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lunes, 22 julio, 2024
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Por: RAÚL MORONES HERNÁNDEZ* •

Estamos llegando al final de otro año más y la mayoría de las organizaciones reviven la práctica de la planeación estratégica queriendo renovar el espíritu de sus equipos de trabajo dirigidos por los más visionarios, los más audaces o los más influyentes, orientados por los más experimentados internamente o contratan externos.

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Así, con energía distinta y sin los vicios propios de la rutina y sin los compromisos de agradar a quienes ya forman parte del sistema organizacional u otras estructuras creadas, se disponen a hacer un replanteamiento serio y “ahora sí” cumplir metas ambiciosas, con sentido humano y social, pero sobre todo, altamente rentables.

Para propiciar el ambiente creativo y decidido a triunfar, es probable que los directivos participantes se trasladen a algún lugar especialmente inspirador. Digamos una playa o por lo menos un hotel digno de provocar ideas que demuestren el compromiso con la misión y visión de la organización para este trascendental ejercicio.

Así que todo dispuesto, habrá que concentrarse (mientras lo permita el celular) en las profundas reflexiones acerca de lo ocurrido durante el año a punto de concluir y no debe faltar el análisis del entorno que por cierto, justifica que lo ocurrido fue resultado en gran medida del entorno, ya que los directivos con su capacidad verbal y su información actualizada hablarán de las tendencias de la economía nacional, el ambiente político sin dejar de lado la inseguridad y la competencia desleal.

Ahora sí, borrón y cuenta nueva. Es momento de adoptar nuevos modelos administrativos, pues 2015 es el año de la consolidación, por lo que es indispensable el compromiso de todos y de los directivos depende de que sus colaboradores entiendan la señal y cumplan las metas.

Esta historia la viví muchos años participando en reuniones de evaluación y planeación estratégica en el ambiente bancario. Desde hace 20 años la observo en muchas empresas que repiten, repiten y repiten una vez más esta práctica, que en cuanto pasa la euforia de las fiestas de fin de año empiezan las justificaciones como “la cuesta de enero”, “estacionalidad de las actividades”, “contingencias del sector”, etc. y de nuevo, la frustración que se acumula para la próxima vez que se convoque a la reunión cumbre de evaluación de resultados y planeación estratégica.

Con el respeto que merecen todas las organizaciones que se identifiquen con el relato anterior, es momento de superar la simulación implícitamente consensuada y el cinismo adquirido por la incapacidad de ejecución adquirida, resultado de el poco o nulo esfuerzo por la poca dedicación al desarrollo de las habilidades precisamente de ejecución.

Si se quieren lograr metas importantes, no basta con diseñarlas y firmarlas con sangre para luego divulgarlas como un asunto de honor que involucra a los equipos de trabajo. Lo que se debe hacer después de la planeación estratégica son 3 cosas que han probado su eficacia en miles de empresas exitosas:

Establecer los indicadores que midan los avances en el cumplimiento.

Utilizar un tablero fácil de usar que mida esos indicadores.

Celebrar reuniones semanales para informar avances y compromisos   .

Como decían las abuelitas de antes, ése es el remedio. Y el trapito (la aplicación del remedio), es la materialización de la práctica con un tablero real adaptado a las metas de cada organización, y lo más importante, al responsable de cada puesto, ya que sin eso, es difícil que cada persona sepa cómo se mide su eficacia.

De este modo, se elevan los índices de contribución y disminuyen los pretextos de la falta de comunicación, pero sobre todo, se dignifica el trabajo y se erradican las posturas de inocencia fingida o injusticia por remuneraciones consideradas unilateralmente insuficientes por las víctimas crónicas.

Así que, todos a trabajar con metas individuales medidas con indicadores sobre los que cada semana se reportan avances y compromisos. Las organizaciones ofrecen oportunidades de empleo a cambio del talento, del conocimiento, de la experiencia, de las habilidades, de las destrezas, pero principalmente de los resultados que los colaboradores que reciben esas oportunidades respondan con valor creado y no cumpliendo horarios.

Desde luego, todo lo anterior implica un cambio cultural y como dice uno de los más grandes literatos empresariales “…si ponemos a la estrategia frente a la cultura, generalmente la estrategia es tragada de un bocado por la cultura”. De ahí que sea tan importante cuidar la cultura a partir de la misión, visión y valores.

Sin embargo, esas 3 declaraciones con frecuencia son tomadas como moda o como requisito para ciertos fines. ¡Cuidado! En su diseño o en su implementación puede estar la razón de que muchas organizaciones logren los resultados asombrosos que esperan, o que fracasen en su intento.

Estamos a tiempo. Eliminemos el riesgo de vivir un año de declaraciones incendiarias escuchadas por cortesía y al poco tiempo olvidadas con el argumento del trabajo diario que no deja tiempo para más. En la era de la globalización no hay piedad para los débiles o para los que no entienden. Compite o Muere. ■

 

Para implementar con eficacia de las herramientas comentadas, dirigirse a:

[email protected]

492-544-4502

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