Hace unos días, el gobierno estadunidense actualizó su alerta de viaje para México, colocando a 30 de las 32 entidades federativas bajo algún nivel de advertencia. Entre ellas, Zacatecas fue catalogado en el máximo nivel de riesgo junto a Colima, Michoacán y Tamaulipas. En el papel, es una medida rutinaria de protección consular, pero en los hechos, es un gesto con hondas repercusiones políticas y económicas. Una especie de estigma que afecta la percepción internacional del país, disuade viajeros, encarece seguros y golpea la imagen de entidades que, como Zacatecas, registran avances notables en seguridad.
No es la primera vez que ocurre. En el pasado, estos avisos han sido emitidos en momentos de tensión bilateral, como cuando México fue presionado para desplegar su Guardia Nacional en la frontera sur, o cuando se amenazó con imponer aranceles si no se contenía la migración. Hoy, el contexto no es distinto. La nueva alerta se da justo cuando la relación con Washington atraviesa fricciones en tres frentes: drogas, migración y comercio.
Donald Trump, de regreso en la Casa Blanca, ha convertido al fentanilo en bandera política. Ha culpado a los cárteles mexicanos de la epidemia que azota a su país y ha insinuado incluso operaciones militares extraterritoriales. En migración, ha retomado la retórica de muros y sanciones, presionando a México para actuar como contención. Y en comercio, amenazó con un arancel general a las exportaciones mexicanas, justificando el déficit comercial y el “insuficiente” combate al crimen organizado. En ese tablero, la alerta de viaje funciona como instrumento de presión: es un mensaje político más que un diagnóstico medido.
Para entender este tipo de desplantes reabrí un par de textos básicos en las Relaciones Internacionales, en particular sobre realismo político. Hans Morgenthau, uno de sus principales exponentes, sostenía que la esencia de la política internacional es la lucha por el poder en anarquía, y que los Estados actúan movidos por su interés nacional, definido en términos de poder y seguridad.
El realismo nos enseña que las naciones, sobre todo las potencias, disfrazan sus ambiciones con argumentos morales: dicen actuar en defensa de la democracia, de los derechos humanos o, como en este caso, la seguridad de sus ciudadanos, pero detrás de ese discurso lo que prevalece es el cálculo frío de poder.
Así, la alerta de viaje no debe verse como un aviso precautorio, sino como una demostración de fuerza de la primera potencia mundial hacia un vecino dependiente. Es una forma de condicionar la relación asimétrica bilateral, de dejar claro quién pone la agenda y quién debe adaptarse. Estados Unidos utiliza el poder simbólico de la etiqueta roja para reforzar su narrativa: México es un país inestable, inseguro y bajo ese relato esconde presiones adicionales en migración, drogas y comercio.
Este episodio refleja también los estragos del liberalismo internacional y de la cooperación multilateral. Durante años se habló del “orden internacional basado en reglas” y de la interdependencia virtuosa. Hoy, lo que predomina es la realpolitik: sanciones, amenazas, aranceles y advertencias unilaterales. El regreso del realismo se nota en la rivalidad entre Estados Unidos y China, en la guerra en Ucrania, y también aquí, en la forma en que Washington trata a México.
Lo más lamentable es cómo algunos comentaristas connacionales se apresuran a convertir estas acciones en munición política. En Zacatecas, voces “críticas” celebraron el nivel máximo de riesgo asignado por Washington como si fuera una medalla, un argumento que “desmiente” los avances del gobierno estatal.
No son analistas serios, son comentaristas que reproducen acríticamente la narrativa realista de Trump, y le dan más peso dentro de México. Se convierten en cajas de resonancia de una estrategia diseñada para subordinarnos.
La crítica seria es necesaria y legítima, pero debe basarse en datos y contexto, no en teorías conspirativas ni en el coro fácil al guion imperial. Porque cuando se celebra que desde fuera nos señalen como inseguros, lo que se festeja en realidad es que a Zacatecas y a México le vaya mal.
La alerta de viaje no puede leerse como un hecho aislado. Forma parte de una estrategia de presión de Estados Unidos sobre México, inscrita en la lógica del realismo político que privilegia el poder sobre la cooperación. Al mismo tiempo, desnuda las fracturas internas de un país donde algunos prefieren desdoblar narrativas ajenas antes que reconocer los esfuerzos propios.



