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Mis últimas clases de griego, sobre Han Kang, Premio Nobel de Literatura

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Por: DANIEL SIBAJA* •

La Gualdra 680 / Literatura

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[Parte 2, Los ojos]

Alimenta al cuervo para que te saque el ojo.
Refrán griego

 

Los ojos
No puede ser que un estudiante tenga más control emocional que tú. Pero esto es sólo una evaluación para mejorar. Te recuerdo, todos tenemos una retroalimentación. No tienes iniciativa en tus guardias, no tienes autoridad y ahora hay que trabajar en conjunto con otros profesores para realizar proyectos interdisciplinarios. Mira, estos apuntes son nuestras áreas de crecimiento. No puedes involucrarte tanto con tus estudiantes, no hay que tener favoritos. Además, no cumpliste con tus objetivos y sigues fallando en esto desde el 2022, son tres años con lo mismo. Tus proyectos sobresalieron, en lo académico está todo bien. Pero en lo emocional… Si estás en desacuerdo con algo, puedes escribirlo en este espacio de la página…

Mis oídos no fueron testigos de una simple vida. Quise dejar de escuchar los rumores de mi persona en los pasillos del colegio. Pude contenerme, sin tirar la toalla. Escribo esto después de no llorar. Luego de un año lleno de avances personales, de nostalgias y de adioses. Así abro de nuevo La clase de griego (2023) de Han Kang, una vez decapitada mi cabeza llena de palabras sobre la mesa. Descubrí que no podré ser suficiente ante algunas cuantas personas. Jamás. Pero sí podré construirme otro sitio, y he de mirarlo hecho verdad.

Incluso en la época que podía hablar, ella era una persona de voz queda / Y ella no deseaba amplificar de ese modo su persona / […] bajo el sol del patio descubrió los fonemas de su lengua materna / ¿Se acuerda por casualidad del primer sueño que tuvo? / Podría hacer pequeños agujeros en cada una de las letras. 

Esos meses del 2025 diseñé mi último examen de griego. Era difícil ajustar el alfabeto a las necesidades de mis alumnos, cuando los compañeros del trabajo me juzgaron por impulsivo e indiferente. Por ejemplo: …la señorita φ tenía una neurodiversidad particular y era complejo comunicarse con los otros, el muchacho ω venía de Francia y era arduo traducir los ejercicios de la prueba, la señorita π era muy organizada y no cabía duda de su talento, en cambio, el señor μ inició a consumir tabaco y su empleo de medio-tiempo por las tardes lo trasnochaban; a quien nunca voy a olvidar es al señor λ, quizá fui duro con él, pero en el transcurso de los meses se convirtió en el mejor de la clase, sacando todos los puntos de la prueba escrita. 

—¿Qué es? ¿Un poema? ¿Un poema en griego? / —¡Profesor! —exclama el joven estudiante de filosofía—. ¡Mire el poema que ha escrito en griego! / A veces me quedo pensando / en lo extraño que es formar parte de una familia / en lo extrañamente triste que es eso / Cuando apague la lámpara, vendrá la oscuridad / la noche de mis ojos, que es más oscura que la brea, que es casi la misma con los ojos abiertos o cerrados.

—Te recuerdo que yo también tengo a mi padre enfermo —dijo la directora de la sección—. Y no mezclo mi vida personal con el trabajo. Lo primero son los estudiantes y como colegio debemos protegerlos. Tienes que entender que esto sólo es un empleo pasajero, no nos quedaremos aquí toda la vida.

Descubrí que en este sitio nadie comprendería todos mis sueños en griego, tampoco la manera de desempeñarme, nada de lo que hiciera cambiaría las cosas, nada detuvo mis palabras esparcidas por el viento, mi inestabilidad, mis proyectos, mi propia forma de ver la vida. Terminé mi Club de lectura sobre esta novela surcoreana en el Márago Coffee de la Emérita, con muchas personas nuevas interesadas por los libros de Han Kang. Descubrí también que me había equivocado, el hombre de la trama no era un viejo, sino un joven profesor como yo, que perdía la vista aceleradamente. 

