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domingo, 22 mayo, 2022
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La democracia mexicana: la rendición de cuentas

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Por: Carlos Eduardo Torres Muñoz •

Conforme avanzó el proceso de consolidación del equilibro del poder, a través del propio poder, otro fue surgiendo a su par: el de los equilibrios institucionales. Al contrapeso que se ejercía cada vez más por la oposición en un Congreso Plural, se agregaron los propios equilibrios institucionales que permitirían acotar al entonces poderosísimo (constitucional y metaconstitucionalmente) poder presidencial, es decir, el ejecutivo. Así nacieron la Comisión Nacional de Derechos Humanos, la autonomía del Banco Central y para efectos de rendición de cuentas, en 1999 se realizan las reformas constitucionales que dan lugar a la creación del Ente Superior de Fiscalización dependiente de la Cámara de los Diputados, y con la Ley Superior de Fiscalización expedida el 27 de diciembre de 2000, la Contaduría Mayor de Hacienda, se convirtió en la Auditoría Superior de la Federación.  Posteriormente vendría el surgimiento del entonces Instituto Federal de Acceso a la Información Pública y Protección de Datos Personales (IFAI), en 2002, como consecuencia del reconocido grupo Oaxaca, en el que expertos, sociedad civil y activistas en general ejercieron la presión suficiente para que el primer gobierno de la alternancia atendiera la demanda de un sistema institucional de garantías para el derecho de acceso a la información pública. Este recorrido culmina más o menos hasta el punto en el que nos encontramos con las reformas en materia anticorrupción de 2015, que dieron lugar al nacimiento del Sistema Nacional Anticorrupción y sus similares en los estados.

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Esta es la etapa que podríamos considerar como la de la segunda transición en México, haciendo eco del prestigiado académico Mauricio Merino. Según sus propias palabras: Durante la última década, México ha puesto en marcha un amplio conjunto de reformas institucionales destinado a combatir la discrecionalidad, la ineficacia y la corrupción. Luego del exitoso esfuerzo que emprendió en la última década del siglo pasado para construir un nuevo sistema electoral que le permitió transitar de manera pacífica de un régimen de partido prácticamente único a una democracia pluralista, la agenda pública comenzó a enfocarse en la crítica hacia las formas tradicionales de ejercer la autoridad ganada en las urnas.

El texto del maestro Merino, publicado en 2013 no fue sino confirmado por las reformas y reestructuras institucionales que vendrían en los siguientes años. El surgimiento de cada vez más órganos constitucionales autónomos, que separaban atribuciones y facultades del Poder Ejecutivo, en la búsqueda de ya no solo equilibrar el poder, sino garantizar principios como los de legalidad, imparcialidad, profesionalismo y ética, en las funciones mismas que se consideraron estratégicas, motivaron un nuevo paradigma en la idea de Estado que había predominado en nuestro país, importando las novedosas figuras ya citadas, de modelos constitucionales europeos.

Así, en los últimos años hemos podido atestiguar el contrapeso que dichas instituciones han logrado generar no solo frente al Poder Ejecutivo, sino también, respecto al Poder Legislativo, partidos políticos, particulares y otros actores estatales y no estatales que gravitan en la vida pública del país.

Sirvan estos antecedentes para comprender cómo es que llegamos hasta el estado de la cuestión actual, respecto a la configuración estatal que hace posible un modelo de democracia, el constitucional, que como otros tantos conceptos en nuestra historia política, es apenas aspiracional y se enfrenta así mismo a un reto no menor: el surgido de las propias urnas a causa de lo que se percibió como una confirmación de nuestro incipiente desarrollo institucional, la posibilidad de que una tercera alternancia en el poder, esta vez por la izquierda, se proyectara y con ello, una visión  surgida de otra latitud del espectro ideológico en México. A partir de 2018 todo el relato que se apuntó anteriormente se colocó en la encrucijada ¿cómo convive y sobrevive el discurso de la democracia, la rendición de cuentas y el modelo institucional vigente, frente a un mensaje que le reprocha sus imperceptibles avances en materia de desigualdad, corrupción y violencia para una mayoría que los sufre y no está dispuesta a la espera de décadas de consolidación? A ello busca dar una respuesta aproximada este texto a continuación.

@CarlosETorres_

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