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Repensando en el “descanso imperial” de Estados Unidos

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Por: BENJAMÍN MOCTEZUMA LONGORIA •

La semana pasada hablé de que la economía de Estados Unidos y con ella todas las esferas sociales viven una crisis de tipo estructural que llaman a un “cambio verdadero”. Conviene destacar que junto al modelo económico algunos estadounidenses piensan en un nuevo modelo político. Por eso, Elon Musk habla de crear un nuevo partido político. Señal inequívoca de que la alternancia electoral entre el Partido Republicano y el Partido Demócrata ya no llenan las expectativas de algunos de los más ricos de ese país. Precisemos dos hechos:

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Primero, el modelo económico de una nación va acompañado del modelo político y de muchas otras expresiones sociales que le son propias; es decir, compatibles. Eso asegura la producción y reproducción del modelo. Cuando la esfera económica o la política se modifican entran en contradicción y debe resolverse con el establecimiento de un nuevo modelo general de sociedad. 

Segundo, las relaciones en conflicto entre lo económico y lo político, en la era de Donald Trump, no surgieron intempestivamente, se gestaron en el transcurso del tiempo. En todo caso, con Trump se expresan con nitidez. Por lo mismo, tampoco se resolverán con un nuevo presidente, ni porque el mando cambie del Partido Republicano al Partido Demócrata. Eso, solo modifica la manera particular de gobernar.

El problema es estructural. Estamos ante el agotamiento de un modelo de crecimiento económico que disminuyó el proceso de industrialización interna y optó por la usura improductiva del Capital Financiero, alentó la exportación del Capital Industrial (maquiladoras), mermó la investigación científica y tecnológica en manos del Estado (excepto en industria bélica) desacelerando el desarrollo de las Fuerzas Productivas. 

Paralelamente, el senecto modelo apoyó a la oligarquía económica para la apropiación, y explotación, de recursos naturales de otras naciones por métodos neocolonialistas. El colonialismo industrial se dejó sentir al trasplantar Modos Técnicos de Producción, en naciones subdesarrolladas,  basados en Bienes de Capital creados por la industria de EEUU, de forma tal que una parte de la plusvalía del subdesarrollo se transfirió a la acumulación de la riqueza de USA. Pero, la creciente exportación de Capital (que crea una inmensa División Internacional del Trabajo) ha conducido a que la concentración de Capital no se refleje en el territorio estadounidense, aunque el poseedor sea gringo. 

Esas circunstancias se expresan de muchas formas: En EEUU disminuye la demanda interna de trabajadores industriales. Empresas como General Motors, Ford, Pepsico, Pfizer, Praxair, Cisco, Stellantis y otras, acumulan riqueza pero ésta explota al trabajo en México y no el disponible en EEUU. 

De la misma manera, siendo capital de origen gringo exporta a su propia nación lo manufacturado en México, provocando desequilibrios desfavorables en la balanza comercial de su nación. Igual, se registra un crecimiento del desempleo en Estados Unidos. Al haber mayor oferta de trabajo, es inevitable la tendencia a la disminución del salario, de prestaciones y servicios como el de educación y salud que retira el Estado y deben ser pagados por las familias porque el presupuesto de gobierno se redirecciona a los capitalistas en forma de subsidios o exención de impuestos. La reciente reforma fiscal grava la economía de los trabajadores y engorda la de los capitalistas.

La inclusión de los más ricos de EEUU en el Gobierno de Donald Trump, principalmente del Capital Industrial y Capital Financiero, deja en claro que ya no hay mediación entre el Modelo Político y el Modelo Económico. De manera que la aplicación desenfrenada de aranceles al mundo persigue la recaudación de recursos para el presupuesto del gobierno, encarecer los productos que se importan y que, por calidad y precio, están desplazando a la producción nacional y presionar al Capital Industrial exportado a retornar a su matriz originaria. Nada de eso está funcionando.

La fase del capitalismo estadounidense evidencia que el Capital no tiene fronteras y que no se tienta el corazón con ningún tipo de nacionalismo si éste no le garantiza su reproducción, acumulación y concentración. Es el mismo Capital el que llevó a Estados Unidos a internacionalizar su poder económico, su influencia política y militar. Es el mismo Capital el que parece estarlo enviando a un obligado “descanso imperial”.

En esa encrucijada, frente a la presencia de economías emergentes y de gobiernos nacionales soberanos. El gobierno de Estados Unidos tiene la opción de endurecerse hasta mostrar que el fascismo le es consustancial a su condición actual o repensar un nuevo modelo social que, sin dejar de ser capitalista, estén expresados los intereses no sólo de los grandes capitalistas migrantes, también los que se aferraron a su terruño y, desde luego, los sectores sociales más desposeídos, entre ellos los trabajadores. El modelo tendría que ser económico y, a la vez, político. Y, a partir de ellos, una nueva relación con un mundo multipolar. 

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