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jueves, 18 agosto, 2022
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Zacatecas, la herida que no cesa

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Por: MIGUEL ÁNGEL AGUILAR •

De los 5 años que gobernó alternadamente Zacatecas el General Jesús González Ortega, y en su férrea defensa de una población inerme ante los ya insufribles ataques por todos lados, hubo una enseñanza para los futuros que osaran ocupar el más alto puesto de la dignidad política: hablar siempre con la verdad, buscar la reconciliación con la fuerza de la ley y la justa razón y con el pueblo uniformado, es decir, los tribunales populares de justicia en cada barrio y municipio y casa por haber.
Lograr la pasificación fue un duelo nacional, una odisea digna de los mejores anales de la historia del mundo porque mientras el gobierno trashumante de Benito Juárez, que en 4 años de sufrimientos indecibles, pero sin bajar nunca la guardia, González Ortega fungió como brazo armado de una revolución, contestaría frente a la invasión de más 30 mil franceses y 10 mil austriacos que saqueaban y azotaban a la población, aparte de cometer el vil asesinato y los fusilamientos de las fuerzas juaristas, y pueblo en general, por el solo hecho y derecho de serlo.
Las enseñanzas fueron duras: nunca más nos dejaríamos de camarillas que secuestraban al poder con la complicidad del desmane y la confusión del asalto, adheridos siempre a la defensa de una población que solo imploraba paz y orden sin diatribas, sin falsas elecciones, sin fraudes en los bancos ni desfalcos en las cuentas públicas.
Hoy Zacatecas vive el drama de ser uno de los estados donde el horror se enseñorea y la imposibilidad de una salida se tropieza, pues la derecha se empecina en exacerbar la violencia para que la población sienta que los nuevos gobernantes no pueden con el caos y océano de sangre que le dejaron las pasadas administraciones y que se han sumado -por indolencia, incapacidad, ninguneo- en el trasiego de drogas los cárteles que pelean como fieras cada palmo de su territorio.
El drama humanitario es real, la emergencia debería ser de carácter mundial en una tragedia que para nada se atenúa y en cambio crece y asusta y se inscribe como gran tropiezo de todas las voluntades que anhelan la observancia eficaz de leyes populares y acciones valederas.
Que las salidas sean factibles.
Una de las acciones que llevó a cabo en el segundo periodo como gobernador de Zacatecas el general Pánfilo Natera fue aplacar a su estado y no precisamente mediante a fuego y sangre, atrás y por delante habían quedado numerosos grupos de exguerrilleros que aún asolaban comunidades muy empobrecidas y don Flaco Natera -siempre lleno de colguijes religiosos-usaba un discurso que aplacaba a las muchedumbres y acompañado de acciones recíprocas con los perfiles humanitarios de proveer de alimentos, enseres para la cría de ganado, apoyo a la clase media, becas a los niños.
Conocer las ciudades que son todas hijas de la guerra y el desencanto es tarea de los estadistas y de cualquier ciudadano que trace un plan ante la contingencia, y una de las eficacias negras de los grupos criminales es la sorpresa en su ola de sangre; prevenir esas acciones deberían ser la prioridad y la condena.
El país está sumido en un panorama gris, aunque el gobierno federal arguye que en 6 estados nacionales de nuestro México querido es donde se concentra la ola de violencia, la percepción es que en el territorio total las ambulancias y los patios forenses ululan sobregirando las escenas del terror y el luto en los hogares y para la ultraderecha eso es sinónimo de ganancia electoral, aunque en la realidad eso se les revierte pues obviamente el mal viene de hace muchos años.
González Ortega fue un zacatecano valiente, periodista desde su juventud, murió el 28 de enero de 1881 y bajo el estigma de que pudo haber sido el sucesor natural de Benito en la presidencia por sus altos valores militares en la guerra de reforma y su forma de encarar a gobiernos realmente populares que sabían que los cambios no los hacen los caudillos sino generaciones enteras.
Eso debemos entender en nuestro Zacatecas querido donde la herida no cesa.
Tá abiertota.

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