En Zacatecas, el activismo LGBTIQ+ ha recorrido un largo camino: de la clandestinidad a la calle, de la invisibilización a las marchas arcoíris. A través de la música y la poesía, el litigio o la educación sexual, distintas generaciones han conquistado espacios en una sociedad aún marcada por el conservadurismo y la exclusión.
Durante las décadas de 1980 y 1990, los encuentros entre personas LGBTIQ+ ocurrían en la intimidad de casas particulares, ante el riesgo de redadas y detenciones arbitrarias por «faltas a la moral». En ese contexto surgió el colectivo Súper H – Movimiento Superación Homosexual, fundado por el empresario y activista Martín Uvario y otras figuras como «Chavita Travesti Show».
Este grupo pionero generó redes de cuidado y expresión cultural, además de participar en la organización de la primera Marcha del Orgullo en Zacatecas, que reunió a más de un centenar de personas.
A inicios de los 2000, comenzaron a consolidarse marchas anuales de la diversidad sexual en la capital. Paralelamente, surgieron colectivos con un enfoque cultural, como Hijas de la Luna, fundado por la artista y docente Sara Ortiz García. Este colectivo ha coordinado desde 2005 el Festival Cultural de la Diversidad Sexual, una apuesta por visibilizar a través del arte las expresiones LGBTIQ+.
En años recientes han surgido colectivos estudiantiles y de jóvenes con un renovado sentido de urgencia frente al recrudecimiento de discursos de odio y a las omisiones institucionales. Uno de ellos es Sangre de Tuna – Red Zacatecana por la Diversidad Sexogenérica, formado por activistas jóvenes que se reconocen como un puente entre generaciones.
Otro ejemplo es el Colectivo Inclusión Social Estudiantil LGBT (CISE LGBT), conformado principalmente por estudiantes de Psicología de la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ), que impulsan espacios seguros, visibilidad en el ámbito universitario y educación en diversidad sexual y de género.
También continúan vigentes otros grupos fundacionales como la Colectiva Lésbico Feminista de Zacatecas A.C., liderada por Paz Barrón Delgado, que ha tenido un rol protagónico en la organización de las marchas del orgullo, generando las Ferias Sociales y del Orgullo, una estrategia que articula servicios, bienestar y oportunidades de empleo para personas de la diversidad.
En el ámbito trans, destaca TRANSformando Vidas Zacatecas A.C., que participa activamente en foros y en el acompañamiento de personas trans en trámites legales y procesos de defensa de derechos.
En este entramado intergeneracional se ubica José Manuel Palma Márquez, de 26 años, integrante de Sangre de Tuna. Él creció en una época donde internet empezaba a ofrecer referentes; aun así, recuerda el silencio que marcó el encuentro con su identidad. Sin embargo, el joven destaca el impulso de colectivos y activistas pioneros, celebrando que su fortaleza creciera junto con él.
Palma Márquez observa que la revigorización del conservadurismo expresada en un odio militante hacia las disidencias sexuales y de género “está cobrando fuerza en el discurso global de las grandes potencias”. Aunque reconoce que en México y Zacatecas se puede refugiar en el discurso de izquierda que actualmente gobierna, advierte sobre la necesidad de acciones sustantivas.
Al menos un 53.5% de personas LGBTIQ+ ha experimentado rechazo o discriminación en instituciones educativas, y a las mujeres trans se les niega el acceso al empleo cuatro veces más que a las mujeres cisgénero (18.8 % frente a 4.3 %), lamenta el activista citando cifras recientes del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred).
Frente a esta cultura de exclusión que “ha normalizado que lo femenino y lo que no es parte del sistema patriarcal, no tiene valor”, José Manuel Palma destaca como Sangre de Tuna y otros colectivos se han convertido en familias que “entienden, escuchan y acompañan” a quienes incluso han perdido el cobijo de sus propios padres, madres, hermanos y hermanas.
En 2021, Zacatecas se convirtió en el estado número 25 en aprobar el matrimonio igualitario. En 2023 se promulgó la Ley de Identidad de Género que permite a personas trans corregir su acta de nacimiento. Y aunque se tipificaron los crímenes de odio en el Código Penal, muchos asesinatos de personas LGBT+ no se investigan con perspectiva de género.
La falta de justicia, el resurgimiento de discursos religiosos conservadores y la violencia estructural y cotidiana sigue marcando las vidas de las personas LGBTIQ+. Por eso, tras más de 20 años ininterrumpidos, las marchas del orgullo reafirman que cada cuerpo en la calle es resistencia, y que ninguna conquista está segura si no se defiende colectivamente: “Hasta que la dignidad se haga costumbre. Hasta que la libertad deje de ser un acto de valentía”.



