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Bitácora Latinoamericana Un (ejemplo) salto de gato pinto

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Por: La Gualdra •

La Gualdra 678 / José de Jesús Sampedro / Literatura

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Por Miguel Donoso Pareja

Un (ejemplo) salto de gato pinto (Editorial Joaquín Mortiz, México DF, 1976) de José de Jesús Sampedro, ganó, en 1975, el Premio Nacional de Poesía que se lleva a cabo anualmente en Aguascalientes.

El libro, del que los editores señalan que “consigue un tono propio muy poco frecuente en mexicanas” y que es “logrado” y “renovador”, es difícil. En la introducción (ragtime), sin embargo, Sampedro nos da sus claves, en lo que, en nuestra opinión, se manifiesta una cierta desconfianza de los lectores y, por qué no, de los críticos. Su arte poético quedaría resumido en estos términos: “La poesía apareció de nuevo en medio de un intenso esfuerzo por significar la vida bajo búsqueda y consonancia de la revolución social, el inconsciente aparece como categoría poética: el hombre libre de fuerzas irracionales, la poesía hará suya la exigencia humana ya prevista, la transformación del mundo -primer objetivo- transforma también nuestra vida donde la poesía será al fin el centro, sin más”.

Esto, que en lo central tiene que ver por supuesto con los postulados surrealistas y la escritura automática, va en Sampedro bastante más allá, y el sentido global de sus textos no puede verse sino con un “sentido perceptivo” más acucioso. Como lo señala Serge Doubrovsky en Razones de la nueva crítica, “la profundidad de una obra […] tiene que ser entendida en el sentido perceptivo, del mismo modo como se habla de la profundidad de un campo visual, donde la multiplicación de los puntos de vista no agota nunca lo percibido y no llega nunca a esa visión plana y total que desplegaría ante ella su objeto. Por lo tanto, hay niveles de significación, definidos por el nivel de acuidad perceptiva. Y habría que recordar a Sartre cuando nos señala que “las mayores riquezas de la vida psíquica son silenciosas; la literatura está formada por tantos silencios como palabras; lo que la literatura dice adquiere su plenitud por medio de lo que no dice”.

Más directamente en relación con el lenguaje, Merleau-Ponty formula la cuestión así: “Lo que queremos decir no se encuentra ante nosotros, fuera de toda palabra como una pura significación. Es sencillamente el exceso de lo que vivimos con respecto a lo que ya se ha dicho”.

Nos encontramos, entonces, ante lo que es la esencia de la poesía de Sampedro: una ambigüedad que no se queda en los significantes (como sucedía con los dadaístas), ni se produce por ellos, sino una ambigüedad que se da por las características polisémicas de toda literatura de buena ley, por el exceso de significado que adquieren las palabras a partir de su sentido en la dinámica total del discurso.

Para un lector acostumbrado a la lectura “clásica”, esto es, “clara”, unívoca, el libro de Sampedro es difícil. Lo primero que dirán es que no se “entiende”, que es ininteligible.

Sin embargo, la poesía de Sampedro se siente, toca al lector no prejuiciado, lo conmueve, y llega hasta los excesos significativos de la otra parte importantísima de la escritura: el lector, sin el cual la escritura no existe o, por lo menos, no tiene ningún valor.

En este poema, por ejemplo, que leído linealmente, con el prejuicio de lo unívoco, no sería nada, hay una fuerte carga emotiva que toca al lector con facilidad si éste no se resiste:

                       “la menina de una metralleta escupe un
                                                                       (sapo
                       se dibuja tenue scorpio en el aeropuerto
                       apaciguado resplandor cae un helicóptero
                       a 14 kilómetros de aquí Phnom Penh
                                                                       (resiste
                      no ha de ser una ciudad bendita”.

Así, el libro de Sampedro podrá no ser entendido, incluso atacado, pero quedará. Como él mismo señala: “La poesía encuentra su identidad y la disuelve pero no la pierde”, porque el inconsciente, en la creación de Sampedro, no es un sistema cerrado, como en los psicoanalistas ortodoxos, sino abierto a las intercomunicaciones con el mundo exterior, con la historia, y su “surrealismo” no es tal sino una decantación de lo mejor que pudo tener dicho “ismo”.

* Tomado de La Estantería. Reseñario de poesía. En: https://resenariopoesia.wordpress.com/2012/08/22/un-ejemplo-salto-de-gato-pinto/
Este 2025 se cumplieron 50 años de que José de Jesús Sampedro recibiera el Premio Aguascalientes de Poesía; tenía 24 años cuando eso sucedió.

José de Jesús Sampedro nació el 2 de noviembre de 1950 en la ciudad de Zacatecas. Fue docente universitario, tallerista, autor de los libros un (ejemplo) salto de gato pinto (1976, Premio Aguascalientes 1975), Si entra él yo entro (1981), La estrella, el tonto, los amantes (1985), y No estar y estar y (2012). En 2018 recibió el Premio Iberoamericano Ramón López Velarde; en agosto del 2020 el Ayuntamiento de Zacatecas le otorgó la Medalla al Mérito Poético «Roberto Cabral del Hoyo»; ese año también fue nombrado miembro corresponsal de la Academia Mexicana de Lengua. Fue fundador y director del Festival y del Premio Nacional de Poesía Ramón López Velarde, así como del Premio Internacional del mismo nombre. Coordinó y dirigió desde 1974 la Revista Dosfilos; y fue editor de la colección de poesía Praxis/Dosfilos y de la colección de poesía y narrativa El Pez Soluble; dirigió también el suplemento Corre, Conejo. Falleció el 22 de julio de 2025.

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_678

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