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Armando Ovalle, artesano que transforma la chatarra para crear obras de arte únicas

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Por: RAFAEL DE SANTIAGO •

■ Sus esculturas del Quijote y Sancho Panza han sido solicitadas en restaurantes y negocios

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Armando Ovalle Martell,  herrero, artesano y artista, ha convertido la chatarra en creativas piezas de arte desde 1980, en su taller en el municipio de Guadalupe.

Este último está ubicado en la avenida Arroyo de la Plata, a un costado de un espacio deportivo; está lleno de tornillos, clavos, alambre recocido, bujías, tuercas, herraduras, trozos de madera y otras piezas, que aunque para muchos son inservibles, con ellos logra hacer obras de arte únicas, incluso retratos.

Recuerda que todo empezó con juegos junto a su hermano Antonio, pues desde pequeños elaboraban autos de juguete construidos con latas de sardina y corcholatas.

“Era un niño de la calle, mi padre falleció siendo joven y dejó viuda a mi madre con siete hijos, así que ella salía a trabajar, y nosotros nos las ingeniábamos para hacer nuestros juguetes, aunque después esto se convirtió en un estilo de vida.

Éramos pobres pero muy felices”, menciona el artista; y en época de Navidad, ganaba algunas monedas reparando muñecos de nacimientos.

A la edad de 20 años aprendió el oficio de herrería, sin embargo, su talento lo llevó más allá de la construcción de barandales o puertas, pues descubrió que podría darle un uso extra a la chatarra y fierro viejo.

Narra que a esa edad, junto con su hermano, elaboraron con tornillos, alambrón y herraduras alrededor de 10 piezas como candelabros, servilleteros, ceniceros, para venderlos en los comercios de Guadalupe.

“Es un orgullo poder darle vida a la chatarra, tener esa virtud de hacer cosas con fierro viejo y trozos de madera, convirtiéndolos en algo útil como mesas, barras y hasta marcos. Y lo mejor es que te paguen por divertirte, yo no me veo en una oficina sentado solamente esperando la hora de comer”, expresa el artesano.

Armando creó un Quijote de la Mancha elaborado con bujías y tornillos, el cual impactó a los clientes, quienes comenzaron a solicitar más piezas del llamado Caballero de la Triste Figura. Sus esculturas del Quijote y Sancho Panza han sido solicitadas en restaurantes y negocios, lo cual es un atractivo para cualquier lugar.

“Inicié con figuras de mineros, pero a la gente le gustaba más el Quijote, dicen que todos tenemos una partícula del demonio, de Cristo, pero también del Quijote, todos somos andantes y queremos justicia en este mundo y mejorarlo”, menciona Armando.

En los años 80 promovió su obra en ferias estatales como la de Tamaulipas, y su trabajo llegó hasta Guadalajara y Monterrey, Michoacán, San Luis Potosí, Tlaxcala, la Ciudad de México, Durango, entre otros.

Incluso llegaban a su taller a buscarlo para encargarle series de obras, entre ellos, la figura del Quijote, pieza que elaboró de más de un metro y medio para una persona de Michoacán que le encargó la obra.

“La gente ve un montón de fierros y los desecha, pero se les puede dar vida, un objeto como una aldaba es parte de la historia, y si no se utiliza, se funde y se olvida; yo me encargo de darle vida, darle forma y ensamblarla gracias al don que me otorgó Dios”, comenta Ovalle.

En esa época, la mayoría de los turistas que llegaban a Guadalupe buscaban llevarse alguna de las piezas de Armando, convirtiéndose en una tradición.
En el año de 1994 participó en un concurso de escultura creativa en Tlaquepaque, en la cual se llevó una mención honorifica y dio a conocer su trabajo a miles de artesanos y creadores de México.

Aunque actualmente han disminuido los pedidos de trabajo en el estado, mantiene un mercado abierto con otras entidades a donde envía piezas que le solicitan por encargo y dice orgullos que vive de este oficio.

Armando es detallista y pone alma, corazón y manos en cada pieza que elabora, indica que “cada obra es como un hijo, incluso les pones nombre. Ahora firmo mi obra, lo cual le da otro valor”.

Recibe el apoyo de su familia, pues su esposa es su mejor crítica, quien le indica que errores o fallas hay en alguna pieza y le ayuda a corregirlo. Sus piezas llegan a medir desde 10 centímetros hasta dos metros, dependiendo de la solicitud del cliente, y sus precios van desde los 100 hasta los 15 mil pesos.

Una de las obras que ha hecho y de las que se siente orgulloso, es una escultura hecha de chatarra del caudillo revolucionario Francisco Villa, montando a caballo, de más de un metro de largo, para un médico de la localidad de Zóquite; a la cual dedicó un año de trabajo.

En una pieza grande, llega a tardar hasta un mes en terminarla, aunque no se enfoca en una sola obra, y realiza hasta seis al mismo tiempo. Sus piezas, dice, son accesorios originales que no se encuentran en una tienda y cada uno está construido de diferentes piezas.

Actualmente tiene un proyecto que consiste en exponer una serie de Quijotes en el municipio de Guadalupe. “Es bueno que los chavos vean y admiren a este personaje en vez de que vean tanta caricatura, algo que les toque su sensibilidad, muchos jóvenes ahora duermen de noche, pero también de día. Aquí han llegado a venir jóvenes no a querer aprender, sino a empeñar cosas o a ver que se llevan, es cuando me pregunto qué ha pasado con este país, en este pueblo”, reflexiona Armando.

Actualmente su obra de máscaras, esculturas y de Quijotes, se exhibe en la Taberna Don Quijote, ubicada en la avenida Arroyo de la Plata, en el municipio de Guadalupe.

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