Al inicio del nuevo milenio, el sindicalismo universitario se encontraba sujeto a tensiones y presiones tanto de la SEP/ANUIES como de las autoridades universitarias, ante la reestructuración en curso impuesta por la situación crítica de la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ). La Institución atravesaba por circunstancias que no admitían explicaciones rápidas, fáciles ni unicausales. Al déficit financiero se agregaba el adeudo histórico al ISSSTE y la SHCP. La restricción presupuestaría a la UAZ y en general a la universidad pública, se sumaba al tope salarial al que habían estado sujetos los trabajadores de 1987. Sin pasar por alto, el papel que jugaba la forma administrativa, de organización y el modelo académico tradicional que aún prevalecía, a pesar de reformas y ….
En estas circunstancias los integrantes del Sindicato del Personal Académico de la Universidad Autónoma de Zacatecas (SPAUAZ) tenía claridad de que las mayores o menores perspectivas de futuro de la Universidad y por ende del Sindicato guardaban una relación directa con la profunda reestructuración económico-social en la que se encontraban insertos. El SPAUAZ debía atender esta nueva realidad: estábamos lejos de los años de crecimiento, lejos de las condiciones políticas y de movilización de los años setenta basados en la confrontación contra el Estado, lejos de aquellos años en los que se daba absoluta prioridad al aumento salarial y al crecimiento de la planta docente sin la restricción de su calidad – lo que se había convertido en una demanda de primer orden –, lejos de los años en que el ingreso económico de los profesores se daba por la vía contractual – el aumento salarial ya no dependía del grado de organización y combatividad del Sindicato, sino de la dedicación y rendimiento individual de los docentes –; lejos, en fin, de los años de gran politización, organización y motivación de la base de sindicalizados.
Las diferentes circunstancias, la desmotivación y desánimo del SPAUAZ, imponía nuevas líneas de acción estratégica sindical. La crisis social y la crisis educativa –el decaimiento académico– se alimentaban mutuamente por muchas vías, una muy poderosa era el efecto que sobre los ánimos y expectativas de los docentes universitarios ejercía el futuro de una sociedad envuelta en crisis de largo plazo.
Las restricciones materiales y las políticas institucionales no abonaban a la innovación académica, a los cambios en la práctica docente al ofrecer preferentemente contratos a tiempo determinado. Se argumentaba que era para facilitar la unión entre experiencia en el trabajo y relación con los alumnos, sin tener en consideración que la docencia es una ocupación de tiempo completo. Además, había centros en los que la mayoría de los docentes eran de hora clase, trabajadores académicos a destajo sin posibilidades de superación académica y estabilidad laboral. Hechos que por sí solos reducían enormemente la viabilidad de cualquier proyecto de innovación académica, de recuperación salarial y de mejores condiciones de trabajo.
El SPAUAZ debía enfrentar una demanda central: la lucha por la estabilidad en el empleo, por la permanencia, formación y promoción en aras del desarrollo académico integral. Ante la inevitable reestructuración el SPAUAZ tenía tres respuestas posibles:
- La pasiva, que era aceptar unilateralmente la reestructuración del Contrato Colectivo de Trabajo (CCT) y la flexibilidad no negociada.
- Negociar y flexibilidad con bilateralidad. En esta alternativa otros sindicatos tuvieron la sensibilidad suficiente para entender que la simple contestación sin propuesta, la sola oposición a la modernidad –en esas condiciones– era una táctica condenada al fracaso. Asumieron los retos de la calidad y productividad que implicaron cambios en sus CCT.
- El sindicalismo independiente marchaba entre la flexibilidad unilateral y la negociación de los cambios. De lo que se trataba era de conformar una nueva cultura laboral de responsabilidad compartida; aceptación de la movilidad interna aceptada; que el Sindicato incidiera en la modernidad del proceso productivo intentando vincular salario con productividad, reivindicando la iniciativa, la creatividad y la eficiencia de los trabajadores; incorporando a los trabajadores en el diseño, organización y evaluación del proceso del trabajo; aceptando los estímulos a puntualidad, asistencia y desempeño en el trabajo –contra la cultura de la irresponsabilidad–; capacitar para ascender; la aptitud como criterio básico de ascenso y estímulo a las nuevas calificaciones; el aumento al nivel de vida mediante el desarrollo formativo, académico e intelectual; …
Estas propuestas fueron fuertemente criticadas por un sector del sindicalismo independiente, tachándolas de reformistas, pro patronales…; la calidad, la productividad y la reestructuración las veían como simples pretextos para afectar los derechos de los trabajadores. Rechazaban tajantemente cualquier flexibilidad, reproduciendo así la lógica de la denuncia contestataria de los años setenta, aunque en ese tiempo –con condiciones diferentes– con poca efectividad. Por el contrario el otro sector consideraba que no se asimilaban los cambios de los últimos 20 años; que no se reconocía que la crisis era una realidad actuante, que la restructuración era necesaria para mantener la fuente de trabajo en las nuevas condiciones económicas y políticas.
Para el SPAUAZ un problema decisivo en ese momento consistía en definir si debía ser agente activo de los proyectos de cambio, en el aumento de la productividad y calidad o no. Como parte del sindicalismo independiente autónomo no se subordinaba ni a la SEP ni a la alta burocracia universitaria; buscaba mejores condiciones laborales y de ingreso para los docentes sin afectar la productividad y calidad, pues el destino de la Universidad estaba en juego.
Revindicar la cultura laboral de la eficiencia, productividad y calidad siempre que la Institución estuviera dispuesta al proceso de profesionalización y basificación, definido de forma bilateral. Reconocer la importancia de lograr mejores condiciones presupuestales y materiales de la Institución para los trabajadores universitarios, en contexto de penuria económica, de restricción presupuestal.
Estas propuestas –entre otras– no eran propuesta fatalistas ni deterministas, ni pasivas ni mucho menos triunfalistas. Eran un no a la simple denuncia de los efectos de la reestructuración, o su aceptación sin programa alternativo. La meta mínima en el futuro próximo era el reconocimiento del Sindicato como interlocutor válido en los planes de productividad y calidad y que se reflejaran en el salario o ingreso de los docentes.
Las propuestas demandaban una amplia democracia e información entre los docentes para evitar entre otras cosas que, ese involucramiento en productividad y calidad no se compaginara con crecimiento salarial real y que nos condujera a una mayor diferenciación, des homologación y polarización; modernizados y con bajos salarios. No había nada garantizado; se observaban gérmenes de lo nuevo y lo viejo predominaba o no acabada de desaparecer.
El SPAUAZ es el resultado de una lucha permanente por parte de sus fundadores, los que con un espíritu de solidaridad, consistencia y tenacidad lograron su reconocimiento por parte de la Autoridades Universitarias, lo que las viejas generaciones no deben olvidar y las nuevas tomarlo en cuenta antes de atentar en su contra.
Se parte de la Unidad Académica de Ciencia y Tecnología de la Luz y la Materia (LUMAT). Informes:
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1Docente Investigador de la Unidad Académica de Ciencia y Tecnología de la Luz y la Materia. LUMAT



