La búsqueda compulsiva por dar nota, llevó a la senadora panista Lily Téllez a llamar a la intervención extranjera durante una entrevista con el medio estadounidense Fox News hace unos días.
Su declaración viene luego de que los panistas se quejaran de que en plazas públicas y redes sociales les llamaran “vendepatrias” por sus posiciones y votos pro empresas extranjeras, particularmente en materia energética tanto desde el poder legislativo como del ejecutivo en su momento. Poco aprendieron.
Cegados en su propio juicio, no perciben que la coyuntura política en Estados Unidos y el estilo hostil de su mandatario ha generado cohesión entre los mexicanos que residen en aquel lado de la frontera como es notorio en las manifestaciones, la aparición de banderas y la recuperación de la música mexicana en las calles estadounidenses.
Naturalmente, el efecto no tiene la misma dimensión en el terreno mexicano, en gran medida porque no se siente el mismo nivel de peligrosidad, pues hasta ahora las diatribas del presidente son generalizadas a muchos países, y son intermitentes, por lo que son tomadas cada vez con menos seriedad.
Incluso cuando las amenazas se han materializado, como ocurrió con los aranceles, México ha mantenido la calma y ha sorteado el temporal porque así lo ha hecho quien tiene el timón a cargo. El resultado es exitoso, hay récord de inversión extranjera en México, el crecimiento económico permanece, y si duda cabe basta ver cómo le va a otros países del mundo con la elocuente fotografía de los líderes europeos en la sala oval.
Pero, aun así, algunos sectores de la oposición, los más cercanos a la derecha por cierto, ya no tienen más esperanza que la imposición extranjera. Pareciera exageración pero no lo es. El presidente de Acción Nacional dijo en un programa de radio que “lo que le falta a la oposición es literalmente ya la violencia”; Eduardo Verastegui sueña con que Donald Trump lo haga presidente de México, y sus simpatizantes imposibilitados de ganar elecciones decretan que “Trump es la esperanza de México”.
Temerosa de quedarse atrás, Lily Tellez va más lejos y clama por la “ayuda” de Estados Unidos para enfrentar el narcotráfico, ese pretexto que el imperio americano proyecta en estos lares y momentos del mundo toda vez que los otros: el comunismo y el terrorismo son más apropiados para situaciones más lejanas temporal y geográficamente.
La dimensión del error y gravedad de la declaración de la senadora panista generó que uno de sus aliados naturales, el senador Rubén Moreira, se desmarcara de ella argumentando que: “uno no puede generar tentaciones a una potencia extranjera” y que ésta obedece a sus propios intereses, no a los nuestros.
La declaración de la senadora no es casual ni es menor; es un paso más en la bien conocida coreografía de generar un problema, y luego llegar con la “solución”.
Ya son muy pocos los que se tragan ese hueso. Si existiera interés real por combatir las drogas en Estados Unidos por inicio de cuentas se prevendría y atendería el consumo, pero también se tendrían medidas reales y efectivas contra los lavadores de dinero y las empresas que arman a los cárteles para hacer posible el tráfico de estupefacientes.
No hay siquiera los castigos ejemplares que la sociedad busca encontrar en las prisiones estadounidenses como lo demuestra la situación de los familiares más cercanos de los líderes del cartel de Sinaloa que se mantienen en prisión un tiempo mínimo en contraste con lo que pasarían en México, eso sí, a cambio de información estratégica del interés de Estados Unidos, y sería muy ingenuo creer que éste se limita a la delincuencia organizada.
La gravedad de las declaraciones de la Senadora, obligan a la exhibición y el repudio, pero no llegan a causar temor porque su fuerza es más mediática que política. Pero también, y sobre todo, porque tanto los propios como los extraños reconocen la mejoría en materia de seguridad y el combate en la delincuencia organizada en este gobierno.
Se hace mucho pero jamás será perfecto. Y aún si lo fuera, encontrarían el pretexto.



