“Todo eso no es amor, es heterosexualidad obligatoria”, afirmó la poeta y psicoterapeuta Karina Vergara al cerrar su conferencia “Maternidades lésbicas y la Munda Nuestra”, la noche del sábado en la Casa Municipal de Cultura de Zacatecas, dentro del II Festival Cultural de las Rebeldías Lésbicas.
Con esa frase, resumió su crítica a los gestos y sacrificios que el patriarcado ha hecho pasar por amor: cuidar, servir, criar y sostener a los hombres. Esas tareas, dijo, no son expresiones naturales de afecto, sino imposiciones estructurales que garantizan la subordinación de las mujeres y sostienen el orden social y económico del capitalismo.
Al apuntar que hay menos mujeres en situación de calle no porque el sistema las proteja, sino porque los hombres las utilizan para explotarlas sexualmente, Vergara obligó a reflexionar sobre cómo las mujeres permanecen cautivas dentro de hogares, redes o economías donde su cuerpo y su trabajo son utilizados como materia prima gratuita.
Su ensayo “Sin heterosexualidad obligatoria no hay capitalismo”, publicado en 2015, explica que el sistema económico se sostiene sobre las labores gratuitas que las mujeres realizan en los hogares y en los cuidados; un trabajo naturalizado mediante el mandato heterosexual y la idea del amor romántico.
Ante eso, las maternidades lésbicas representan la desobediencia política de parir y criar sin un hombre. “Hacemos el acto revolucionario de negarles nuestras crías a los hombres y de empezar a acompañarnos y a criar entre nosotras”, dijo.
La autora retoma a pensadoras como Adrienne Rich, Monique Wittig y Silvia Federici para mostrar cómo ese régimen impone una lealtad emocional y erótica hacia los varones, base simbólica y material del capitalismo.
Vergara advierte que la cultura del amor romántico y la monogamia actúan como mecanismos de control, porque enseñan a las mujeres a encontrar su valor en el servicio y la entrega. En su ensayo escribe: “Mientras se siga concibiendo que el lavado de los platos o la vida erótica afectiva son asuntos íntimos, será difícil desmontar la reproducción capitalista”.
En respuesta a inquietudes de las asistentes sobre lo utópico y el cansancio que impone el sistema, la autora celebró la posibilidad de que las mujeres actualmente puedan reunirse para “algo que no sea cocinarles a los maridos”. “Estamos aquí reunidas y luego vamos a declamar poesía y a celebrar. Habitamos una utopía esas dos horas”, dijo.