¿Y qué es eso? ¿Eso de color morado oscuro? Ah, es el mar. Y eso blanco es el hielo. Son los glaciares. ¡Oh, ahora mismo está nevando! ¿Lo ve? Esos puntitos blancos que brillan… ¿No lo ve? 

Hoy tengo una fobia al mar y no sé desde cuándo no me cabe en la cabeza ir a la playa.

Resplandor.
Penumbra.
Sombra.
[…] porque te añoré con locura deseando que tú no fueras tú.
Lo intenté desequilibradamente anhelando que Daniel no fuera ese Daniel. Y lo traté de hacer todo con lo mejor que pude. —¿Puede oírme? Aquí estoy, soy Daniel, ¿Hay alguien más arriba? Tengo tus libros guardados en el segundo piso. Se me han roto las gafas y tengo muy mal la vista… Toma mi mano. ¿Podría llamar a alguien? No estás solo, hay un lugar para ti, necesitas esperar un poco más. Necesito un taxi para ir a una óptica antes de que cierren… Lo intentaste, hiciste lo mejor para todos ellos. ¿Puede oírme? Hoy no fue suficiente, Daniel, no fuiste suficiente para estas personas. 

Han Kang tiene ese poder de envolver la lectura en un estado luminoso, blanco y endeble. Su escritura pudo unirme a varias personas nuevas en mi vida. Creo en el poder de las palabras desde que era un niño. Reconocer una lectura en grupo junto a su obra fue el regalo más lindo después de quedarme desempleado. Lo vi en una fotografía del Club de lectura, ahí estaba, en esas hojas y las sonrisas de mi gente. 

—Esto es por tu bien —dijo el principal director del colegio—, pero si decides no firmar e irte a conciliación, temo que debemos cerrarte las puertas de esta institución. Estamos en crecimiento y sabes que ésta será tu casa. Lamentablemente siempre te vas a encontrar con personas así toda la vida y tienes que aprender a vivir con eso. Espero que escribas un libro sobre esta experiencia. Que veas esto como una oportunidad más que como un fracaso. Te debo todavía el código de reglamento que diseñaste. No te sientas mal si cuando regreses hayamos implementado todas tus ideas. Discúlpame, en serio, por no darte todo mi apoyo. Espero que estés muy bien. 

—En la sala de urgencias se oían demasiadas cosas al mismo tiempo / Ella percibe que sus pausas y los ruidos de los insectos se entrelazan en un curioso desfase rítmico / Ella recuerda a las personas que ha visto en la sala de urgencias de un hospital / Se intercala de nuevo el silencio, y esta vez suenan primero los chirridos, como rasgueos de un instrumento tradicional de cuerdas / —Cuando supe que un día perdería la vista, le pregunté a mi madre si todo se volvería completamente oscuro…

 

El libro de La clase de griego (2023) me vio perder muchas cosas en el camino. De pronto tu dedo índice empezó a escribir algo en mi hombro desnudo. Tuvimos ganas de llorar. Pero no quisimos llorar. Pudimos ver la voz de todos mis estudiantes esparcidos por el aire. Es verdad, no sé hacia dónde voy. El silencio nos fue cubriendo las rodillas, la cintura, y por fin, como también Han Kang lo escribió, las palabras comenzaron a caer de nuestros ojos hacia la cara. Juro que volveremos a levantarnos, querido lector, que estas palabras nos escuchen en la quietud. Y que encontremos pronto otro libro más en nuestros cajones: …para leerte y escribirte, antes de que todo haya desaparecido. 

Daniel Sibaja (Mérida, Yucatán, 1997)

 

Ver la Parte 1 de este texto en: https://ljz.mx/09/05/2025/mis-ultimas-clases-de-griego-sobre-han-kang-premio-nobel-de-literatura/

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_680

 

 

 

 

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