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■ Transporte inadecuado de basura provoca derrames

Enfrenta crisis gestión de residuos sólidos urbanos

■ Además, se suma una débil cultura ciudadana

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Por: Jaqueline Lares Chávez •

La gestión de los residuos sólidos urbanos en Zacatecas y Guadalupe enfrenta una crisis agudizada por la falta de camiones recolectores, el transporte inadecuado de basura que provoca derrames en las calles, y la escasa planeación urbana. 

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A esto se suma una débil cultura ciudadana: muchos vecinos sacan la basura fuera de horario, no separan los residuos y los depositan en lugares indebidos. Esta problemática, que afecta tanto al medio ambiente como a la salud pública, exige una solución conjunta entre autoridades y ciudadanía, basada en infraestructura eficiente, educación ambiental y corresponsabilidad social.

De acuerdo con autoridades guadalupenses, los camiones recolectores de basura provenientes de la capital zacatecana transitan sin la cubierta reglamentaria, provocando constantes derrames de residuos en su trayecto hacia la Junta Intermunicipal para la Operación del Relleno Sanitario (Jioresa). Esta situación no solo contamina el entorno, sino que también representa un riesgo sanitario para las colonias por donde circulan.

Pero el problema va más allá del mal manejo logístico de las unidades recolectoras. Según han reconocido las propias autoridades capitalinas, Zacatecas sufre una notoria falta de camiones de recolección, lo que ha derivado en un servicio deficiente en múltiples colonias. En consecuencia, la basura se acumula por días, generando malos olores, presencia de fauna nociva y una imagen deteriorada de la ciudad.

El crecimiento desordenado de la mancha urbana ha complicado aún más este escenario. Tal como lo advierte el Instituto Nacional para el Federalismo y el Desarrollo Municipal (2018), la expansión acelerada de las ciudades mexicanas, sin una planeación adecuada, ha convertido la gestión de los recursos en un verdadero reto para los gobiernos locales.

La Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) define los residuos sólidos urbanos como aquellos desechos generados por actividades domésticas, comerciales y del aseo urbano, siempre que no estén clasificados como residuos peligrosos o industriales. Sin embargo, en la práctica cotidiana, estos residuos son percibidos simplemente como «basura»: algo que debe desaparecer cuanto antes y que rara vez es valorado como un recurso reaprovechable.

Esta visión, según estudios como el de Mancheno (2014), perpetúa actitudes de rechazo y desvalorización hacia los desechos, dificultando su manejo responsable. La consecuencia directa es que, tanto en hogares como en espacios públicos, los residuos se depositan sin ningún tipo de separación ni criterio de aprovechamiento.

Aunque es evidente que las autoridades municipales deben garantizar un sistema de recolección eficaz, no se puede dejar de lado el papel que la ciudadanía juega en esta crisis ambiental y urbana. La gestión de los residuos sólidos no comienza en los camiones recolectores, sino desde los hogares, comercios y espacios públicos donde se generan los desechos. Sin embargo, en muchos casos, los hábitos cotidianos de los ciudadanos terminan por sabotear cualquier intento institucional de orden o limpieza.

Uno de los ejemplos más recurrentes es la saca de basura fuera de los horarios establecidos. Aunque los municipios publican con regularidad los días y horarios de recolección por colonia, una gran parte de la población ignora o simplemente desobedece esta información.

Es común ver bolsas de basura en la vía pública desde la noche anterior, o incluso durante el día cuando no hay servicio previsto. Esto no solo genera acumulación innecesaria, sino que también expone los residuos al sol, la lluvia, los animales callejeros y al vandalismo, provocando esparcimiento de basura y malos olores.

A esto se suma la falta casi total de separación de residuos en los hogares. A pesar de que separar la basura orgánica de la inorgánica o reciclable es una de las acciones más básicas de una cultura ambiental moderna, la mayoría de los ciudadanos sigue mezclando todo en una sola bolsa. El resultado es que los materiales que podrían tener una segunda vida útil terminan inutilizados y van directo al relleno sanitario, cuando podrían reincorporarse a la cadena productiva o comercial.

También hay quienes depositan residuos en sitios prohibidos: esquinas sin contenedores, lotes baldíos, canales pluviales, y hasta zonas naturales. Estas prácticas, más allá de ser ilegales, generan focos de infección, taponamiento de drenajes y riesgos para la salud pública, especialmente en temporada de lluvias.

Este comportamiento ciudadano no es un simple error individual, sino una expresión de una cultura urbana debilitada, donde prevalece la idea de que “la basura es problema de otros”, especialmente del gobierno. Existe una desconexión profunda entre la acción de desechar y sus consecuencias colectivas.

Para revertir esta situación, es necesario un cambio de paradigma en el manejo de los residuos. La clave está en reincorporar los residuos al ciclo productivo mediante su adecuada separación y aprovechamiento. Esto implica no solo infraestructura y políticas públicas eficientes, sino también un cambio cultural profundo.

En este contexto, mejorar la cultura ciudadana es urgente. Esto implica: educar desde temprana edad sobre el valor de los residuos y cómo clasificarlos, promover campañas barriales que fomenten el respeto por los horarios de recolección y el uso adecuado de los contenedores.

Además, reconocer y apoyar el trabajo de los recicladores de oficio, quienes cumplen una función clave en el reaprovechamiento de materiales y sancionar prácticas inadecuadas, tanto institucionales (como los camiones sin cubierta) como individuales (sacar basura a deshoras o tirarla en la vía pública).

La acumulación de basura no es solo un tema estético o sanitario. Tiene implicaciones ambientales, sociales y económicas profundas. El incremento en la generación de residuos sólidos en las ciudades, combinado con políticas públicas ineficientes, representa una amenaza directa al bienestar colectivo.

El caso de Zacatecas y Guadalupe es un reflejo claro de esta realidad. Las autoridades deben asumir su responsabilidad con infraestructura adecuada, planificación urbana sostenible y una gestión eficaz de los RSU. Pero los ciudadanos también deben hacer su parte, transformando sus hábitos y su relación con los residuos.

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