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sábado, 24 septiembre, 2022
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Se solicita humildad

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Por: SIMITRIO QUEZADA •

  • El canto del Fénix

Ante el inicio de la más reciente revuelta electoral en el país y disculpen el término “revuelta” pues no encuentro otro más atinado, preciso replantear primero para mí y después para los demás la consideración de lo que es la humildad y todo lo que ella implica.

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Lo veo necesario en tanto que me pregunto cómo puede compaginarse, por un lado, la ascensión dentro de eso llamado carrera política y, por el otro, el servicio público. Cierto es que Abraham Maslow establece en su famosa pirámide de necesidades humanas la autorrealización como la cima, y no puede negarse a los políticos la posibilidad de que vean cumplida su vocación de servicio… los que en efecto la tengan.

Humildad es palabra poco usada en el ámbito político. Ignoro por qué razón ha quedado arrinconada en el ámbito religioso, cuando en realidad comprende todas las áreas de la vida humana. Tan es así que ambas palabras, humildad y humano, comparten raíz. Humus significa tierra, suelo, lo que en inglés se denomina “soil”, que es barro y suciedad pero también cuna, matriz y nutrientes. El verbo “humiliare”, de hecho, significa hacer que otro se postre en el suelo y reconozca su bajeza y limitaciones.

¿Somos perfectos los humanos? Por supuesto que no, y nuestras más grandes tragedias son consecuencia de nuestros más grandes deseos, todos encontrados. ¿Son perfectos los políticos? Por supuesto que no, pero hay que ponerles a alguien a su lado para que les recuerde eso. Mejor aun: hay que instar a las autoridades a que busquen su mejora… y no sólo económica, patrimonial.

La humildad me permite reconocer un punto de partida: el mejor, el que me permite siempre escalar una distancia mayor. El más insigne novelista de nuestro idioma, uno que fue manco y presidiario durante años, dejó escrito que la humildad “es la base y fundamento de todas las virtudes, y sin ella no hay alguna que lo sea”. Así se lee en El coloquio de los perros, obra cervantina publicada hace 502 años.

Por supuesto que los sufrimientos, las decepciones, las injurias y los engaños recibidos nos ayudan a mantener firme nuestra sensibilización, nuestra solidaridad con los otros. Quien no sabe de estrechez difícilmente sonará sincero al querer empatizar con los que menos tienen. Quienes no saben vivir con austeridad no pueden convencer a los miserables. No es placentero morder el polvo, claro; y también es cierto que no siempre el placer es lo que nos da grandeza.

Los kipsigis, una de las tribus más representativas de Kenia, en África, repiten en sus ritos, a modo de oración: “Es la humildad la que lo exalta a uno, y lo favorece contra sus enemigos”. Así de conciso resulta formular la esencia de la mejor de las virtudes. Es reconociendo lo que hay abajo como mejor se asciende. Es sin olvidar nuestra raíz llena de polvo como alcanzaremos las alturas y allá permaneceremos.

Se solicita humildad. Quienes toman la palabra y la pluma, quienes gobiernan, quienes aconsejan, quienes trabajan más directamente con los demás, quienes creen en un mejor panorama, un mejor país, una comunidad mejorada deben apropiarse de humildad. No se trata de mojigatería ni de esgrimir valores o moralidad para conseguir simpatías o votos. Se solicita humildad porque sólo ella nos conduce a la aceptación de la realidad, a la verdad, y sólo desde la verdad puede darse el diálogo y el respeto; y sólo desde la verdad se puede construir. ■

 

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