Trayectoria profesional.
Más que la formación teórico pedagógica puesto que el oficio se aprende en la práctica lidiando con los problemas y superando las necesidades, en San Marcos lo que aprendimos y se nos quedó tatuado fueron la disciplina por el trabajo, el compromiso y el espíritu de servicio, el valor que encierra la amistad, el compañerismo, la solidaridad y la camaradería que juntos todos estos valores nos dan un sentido de identidad y de pertenencia.
Según datos que amablemente me proporcionó el compañero Rogelio Carrasco, célebre entre otras cosas por ser paisano de los Revueltas, del meritito Santiago Papasquiaro, Dgo., distribuidos equitativamente en tres grupos en nuestra generación egresamos 135:
En el Grupo A, procedentes de Tamatán, Tmps. 21, de Santa Teresa, Coah. 9 y de otras secundarias15.
Grupo B, procedentes de Tamatán, Tmps., 17, de Santa Teresa, Coah. 14 y de otras secundarias 14.
Y en el Grupo C, procedentes de Tamatán, Tmps. 14, de Santa Teresa, Coah. 10 y de otras secundarás 21.
Cabe hacer mención que de los santateresinos y los de la vertiente abierta, sus lugares de origen eran de Aguascalientes y de Zacatecas. En el subgrupo de “otras secundarias” se incluye a los que llegaron de la Secundaria de Huichapan, Hgo. Como lo fueron Nacho Leyva, Lamberto Zarate y el finado Manuel Muñoz.
En junio de 1975 después de titularnos egresamos con la plaza ya asegurada. En la misma Normal después de acreditar del examen profesional fuimos afiliados como soldados rasos de la educación. Lo que seguía era comernos al mundo con nuestros ideales, sueños y utopías; ir a las comunidades rurales a desempeñarnos como maestros de escuela primaria.
Se dice y es cierto que la práctica hace al maestro. Estando en la normal asistíamos regularmente a clases en las que escuchábamos devotamente a nuestros maestros que ya se sabían de memoria las clases a fuerza de repetirlas tantos años. No se actualizaban ni actualizaban los saberes que nos trasmitían, si bien se empeñaban en desarrollar en nosotros las habilidades de la ortografía y la caligrafía. Su sello era el discurso empírico del normalismo y el de la pedagogía de la escuela rural mexicana en la que el maestro debe asumir el compromiso, la mística y la entrega en favor de la comunidad a la que sirve siendo su principal gestor y agente del cambio. El sello de las clases eran las conferencias magistrales y el método el escolástico basado en la memorización. De ahí que los más estudiosos eran los más macheteros y los que memorizaban más los contenidos curriculares de los exámenes, lo que no les quitaba que fueran inteligentes. Ejemplos sobran.
Al llegar a nuestras comunidades cargados de ideas e ilusiones y con los consejos y orientaciones de nuestros maestros buscábamos cambiar el mundo, incidir en nuestro entorno inmediato. Con la praxis pedagógica y la experiencia acumulada día a día, fuimos aprendiendo y con ello madurando como profesores y como personas.
Al incorporarnos al servicio docente nuestros perfiles y entornos fueron diversos. Y como en la viña del señor hay de todo, en la G75 hubo una gran variedad y diversidad de los que serían nuestras trayectorias y destinos. De esta forma lo primero que hicieron muchos fue seguir superándose y actualizándose en la Normal Superior, algunos optaron por incursionar en la política partidista o sindical o en ambas al grado de llegar a ser dos de ellos Secretarios generales de sus Secciones sindicales. Los hubo a los que no les fue tan mal pues hasta diputados llegaron a ser, otros se desempeñaron como funcionarios en la administración educativa, otras más optaron por la academia y también los hubo, los más se desempeñaron como profesores de grupo; o bien hicieron carrera promoviéndose como directores o supervisores de primaria, secundaria u otros niveles educativos. No faltaron los que optaron por hacer otra carrera como la de médico y hasta licenciados tenemos, pues si Jongitud fue profesor y licenciado, ¿por qué en la G 75 no podíamos tenerlos?
Sin embargo, lo que nos distinguió fue nuestro compromiso con las comunidades, con los padres de familia y alumnos a los que servimos., nuestra responsabilidad y el permanente apego a poner siempre en alto el nombre de nuestra querida escuela Normal en la que nos formamos.
En nuestro andar vimos el derrumbe de la dictadura del partido casi único y fuimos testigos de la transición y de la alternancia democráticas neoliberales. Ahora estamos inmersos en la llamada Cuarta Transformación expectantes de ver un régimen que no acaba de fenecer y otro que no termina por definirse.
El tiempo no perdona y aunque duela reconocerlo somos ya una generación madura, sin que se tome el termino como despectivo o peyorativa, somos una generación de viejos setentones en su mayoría. Cincuenta años se han ido rápido y el tiempo se nos ha escurrido como agua entre los dedos de las manos.
Cuando nos estrenamos como profesores la oda eran las grabadoras y estéreos de casetes. Ahora, medio siglo después navegando en el watshap, entre el tic tok y el inminente arribo de la inteligencia artificial, achaques, dolores y enfermedades nos acosan. Con todo y eso, no debemos perder el ánimo. Quienes podamos y queramos debemos el esfuerzo por seguirnos reuniendo cada año y cuantas veces sea posible en grupos más reducidos.
Que viva San Marcos
Que viva la gloriosa Generación 75.



