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Trabajadores del campo son vistos sólo como mano de obra barata: Hernández

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Por: Admin •

■ Se estima que en 2009 había en el país 2 millones 40 mil; 727 mil son menores, afirma

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■ Estudios revelan que 78% de jornaleros y sus familias viven en pobreza multidimensional

Para el gobierno, agricultores e incluso habitantes de algunas comunidades, los jornaleros agrícolas no son personas, sólo mano de obra barata y dócil, que no tienen equiparación a algún nivel familiar frente a otros sectores y grupos sociales en Zacatecas, afirmó José Luis Hernández Suárez, académico de la Unidad Académica de Ciencias Sociales de la UAZ.

A propósito de que hoy martes se celebra el Día Internacional de la Mujer Rural, el investigador refirió que para hacer el análisis de las condiciones sociales de la mujer rural y la jornalera se debe considerar el fenómeno en su conjunto.

Dijo que no se sabe exactamente cuántos jornaleros agrícolas existen en el país, pero un estudio realizado en 2009 estimó que hay en México 2 millones 40 mil. De ellos, casi 434 mil son migrantes, 90 por ciento carecen de contrato formal y 54 por ciento están expuestos a plaguicidas. 727 mil niños y adolescentes jornaleros trabajan con algún tipo de remuneración y cuatro de cada 10 jornaleros agrícolas son indígenas.

Ese mismo año, la Encuesta Nacional de Jornaleros Agrícolas y el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) estimó que alrededor del 78 por ciento de la población jornalera y los integrantes de sus hogares viven en condiciones de pobreza multidimensional, y en promedio, 99 por ciento son población vulnerable por la insuficiencia de ingresos o carencias sociales.

En Zacatecas, por lo menos desde principios de la década de los 90 algunas regiones han figurando como importantes zonas de producción agrícola destinada a los principales mercados nacionales y para exportación sustentada en mano de obra indígena.

Así, ante el crecimiento de la mano de obra indígena en Zacatecas y la aparatosa visibilidad de la problemática social que se genera en torno a tal modelo, se ha considerado a la entidad dentro del Programa de Jornaleros Agrícolas que da cobertura a cinco regiones que comprenden 19 municipios: Chalchihuites, Juan Aldama, Río Grande, Sombrerete, Cañitas de Felipe Pescador, Calera, Fresnillo, General Enrique Estrada, Jerez, Valparaíso, Villa de Cos, Cuauhtémoc, Guadalupe, Loreto, Luis Moya, Noria de Angeles, Ojocaliente, Villa Hidalgo y Nochistlán.

Aunque es difícil saber la cantidad de jornaleros que llegan cada ciclo agrícola a Zacatecas, dijo que se sabe que en algunas localidades la población se duplica con el arribo de este tipo de trabajadores, caso de Fresnillo.

En donde los jornaleros viven problemas de salud, higiene, exposición a plaguicidas, hacinamiento, alcoholismo, violencia, carencia o insuficiencia de acceso a la educación, bajos salarios, trabajo infantil, intensas y prolongadas jornadas de trabajo.

Sin contar que los nativos enfrentan mayores problemas de salud pública y depredación de recursos naturales, factores que los llevan a estigmatizar a los jornaleros. Mientras que la atención y respuesta del Estado es a todas luces insuficiente.

Hernández Suárez opinó que el trasfondo de la problemática está en el modelo de agricultura que predomina en las regiones de arribo de los jornaleros, que para el caso de Zacatecas la mayoría son indígenas procedentes de estados sureños y de Nayarit.

En la entidad hay una agricultura de tipo empresarial, que en algunos casos funciona con capital local, de otros estados e incluso internacional, cuyo objeto es la venta de la producción en los principales mercados nacionales y del extranjero, sobre todo de hortalizas y forrajes.

De modo que se aprovechan las ventajas de los recursos naturales agua y tierra, localización geográfica, mano de obra “súper” barata, excesivas jornadas de trabajo, sin pago de prestaciones de seguridad social, entorno social favorable, importantes apoyos gubernamentales y ausencia de reglamentaciones en materia de daños al medio ambiente.

Ventajas que el académico explicó, dan a los agricultores las posibilidades de competir con productores extranjeros, incluso los estadounidenses, los cuales a pesar de tener importantes subsidios, tecnología avanzada y mano de obra barata, deben pagar salarios más altos y enfrentar otras restricciones gubernamentales, como las del cuidado del medio ambiente.

Pese a la condición marginal de vida, refirió que los jornaleros son vistos como un problema y se les acusa de ser los culpables de sus propias condiciones de exclusión y pobreza, en lugar de considerarlos las víctimas del modelo de producción.

Por ejemplo, a su llegada a las zonas de trabajo se instalan módulos de recepción para la revisión de sus condiciones de salud, como si fueran la enfermedad misma, sin embargo, no se tocan los intereses de quienes se benefician con su llegada.

El catedrático universitario cuestionó por tanto, que los programas gubernamentales, tales como el de Atención a Jornaleros Agrícolas, se manejan bajo el supuesto de que los jornaleros son sujetos menesterosos de asistencia y no los generadores de riqueza, justo porque reciben los más bajos salarios, sin prestaciones y se les puede explotar durante jornadas más extensas y bajo mayor presión.

Sin contar que se oculta el trabajo infantil o el Estado y los empleadores aluden a que son usos y costumbres de las familias indígenas, cuando en realidad los bajos salarios obligan a la contratación de las familias enteras para poder sobrevivir
Ante esas condiciones, el académico afirmó que los jornaleros son objeto de políticas asistenciales y se deja a la “buena voluntad” de los patrones, el mejoramiento de algunos aspectos, como ciertas restricciones en la contratación del trabajo infantil o el apoyo para la construcción de letrinas.

Mientras que se subordina el interés público a las decisiones de los empresarios agrícolas y a otras personas que se benefician económicamente con los migrantes, como por ejemplo quienes les rentan viviendas en condiciones de hacinamiento o los establecimientos de venta de productos salario, productos chatarra, alcohol y tabaco.

Así, frente al pago insuficiente del varón y los hijos, la mujer también debe emplearse en el trabajo agrícola, en las mismas condiciones de precariedad y, además, realizar los trabajos de la vivienda en casas o bodegas que no son propiedad de la familia. Haciendo que los jornaleros agrícolas indígenas son de los grupos sociales más excluidos en México y quienes reciben la menor atención de gobiernos.

A la par, de que carecen de identidad por la constante migración y por ende la comunidad receptora los estigmatiza. Factores que los hacen vulnerables y esclavos modernos, que bajo tales condiciones no tienen ninguna perspectiva de “romper sus cadenas”.

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