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jueves, 6 octubre, 2022
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Una nueva visita de Andrés Manuel López Obrador a Zacatecas

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Por: RAYMUNDO CÁRDENAS HERNÁNDEZ •

En 1982, el Presidente López Portillo tomó una decisión estratégica presionado por la crisis económica y por el capital financiero internacional: entregar las riendas del Estado mexicano al grupo neoliberal, encabezado por Miguel de la Madrid, formado en el servicio público en el Banco de México y la Secretaría de Hacienda, y con estudios en las universidades norteamericanas y en el ITAM. En concordancia con ello, el partido del gobierno (el PRI) se desplazó del nacionalismo a la derecha neoliberal, traslapándose con el espacio tradicional del PAN, lo cual produjo la ruptura de la corriente democrática del PRI, encabezada por Cuauhtémoc Cárdenas (CC), y su posterior fusión con las izquierdas democráticas para crear el PRD. Todo ese proceso político propició las mayores movilizaciones políticas en décadas y, paralelamente,  la transformación de Cuauhtémoc Cárdenas en el líder popular y de masas que se requería para disputar la presidencia de la república por la vía electoral. Un contexto internacional con una sólida hegemonía del neoliberalismo, y la traición de la élite del poder de México a los principios democráticos, impidieron que el Ingeniero Cárdenas fuera presidente de México.

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En el marco de la construcción de las estructuras del naciente PRD bajo el liderazgo de CC, en Tabasco se incorporó a sus filas Andrés Manuel López Obrador (AMLO), quien de inmediato y con el amplio respaldo de la dirección nacional, desplegó una intensa actividad entre las clases populares tabasqueñas, combinando magistralmente las luchas sociales y la política electoral, lo que desembocó en la consolidación del PRD como una fuerza política muy competitiva, y de AMLO como un candidato a gobernador del estado que el PRI podía detener sólo con métodos fraudulentos, lo que no dudó en hacer con el aval de Carlos Salinas desde la presidencia.

AMLO irrumpió en la vida pública nacional como un hombre poco conocido, pues aun cuando en Tabasco era un líder importante, el carácter centralista que prevalece en México conlleva el desconocimiento de los actores locales, cuya relevancia sólo se percibe cuando inciden en la capital del país, se trasladan a ella o bien, cuando los medios de difusión con cobertura nacional atienden las acciones que llevan a cabo. Al insertarse en el escenario político nacional con el impresionante “Éxodo por la democracia” y por sus luchas contra la irresponsabilidad ambiental de Pemex, López Obrador asumió la tarea de trascender las fronteras de su lugar de origen para formar una base social propia, constituirse en líder y llevar a cabo la disputa por la nación. Todo esto dentro de un sistema político adverso en general, pero que ofrecía una ventana de oportunidad para él porque el liderazgo de Cuauhtémoc Cárdenas iniciaba su fase declinante.

A lo largo de su carrera política, López Obrador consiguió atraer la atención de millones a través de acciones diversas: como abierto opositor al establishment, mostrando capacidad de organización, convocatoria y movilización para confrontarlo; como presidente del PRD consiguió adaptar y combinar estrategias que se tradujeron en resultados relevantes para el partido en el terreno electoral; como jefe de gobierno del Distrito Federal estableció una diferencia respecto a la forma de ejercer el poder y, sobre todo, porque llevó  beneficios tangibles a los diversos sectores sociales, fundamentalmente a los más vulnerables, al tiempo que mediante una estrategia de comunicación política logró incidir e incluso definir los contenidos de la agenda nacional, lo que propició una evaluación muy positiva de su gestión, y la construcción de una base política con unos cimientos muy sólidos que le permitieron superar la inescrupulosa intentona de Fox para inhabilitarlo y ser un contendiente formidable en las elecciones presidenciales de 2006 y 2012. Al igual que en 1988 con Cuauhtémoc Cárdenas, la élite del poder utilizó todos los recursos, legales e ilegales, para impedir su llegada a la presidencia.

Durante toda su trayectoria, López Obrador ha señalado lo que hoy es evidente: las instituciones están capturadas por una pequeña élite que no respeta las leyes ni se preocupa por el bienestar popular, que propicia una corrupción galopante y sigue aplicando un modelo económico cuyos resultados han demostrado su inoperancia, y utiliza, tanto al PRI como al PAN como sus instrumentos políticos para mantener el poder en sus manos. Al poner en evidencia la traición a la democracia y la claudicación de principios por parte de sus adversarios, su liderazgo ha conquistado tal legitimidad que ha soportado todo tipo de ataques y logrado mantener su vigencia por casi tres lustros.

La nueva visita de AMLO el próximo día primero de febrero, igual que las más recientes, tiene el propósito de difundir su visión actual del proceso político nacional y alentar la construcción de su partido, el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), que participará por primera ocasión en un proceso electoral con sus propios candidatos, pues no efectuará alianzas de ninguna especie con partido alguno. ■

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