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¿Por qué las juventudes?

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Por: ARMANDO GARCÍA NERI •

La violencia y la delincuencia juvenil no son fenómenos aislados. La criminogénesis adolescente es la manifestación de una compleja red de factores históricos, económicos, sociales e institucionales. Comprender esta realidad desde una perspectiva holística y basada en evidencia es el primer paso para construir una sociedad más justa y segura.

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Es crucial entender que el crimen no es solo una acción ilegal, sino una transgresión de normas sociales influenciada por el contexto y las interacciones humanas. La violencia se define como cualquier acción intencional que causa daño físico o psicológico o que priva de derechos, mientras que el delito abarca toda acción que infringe las leyes, socavando la seguridad y el bienestar.

Un Telón de Fondo Crítico: La Realidad Latinoamericana

La experiencia mexicana y latinoamericana nos ofrece un telón de fondo crítico. Lamentablemente, la región es la más violenta del mundo, albergando el 9% de la población global, pero concentrando el 33% de la tasa de homicidios mundiales. Esta realidad no es casual. Ha sido moldeada por profundas transiciones económicas, como el agotamiento del modelo de industrialización por sustitución de importaciones en 1982 y la subsecuente adopción del neoliberalismo. Estos cambios generaron problemas sociales persistentes como la pobreza, la precarización del empleo y la migración, que se han agudizado con el tiempo, propiciando fenómenos como la violencia y la delincuencia. La profunda desigualdad es, sin duda, un factor determinante que incentiva estas condiciones.

Desde una perspectiva criminológica, diversas teorías nos ayudan a desentrañar los factores de riesgo en adolescentes:

  • Pobreza y Desigualdad: La carencia absoluta de recursos económicos, que impide satisfacer necesidades básicas, incide directamente en la delincuencia. Aún más relevante es la privación relativa, la percepción de sentirse más pobre en comparación con otros. Esta sensación de injusticia y frustración es particularmente peligrosa en sistemas capitalistas, pues puede llevar a comportamientos delictivos y a la búsqueda de oportunidades a través de vías ilícitas.
  • Desorganización Social: La teoría ecológica del crimen nos enseña que los barrios con estructuras sociales débiles y sin instituciones fuertes —conocidos como «zonas de transición»— son caldos de cultivo para la delincuencia juvenil. La falta de control social, la proximidad a zonas industriales y los altos índices de desempleo y deterioro urbano empujan a los jóvenes hacia conductas antisociales.
  • Anomia: Los cambios sociales drásticos y las crisis económicas pueden desmantelar las normas y el orden social, generando una dolorosa pérdida de apoyo y de parámetros de comportamiento. La incongruencia entre las expectativas de logro personal y las limitadas oportunidades disponibles produce desesperanza y frustración, elementos clave en la criminogénesis adolescente.
  • Asociación Diferencial: Esta teoría desmiente la noción de un «criminal innato». El comportamiento delictivo se aprende a través del contacto con personas de conductas desviadas. Mientras que el arraigo social y el compromiso con valores positivos son preventivos, la estigmatización y la exclusión pueden llevar a los adolescentes a buscar pertenencia en subgrupos delictivos, convirtiéndolos en delincuentes y reincidentes.
  • Factores Biosociales: Si bien factores biológicos (como hormonas o carga genética) y psicológicos (personalidad, procesos cognitivos) influyen, es crucial entender que no actúan de manera aislada. Su interacción con el entorno social y cultural es la que determina la predisposición al crimen.

La Debilidad Institucional como Factor Preponderante

La debilidad institucional es otro factor preponderante. La inestabilidad del Estado, la alta desconfianza y la falta de cohesión social, junto con la ineficacia de las reformas administrativas orientadas por el neoliberalismo, han demostrado ser insuficientes para resolver problemas complejos. Un Estado burocráticamente ineficiente, incapaz de cumplir su función de legalidad y sordo a las demandas de equidad, perpetúa las desigualdades. Para fortalecer el Estado de Derecho y garantizar una respuesta efectiva, es esencial la coordinación y colaboración entre actores e instituciones en el marco de una «gobernanza criminal».

En suma, la violencia y la delincuencia en adolescentes no pueden abordarse con soluciones simplistas o meramente punitivas. Requieren una comprensión profunda de cómo los legados históricos, las políticas económicas, las estructuras sociales y las deficiencias institucionales se entrelazan para crear entornos donde la criminogénesis es una consecuencia previsible.

Desde la política pública, nuestro desafío es diseñar e implementar estrategias integrales que promuevan la equidad, fortalezcan el tejido social, generen oportunidades reales y reformen nuestras instituciones para que sean capaces de proteger y desarrollar a nuestra juventud. Ignorar esta complejidad es condenar a las futuras generaciones a un ciclo de violencia y exclusión.

@armandogn_zac

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