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viernes, 1 marzo, 2024
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El fulgor de la guerra

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Por: ÁLVARO LUIS LÓPEZ-LIMÓN_ •

La Gualdra 600 / Arte

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El tema de la guerra tendrá –más o menos– importancia según las vicisitudes políticas, los avatares bélicos o el avance del colonialismo. Va “de un desinterés casi absoluto, […] pasando a una curiosidad, [va] más tarde [hacía un] sentido histórico”.

He aquí la pintura de la Batalla de Alejandro en Issos, la obra de Albrecht Altdorfer nos muestra al joven Alejandro Magno en 333 a C., aquí se nos presenta el momento de su victoria sobre el ejército persa del rey Darío III en la batalla de Issos; la ciudad de Issos estaba ubicada en el sureste de Asia Menor, muy cerca de lo que se conoce ahora como Alejandreta, Turquía. La Batalla de Alejandro en Issos es una obra, paisaje de sensaciones, que permite la imaginación y sensibilidad, esto es, la exaltación que el artista siente por la naturaleza.

En la pintura se advierte el movimiento estrepitoso del cielo, como si las nubes formaran un abismo donde el sol se perdiera antes de llegar al horizonte, desde un punto muy elevado y exagerado se distinguen los Alpes y algunas ciudades alemanas. El estandarte que cuelga del cielo explica la temática: “Alejandro Magno venciendo al último Darío, tras que 100,000 soldados de infantería y más de 10,000 de caballería cayeran muertos entre las filas persas. Mientras que su madre, esposa e hijos fueron tomados prisioneros, el rey Darío pudo huir con más de 1000 jinetes”.

El espectador diseña el itinerario visual a recorrer, modo, acción y dirección. La imagen nos propone una línea recta que a modo de acantilado o precipicio visual, bisela dos superficies de características compositivas y técnicas distintas. Recorremos, de abajo a arriba, la mitad inferior de la Batalla de Alejandro, y justo, cuando llegamos a la intersección con las aguas azules del mar, se produce de improviso un contraste brusco, entre el tipo de ilusión a la que nuestro ojo estaba acostumbrado contra minúsculas figuras y trazos a precisión, en una superficie en la que la policromía y motricidad de la escena, tanto argumental como técnica, se ve súbitamente sustituida por una superficie plana, y sin figuración, que provoca un aturdiminento emocional inesperado. Algo similar se produce, un poco más arriba y a la derecha, en la línea de intersección horizontal, entre las montañas y la abertura en el cielo por la que surge el sol con rayos que asemejan a la vía láctea.

En fin, cuando nuestra vista ya se ha tranquilizado por la armonía y los contrastes en el azul del agua y las montañas, se inquieta nuevamente por la masa nubosa que aparece en la parte superior derecha y nos lleva a un agujero negro que –una vez más– succiona nuestra visión y nos muestra, en vertiginosa caída, una ráfaga de luz que aguijonea nuestra alma con la precisión sempiterna de sus rayos, como ya lo ha hecho el fulgor de la guerra.

 

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/lagualdra600

 

 

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