En este septiembre, con sus cambios y vaivenes, la Escuela Normal de la ciudad de Zacatecas cumple 200 años de haber sido fundada. No nació como Normal Benemérita, título que se dio a las normales que se fundaron o refundaron durante el porfiriato, sino como una Normal lancasteriana. En sus inicios fue una escuela del nivel primario a la que acudían niños a instruirse en las primeras letras con el método de enseñanza mutuo o sistema lancasteriano. De ahí el nombre con el que se conocía también como Normal Lancasteriana. También se le nombraba Escuela “La Constitución” por haberse creado en el año en que se votó la primera constitución del Estado Libre y Soberano de Zacatecas.
Nuestra Normal, a la que algunos historiadores atribuyen haber sido la primera de la naciente Republica Federal e incluso, dicen imbuidos con espíritu chovinista, la primera de toda Latinoamerica, no abrió sus puertas en el año en que se decretó su fundación. Empezaría a funcionar impartiendo clases un año después, en 1826. En lo que se entregó el presupuesto dotado por el Ayuntamiento de la capital del estado y terminó su “arreglo” con la instalación de bancas, canapés, carteles, pautas y tinteros entre otros utensilios didácticos.
Por decreto del 4 de marzo de 1825 se determino que la Escuela Normal de la Constitución tendría un sostenimiento a cargo del gobierno del estado con un presupuesto de 1500 pesos mensuales. Transcurrido año y medio después del decreto de fundación, el 6 de septiembre de 1826, el diputado Cayetano Martínez y Murguía en sesión del congreso hizo mención al día 17 como “el destinado para la pública apertura de la escuela lancasteriana”. Por fin había concluido el arreglo que se hizo a una de las salas del Edificio de la Condesa. La nueva institución educativa había sido posible gracias al espíritu filantrópico mostrado por la primera legislatura y espíritu patriótico de sus miembros, (AHEZ. Fondo Poder Legislativo, Serie Comisión de Gobernación, septiembre 6 de 1826 AHEZ. Fondo Poder Legislativo, Serie Comisión de Gobernación, septiembre 6 de 1826).
Su primer director fue el español procedente de Guanajuato, José Hidalgo y Ortega. Solo duró un año en el cargo pues se conflictuó con su auxiliar, golpeaba a sus alumnos y los padres de estos se quejaron con las autoridades que terminaron destituyéndolo.
A Hidalgo de Ortega le sucedió Manuel Arenas, siendo este el primer director encargado o interino de los tres que tuvo hasta 1831. Periodo caracterizado por las carencias presupuestales, relativo abandono y el pobre desempeño académico.
Después de Arenas, ocuparía el cargo Ignacio de Zaldúa, celebre en su gestión por las tribulaciones que pasó ante las autoridades porque no le pagan su sueldo ni aportaban los recursos para reparar la escuela.
A Zaldúa lo sucedió Andrés Sánchez, quien siendo a la vez interino vendría a ser el auxiliar de Ignacio Ribott a su llegada en 1831, quizá el director mas ilustre y preparado de los que tuvo la Normal en su primera etapa.
El habanero de ascendencia francesa, Ignacio Ribott, una vez que firmó la “contrata” con el gobierno del estado inicio las clases del que sería su primer curso a la que acudieron ciudadanos de las cabeceras de los respectivos partidos a fin de que se prepararan como preceptores en el método lancasteriano, el 1° de junio de 1831. Dicha “contrata” se apoyaba en el Art. 2° del decreto del 17 de febrero de 1831, (AHEZ. Fondo Jefatura Política, Serie Instrucción Pública. Subserie Generalidades. “Copia certificada de la contrata entre Ignacio Ribot y el gobierno del Estado”, 22 de febrero de 1832).
Ribott no se escapó de llevar una vida azarosa como sus antecesores. Retomó algunas de las propuestas pedagógicas de Hidalgo de Ortega, pero su aportación personal estuvo en la redacción de un método para el establecimiento, arreglo y programas de los ramos de enseñanza de acuerdo con el método lancasteriano con el título “Reglamento de enseñanza mutua…”.
También redactó un Vademécum matemático dedicado a los jóvenes zacatecanos, breve manual sobre la enseñanza de la aritmética básica.
Con Ribott ocurre la primera refundación de la Normal al adquirir un carácter de institución formadora de docentes, pues los alumnos que tuvo eran preceptores en servicio que acudieron becados con un peso diario para aprender el método lancasteriano y regresar a sus lugares de origen a enseñarlo en sus escuelas de primeras letras.
En febrero de 1832, después de que había transcurrido más de un mes y medio en que concluyó el primer curso de la clase de enseñanza mutua, tres de los miembros de ese grupo: Ramón del Castillo, Feliciano Yáñez y Luis Sánchez, procedentes de los partidos de Fresnillo, Juchipila y Pinos respectivamente, dirigieron una carta al presidente y vocales de la Junta Directiva de Enseñanza Pública en la que se quejaban de los malos tratos y del genio rijoso del director. Agregaban que se negaba a recibirlos y liberarlos para regresar a sus destinos. Eso llevó a una investigación que terminaría con su destitución al encontrarlo culpable de lo que se le acusaba.
Después de Ignacio Ribott ocuparía el cargo como director don Tomás Herrera. Entre los méritos con los que contaba se encontraban el que desde 1825 había sido director de la Normal Lancasteriana de la ciudad de México y autor de los carteles publicados por la Imprenta de Galván.
En el tiempo de Herrera la Normal se cambio al edificio del Colegio Seminario de San Luis Gonzaga. Del fin de la Republica federal hasta el fin de la dictadura de Santa Ana hay poca información sobre la institución.
Los ramos de enseñanza con los que se instruía a los alumnos eran los de lectura, escritura, aritmética, moral cristiana y moral cívica.
En la celebración de sus 200 años de haberse fundado, ¡larga vida para la Escuela Normal de Zacatecas!



