Las inusuales y crecientes lluvias torrenciales a nivel mundial, causantes: del desbordamiento de ríos y presas, inundaciones, víctimas, pérdidas materiales enormes… son manifestaciones de que en el medio ambiente hay una mayor cantidad de energía que siempre busca la manera de disiparse. El exceso de energía se debe al creciente consumo mundial de energía. Mientras que la población mundial crece con una tasa del 1.16%, el consumo mundial de energía lo hace con una tasa del 1.5%, pero las emisiones de CO2 a la atmosfera -el gas más abundante entre los que producen efecto invernadero y el calentamiento global- aumentan 2.1% por año.
El mundo moderno es como un auto, que, para funcionar cada día consume más energía y produce más contaminación; digamos un auto que cada día consume más aceite y por tanto humea.
El exceso de energía del calentamiento global produce una mayor evaporación de agua de los océanos, mares y lagos, que se convierte en nubes, cada año de mayor tamaño, aumentando la frecuencia y potencia de huracanes, ciclones y tifones.
Se dice que el agua nunca sobra. Cierto, las lluvias limpian la atmosfera y la vegetación, recargan las presas, los campos se enverdecen, y no en forma instantánea, sino que a mediano plazo, se recargarán los mantos friáticos, cosas todas benéficas. Todo eso se ve y se oye bien, pero no todo es color verde.
Las lluvias limpian la atmosfera y las calles, pero todo eso que aparentemente se limpia no desaparece, simplemente pasa de un lugar a otro. La ley de la conservación de la masa y la energía siempre se cumple.
Las lluvias restablecen la vegetación y aumenta la capacidad de captación de CO2 por efecto de fotosíntesis. Pero esa captación no logra revertir la acumulación de CO2 porque las lluvias solo se producen en la troposfera, es decir a menos de 10 km de altitud y la mayor parte de los gases que producen efecto invernadero están distribuidos entre los 10 y 70 km y principalmente en la estratosfera. Pero bueno, diríamos que la lluvia es buena, mientras no nos ahoguemos.
La lluvia arrastra el CO2 y los contaminantes de la atmosfera al agua, pero con ello disminuye el pH del agua y se convierte en lluvia acida, que no es nada buena para la producción agrícola y que hace más complicada la potabilización el agua.
Cuando los ríos se desbordan, se inundan ciudades se destruyen puentes, carreteras, viviendas y comunidades; arrastrando escombros, autos, basura, y deshechos… El arrastre de todo eso tiene entre sus destinos las orillas de arroyos, ríos y presas y como destino final los océanos y mares.
Esto implica que la contaminación tanto de la atmósfera como del medio ambiente solo pasa de un lugar a otro y la descontaminación es cada vez más titánica y costosa, digamos imposible. Y uno de los destinos finales de los contaminantes son nuestros alimentos y los de las generaciones futuras.
Todo mundo debía de entender, que es más fácil y económico recoger y reciclar basura que descontaminar cunetas, arroyos, ríos, presas y que el mar es imposible de descontaminar.
Cierto, las inundaciones ponen de manifiesto que no ha habido suficiente prevención o una correcta visualización sobre la multiplicación de estragos debidas a los cambios climáticos y de que los criterios de urbanización y planificación y respeto por el medio ambiente no se han seguido, ya no son suficientes, son obsoletos, o se han ignorado o ni siquiera existen, o se han evadido en el caso de asentamientos irregulares. Sería un tema a revisar, donde habría que poner más énfasis en encausamiento de rutas pluviales, construcción de represas, y sobre todo cultura, porque muchas de las inundaciones se deben a la acumulación de basura en alcantarillas.
Otro de los detrimentos de las lluvias torrenciales es el empobrecimiento de las tierras de cultivo y los siniestros en la agricultura. El desbordamiento de las aguas produce una enorme erosión, arrastrando tierra fértil y cultivos, con consecuentes perdidas enormes en la producción agricultura inmediata, pero con consecuencias impredecibles a futuro. ¿Cómo recuperar la fertilidad de las tierras de cultivo? ¿Quién se hace esa pregunta?
Las devastaciones causadas por las inundaciones suelen ser cruciales y siempre afectan más a las poblaciones y países más pobres. Todo implica pérdidas materiales y sobre todo modificación del hábitat. Para los países del primer mundo, por más graves que resulten los efectos de las inundaciones, los daños pueden representar tan solo una fracción pequeña de su PIB; mientras que para países pobres pueden significar varias veces su PIB anual.
Esto nadie lo ve. Para el mundo capitalista – o sea todo el mundo- las prioridades no son el medio amiente, el planeta y los problemas que pesan en el tercer mundo. Los líderes occidentales están atascados y enfocados en la economía de guerra, que además de lo inhumano y terrorífico, es la forma más aberrante de contaminar y desperdiciar materiales estratégicos, ciencia y tecnología.
Desde la COP 15 de Copenhague 2009 se ha reconocido que la responsabilidad de los cambios climáticos recae en mayor mediada en los países industrializados, que han utilizado mayor cantidad de energía y han liberado mayor cantidad de contaminantes a la atmósfera. Desde entonces se propuso constituir un fondo de 100 mil millones de dólares para ayuda a países pobres devastados por las catástrofes climáticas. Lo lógico sería que las primeras potencias del mundo fueran las que más debieran aportar para ese fondo puesto que han sido los mayores beneficiados de la industrialización.
Lo decepcionante es que en la COP 28 de Dubái 2023 se llegó a la conclusión que solo había posibilidades de reunir mil millones de dólares.
Sin embargo, el 20 de abril l 2024, todavía con Biden, Estados Unidos aprobó una ayuda de 95,000 millones de dólares de ayuda a las guerras, de Ucrania, de Israel y a la defensa de Taiwán. Antes se habían destinado más de 200,000 millones de dólares para apoyar a Ucrania y atizar una guerra que no debió haber estallado y que pudo haberse detenido a la tercera semana de haber iniciado.
Las catástrofes derivadas de los cambios climáticos pueden ser noticias de tan solo un día o una semana, mientras se prolongan las guerras irracionalmente y se prolonga el sufrimiento, la agonía y el terror de cientos de miles de gente inocente.
Para quienes creen que definen el tablero geopolítico mundial, no importa la infinidad de muertes, ni la pulverización de países y su forma vida, mucho menos importa la lucha por salvar al planeta, lo que importa es la lucha por la supremacía mundial cueste lo que cueste.



