ha logrado equilibrar entre la continuidad de un proyecto y la construcción de un sello propio. Le han servido para ello las causas de las mujeres y el apoyo a lo científico y tecnológico con el objetivo de eficientar al gobierno. 

En la medida que transcurre un sexenio, el margen de maniobra para culpar al anterior se va disminuyendo, por lo que no se antoja probable que el rompimiento con el que muchos fantasean llegue en algún momento. 

No obstante, en la medida que uno de los factores pierde peligrosidad, tiende a ser reivindicado y hasta mitificado para comparar y minimizar al que se tenga vigente. Así lo demuestra la historia: los que hace algunos años rechazaban a Cuauhtémoc Cárdenas hoy le dan trato de estadista, de la misma manera que aquellos que persiguieron a Heberto Castillo luego lo homenajearán. 

Afortunadamente estamos frente a una presidenta que ha dado muestras de no ser presa fácil del ego, y ante un expresidente que pronto comprendió que el respeto al sexenio ajeno es la paz, y que, para pasar a la historia tal como es su anhelo, a veces hay que aportar la presencia, y a veces la ausencia. 

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