La delincuencia organizada y grupos dedicados al fraude han sofisticado sus métodos mezclando prácticas tradicionales como amenazas o agresiones directas con el aprovechamiento de nuevas tecnologías. De acuerdo con la Unidad de Policía Cibernética de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC), la Policía Federal y la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financiero (Condusef) las modalidades de extorsión y engaño se diversifican, afectando tanto a familias como a usuarios de servicios digitales y financieros.
Una de las modalidades más comunes es el secuestro virtual. En este esquema, el extorsionador realiza llamadas telefónicas a números fijos de manera aleatoria, buscando que la comunicación sea atendida por menores, adultos mayores o personas que se perciban vulnerables. Con una identidad falsa, se presenta como miembro de una organización delictiva y, mediante intimidaciones, ordena a la víctima salir de su domicilio, apagar su teléfono celular y trasladarse a un hotel, bajo la amenaza de que su familia o propiedad sufran daños.
Durante el tiempo en que la persona permanece incomunicada, el delincuente contacta a sus familiares para asegurarles que la tiene privada de la libertad y exige una cantidad de dinero a cambio de su liberación. Aunque en ningún momento existe un contacto físico real, la manipulación psicológica y la presión emocional son suficientes para que los familiares accedan a realizar depósitos o transferencias.
El uso de redes sociales y aplicaciones de mensajería también se ha convertido en una herramienta recurrente para la extorsión. Los delincuentes obtienen fotografías, nombres de familiares, lugares que las víctimas frecuentan e incluso publicaciones cotidianas, con lo que construyen un perfil detallado. Con esa información se presentan como “hackers” o difunden datos sensibles para intimidar y exigir pagos. En algunos casos suplantan la identidad de la persona, enviando mensajes a familiares y haciéndoles creer que ha sido secuestrada, respaldando sus amenazas con imágenes extraídas de internet.
Los fraudes cibernéticos representan otro de los mecanismos más utilizados en la actualidad. Correos electrónicos que simulan pertenecer a instituciones bancarias, mensajes SMS con enlaces a páginas fraudulentas y ventanas emergentes que redirigen a sitios falsos son parte de estas prácticas. La finalidad es obtener contraseñas, números de tarjetas bancarias, claves de acceso y demás datos financieros. Una vez con la información, los delincuentes realizan compras en línea, solicitan créditos, efectúan transferencias o incluso vacían cuentas completas.
Otra modalidad en crecimiento es la de los créditos exprés fraudulentos, que se ofertan principalmente en redes sociales o páginas apócrifas. Bajo condiciones aparentemente atractivas, los estafadores piden a los interesados pagos por adelantado como requisito para liberar el préstamo. Cuando la víctima se niega o comienza a sospechar, los delincuentes recurren a la intimidación e incluso al cobro de intereses desproporcionados. La recomendación de las autoridades es no entregar dinero por anticipado, verificar que las instituciones financieras estén registradas en la Condusef y acudir directamente a las sucursales oficiales para realizar cualquier trámite.
Además de estas modalidades, se mantienen vigentes otras formas de extorsión. Una de ellas es la extorsión carcelaria, en la que personas privadas de la libertad realizan llamadas desde centros penitenciarios para simular plagios o amenazar a familiares de internos. También se encuentra el cobro de piso, práctica frecuente contra comerciantes y empresarios, donde grupos delictivos exigen pagos periódicos a cambio de permitir la operación de negocios.
A ello se suma la extorsión laboral, basada en ofertas falsas de empleo o inversión difundidas en internet, con el fin de obtener depósitos de los interesados. Asimismo, existen casos de amenazas por supuestas deudas, en los que delincuentes se hacen pasar por cobradores de financieras y, mediante intimidaciones, obligan a las víctimas a pagar cantidades inexistentes.
El crecimiento de las compras en línea ha traído consigo un aumento de fraudes que se originan en anuncios falsos en redes sociales como Facebook. Los delincuentes crean páginas web, aplicaciones o anuncios que imitan a empresas legítimas, ofreciendo productos populares a precios muy por debajo de lo normal. Además, pueden emplear enlaces o cupones con malware para infectar dispositivos y obtener datos personales, lo que facilita el robo de identidad.
La SSC insiste en que la prevención es la herramienta más eficaz contra este tipo de delitos. Recomienda no proporcionar datos personales ni financieros por teléfono o internet, instalar antivirus en dispositivos electrónicos, evitar abrir correos o enlaces sospechosos y mantener comunicación constante con familiares para reducir los riesgos de secuestro virtual. Finalmente, las autoridades exhortan a la población a denunciar cualquier intento de extorsión al número de emergencia 911 o directamente ante las unidades de atención cibernética, con el propósito de rastrear y desactivar estas prácticas delictivas que afectan la seguridad de la ciudadanía.



