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domingo, 19 mayo, 2024
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Todos somos Fidel*

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Por: ANTONIO GERSHENSON •

Las condiciones económicas del pueblo cubano han sido sumamente adversas desde que el abogado y fiscal general estadunidense, Robert Kennedy, hermano del presidente en turno, solicitó a la comisión de defensa una solución para detener la colaboración de la entonces Unión Soviética y Cuba, por la amenaza que, supuestamente, significaba una base militar rusa en el país de Fidel Castro. Además, no iban a permitir, entre otras cosas, el avance del comunismo en América.

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La idea obsesiva de satanizar la forma diferente de vivir por la vía socialista de aquellos países que así lo decidieron, ha marcado desde entonces una política exterior estadunidense basada, entre otras calamidades, en el hostigamiento, la amenaza arancelaria, la invasión y la extorsión.

Los principios fundamentales que tienen los países socialistas, como la riqueza equitativamente distribuida y la búsqueda del bienestar de toda la población, han sido para Estados Unidos una idea falsa de amenaza política, bélica y comercial. De esta manera, gobierno que no haya coincidido con la cultura del mercado libre, la defensa de la democracia al estilo yanqui y el derecho a intervenir en cualquier territorio ajeno será considerada, automáticamente, como un enemigo en potencia.

El argumento que esgrimen con vehemencia republicanos o demócratas –no importa cuál– fue, y lo es hasta hoy, el derecho a defender la libertad, la democracia y la paz social del pueblo gobernado por un traidor, o un dictador, que, aunque éste no existiera sólo es mencionado como pretexto. Así empieza el hostigamiento. Y, desde ese momento, el país en la mira se habrá convertido en enemigo.

Es entonces que, a partir del 7 de febrero de 1961, la resistencia histórica del pueblo y gobierno de Cuba se enfrentarían a cientos de sanciones de todo tipo, pero lo más grave ha sido la condena prolongada por décadas.

Desde aquella fecha ha sido sorprendente el avance cubano en rubros casi imposible de llevar a cabo con tales sanciones económicas y financieras. Por ejemplo, tienen un mayor desarrollo educacional comparado con el de Estados Unidos. En cuanto a la atención médica universal, imposible no sorprenderse por el sistema de atención a la población, pese a la escasez de equipo y medicamentos. En Estados Unidos, recuperar la salud cuesta una fortuna. La atención privada es un negocio millonario y gigante. En ese país, lo mejor es no enfermarse y, mucho menos si se es inmigrante; tanto peor si la permanencia es ilegal.

Respecto a las ciencias, no se pueden ocultar los logros en áreas como la medicina preventiva y en especialidades como la cardiología, genética y otras. Imaginemos el enorme desarrollo con mayor y suficiente apoyo económico.

Estamos hablando de sanciones económicas fascistoides que se prolongan sin motivo legítimo alguno. La medida que, para la comunidad internacional es inhumana, incongruente, rupestre y que, año con año, es repudiada casi por unanimidad en la Asamblea General de la ONU, no ha alcanzado el ciento por ciento de los votos para revertirla. Increíblemente, la negativa de tres miembros obstruye la decisión de 185. ¿A eso le llaman democracia?

Lo anterior nos demuestra que la directiva de la Asamblea General de la ONU no cuenta con la creatividad y talento diplomático para generar las condiciones que le permitan cancelar definitivamente todas las sanciones vigentes y futuras en contra de la República de Cuba.

No obstante, el rechazo mundial a dicha medida ilegal medida fue propuesta, de nueva cuenta, por los consejeros políticos estúpidos y criminales supinos de los periodos presidenciales de 1993 a 2001. Y no sólo eso, sino que fue apoyado por el expresidente William Clinton, quien supo que la controvertida medida no tenía lógica ni utilidad.

El tiempo le dio la razón, después de 60 años, lejos de destruir la vía socialista que pueblo y gobiernos cubanos decidieron adoptar, la sobrevivencia en Cuba ha sido posible. A lo largo de tantas décadas han demostrado la gran capacidad de resistencia y resiliencia de varias generaciones; pese al surgimiento de una élite burócrata, oportunista y corrupta, y que, debido a las graves carencias económicas, la lastimosa migración de jóvenes talentosos y propositivos ha ido en aumento. Sin embargo, es admirable la conciencia social y política que sigue predominando en la colectividad de ese país.

Clinton priorizó el crecimiento económico, la creación de fuentes laborales, propuso desarrollo educacional, disminuyó las contribuciones a los medicamentos para beneficio de la población de la tercera edad. Mejoras que fueron tomadas del Programa de Salud cubano, pero el mismo expresidente, por sugerencia de su gabinete, prohibió a empresas estadunidenses la comercialización con el gobierno del comandante Fidel Castro por más de 700 millones de dólares al año. Así nació la primera ley comercial trasnacional. Lo que no queda claro es que si por una menor cantidad anual podría existir algún convenio con Cuba.

La amenaza sigue presente, pero muy pronto la pesadilla debe terminar para el pueblo cubano. Continuemos exigiendo alto definitivo a las sanciones. Coincidimos con la declaración del presidente Miguel Díaz-Canel durante la apertura de la pasada Cumbre de los Pueblos: Manifestamos la convicción de que no bajaremos los brazos ni nos pondremos de rodillas para pedir perdón por defender el derecho a la diferencia.

*Consigna de la apertura de la Cumbre de los Pueblos.

Twitter: @AntonioGershens

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