A propósito de argumentos que han vertido algunos académicos sobre la viabilidad técnica de la construcción de la presa Milpillas, el Movimiento en Defensa del Territorio y del Río Atenco y la Red de Afectados por la Minería (REMA) afirma que estos carecen de evidencias científicas que los respalden y, por el contrario, el estudio de factibilidad tiene omisiones y contradicciones según lo han documentado otros especialistas.
Refirieron que especialistas de la Unidad Académica de Estudios del Desarrollo de la BUAZ han documentado, con base en los datos empíricos y el análisis científico, que el estudio de factibilidad de la presa Milpillas está plagado de afirmaciones falsas, omisiones y contradicciones.
Indicaron que, según datos oficiales de la Conagua, los cinco acuíferos de la región centro de Zacatecas (Aguanaval, Benito Juárez, Calera, Chupaderos y Guadalupe-Bañuelos) tienen un déficit total de 262.5 millones de metros cúbicos anuales, mientras que la presa Milpillas apenas pretende aumentar la oferta de agua en 41 metros cúbicos al año. Por tanto, no cubre el déficit ni permitirá la recuperación de los acuíferos, como se afirma en el estudio de factibilidad para justificar el proyecto. Además, tampoco aborda otras dimensiones de la crisis, como la distribución desigual del líquido vital.
Refieren que hay quienes sostienen que habrá beneficios para las comunidades directamente afectadas en el municipio de Jiménez del Teul, pero omiten el hecho de que el proyecto pretende desviar el 92 por ciento del caudal del río Atenco (también conocido como río Milpillas), asignándole a la cuenca un “objetivo ambiental tipo D”, es decir, un nivel incluso inferior a “un estado de conservación deficiente” que requeriría por lo menos un caudal ecológico del 10 por ciento.
“Ante ello, resulta ingenuo sugerir que la siembra de peces en el embalse y el ecoturismo pudieran beneficiar a las familias que viven río abajo, lejos del sitio donde se construiría la cortina. Estas familias dependemos del agua del río para satisfacer nuestras necesidades básicas, mantener nuestras actividades agrícolas de subsistencia y, en última instancia, sostener la vida misma”.
Desde su perspectiva, es posible que los ingenieros de la BUAZ que participaron de buena fe en la elaboración del estudio de factibilidad hayan concebido el proyecto principalmente para aumentar la oferta de agua destinada al consumo humano en el corredor Fresnillo–Zacatecas. Sin embargo, las sospechas de que beneficiará al sector industrial están bien fundamentadas, incluso por las contradicciones detectadas en el propio estudio. Allí se afirma, por ejemplo, que el proyecto pretende “ofrecer tandeos importantes a las actividades industriales y productivas del Corredor Fresnillo–Zacatecas” y que puede detonar “una serie de actividades agrícolas, habitacionales, comerciales e industriales en la zona”, “favoreciendo la actividad productiva de los sectores industriales, comerciales y de servicios”.
En cualquier caso, señalan que, aunque el agua de la presa Milpillas no se canalizara directamente al sector industrial o agrícola, es sabido que los grandes acaparadores de agua subterránea en la región centro de Zacatecas serían de los principales beneficiarios, pues se les garantizaría el acceso exclusivo al agua más asequible de la región, en particular la de mejor calidad que se encuentra en el acuífero Calera, lo que les permitiría seguir sobreexplotándola para la acumulación de ganancias privadas.
Además, afirmaron que existen alternativas viables basadas en una estrategia multifacética orientada a reducir la demanda de agua y a utilizarla de manera más eficiente y estas han sido planteadas por investigadores de la BUAZ comprometidos con los sectores marginados de la sociedad.
Entre ellas se encuentran: la reconversión productiva en el sector agrícola hacia cultivos menos demandantes de agua; la aplicación de principios de agroecología; un monitoreo real y riguroso de los usuarios de agua subterránea mediante el uso obligatorio de medidores y cobros escalonados según los volúmenes extraídos; el tratamiento y reúso de aguas residuales; la captación de agua pluvial; la reparación del sistema de distribución de la JIAPAZ, que actualmente pierde al menos el 40 por ciento del agua que recibe; la priorización del agua subterránea de mejor calidad (ubicada en el acuífero Calera) para cubrir las necesidades humanas básicas; y sobre todo la participación ciudadana en la gestión del líquido vital.
“En suma, no nos convencen los argumentos basados en apelaciones a la autoridad ni las promesas de beneficios condicionados a la aceptación de un megaproyecto que nos dejaría sin el agua necesaria para sobrevivir, que no tiene factibilidad técnica para resolver la crisis hídrica regional y que solo busca favorecer a los grupos de poder”, concluyeron.



