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sábado, 20 abril, 2024
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¿Por qué la Iglesia puede (debe) apoyar el matrimonio igualitario?

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Por: La Jornada Zacatecas •

La Iglesia, a través de los siglos, ha enfrentado dificultades sobre la manera de conciliar los mensajes que tienen su origen en su movimiento fundador con los agregados históricos que fueron surgiendo a través de los años. Un primer problema fue la manera de conciliar la exigencia del amor fraterno y su radical solidaridad con el imperio. El cristianismo nace en pleno avance del imperio romano y la zona de Judea y Galilea se vio oprimida por ello. Cuando el Jesús histórico dice “darle a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César”, lo que está diciendo no es una proclama de separación de Iglesia-Estado, como muchos creen, sino que ‘el pueblo de Israel es de Dios’ y por tanto no puede tener como dueño al Imperio. Es decir, es una manera de hablar contra el pago de tributos y contra la obediencia a Roma: si el pueblo es de Dios, obedecer al Roma es un acto de idolatría. En una palabra: la opresión es la más básica violación de la voluntad de Dios. Así las cosas, si el Imperio tiene por lógica de acción la conquista y la opresión, ¿cómo se concilia con el núcleo del mensaje cristiano que exige poner en el centro el reinado de Dios? La manera en como juntaron cristianismo e imperio, fue celestializando el reinado de Dios: lo mandaron a un mundo ultraterreno; de esa manera ya no competía con el dominio imperial.

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Otra cosa que ha sido de muy difícil conciliación es ‘naturaleza’ y ‘espíritu’. La primera de origen griego y la segunda de origen judío. La naturaleza es una cosa fija que no cambia y tiene definiciones precisas. Y el espíritu hace que se junten cosas que parecen separadas: de varios individuos se conforma un cuerpo espiritual como un pueblo, una comunidad o una familia. El amor es una manera de acción del espíritu que derrite las naturalezas. El cristianismo se alimentó de una idea del estoicismo: las naturalezas son producción de Dios, así que violar la naturaleza de las cosas implica ir contra el orden divino. Por eso vieron con escándalo la idea de Darwin de que las especies se producían (nuevas) y se morían (las existentes), cuando las especies eran concebidas como formas fijas creadas por Dios. Parecía que la evolución destruía la idea de creación. Pero al final del día, se cayó en la cuenta que no era así: la creación no opera por esquemas fijos, sino en forma dinámica, evolutivamente. Surge la idea de la famosa evolución creadora. La idea de creación como producción de esquemas o formas fijas de una vez y para siempre, era una idea que podía cambiar y cambió. Ahora mismo ya no hay contradicción entre evolución y creación. Hay sacerdotes científicos en el observatorio del vaticano. Pues bien, de la misma manera ocurre con la idea de que el matrimonio implica la unión biológica de hombre y mujer. Ahora, se puede concebir la unión espiritual entre dos hombres o dos mujeres: lo importante es la producción de ese vínculo de amor, no las diferencias o similitudes biológicas. Así como se concilió la evolución con el cristianismo, de la misma manera se puede conciliar matrimonio igualitario y amor cristiano. El amor puede vencer los odios dogmáticos: el espíritu actúa.

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