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Virulento hombrecillo carga la corona de un imperio en derrumbe

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Por: BENJAMÍN MOCTEZUMA LONGORIA •

¿Por qué Donald Trump está en donde está? ¿Por qué el presidente de USA escucha y acuerda con la presidenta de México Claudia Sheinbaum y posteriormente se desdice? ¿Debemos buscar la explicación en su persona o, a la inversa, en la sociedad estadounidense? Es decir, ¿el gobernante crea a la sociedad o es la sociedad la que gesta a los hombres que la “dirigen”, en cuyo caso más bien son dirigidos? Sin duda, Estados Unidos es una gran potencia, pero… ¿Quién la dirige? ¿Trump dirige a EEUU o sólo es un instrumento? Si estamos de acuerdo en que el presidente gringo se excede ¿Quién puede ponerle límites, sobre todo, cuando él ha dicho que esos sólo los encuentra en su moral (¿?) y su inteligencia (¿?)?

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Las interrogantes nos sacan de las apariencias que, en sentido estricto, son una realidad incompleta. La otra cara es la de la esencia y, acto seguido, el de su conjugación dialéctica, la interinfluencia, la acción recíproca. La respuesta mucho ayuda a entender otros fenómenos políticos como el stalinismo, el nazismo de Hitler o el fascismo de Benito Mussolini. Poco abundaré sobre el cómo se produce ese fenómeno político belicista y sus nexos en el resto de las esferas sociales, lo dejo como un apunte que debe ser objeto de debate más amplio e interdisciplinario.

En resumidas cuentas, Donald Trump es un instrumento de los hombres más ricos del mundo (una clase social imperial heterogénea), son ellos los que están tomando todo tipo de decisiones y el presidente de EEUU sólo las expresa a su modo. En el país del Pato Donald y Mickey Mouse, el poder político ha sido tomado directamente por el gran Capital, no como antes donde la clase política representaba sus intereses, ahora los intereses de concentración y acumulación de Capital están directamente incrustados en el poder político. No hay una mediación entre poder económico y político. Hoy son lo mismo.

Pero también hay que hacer la observación de que hay una clase económica y política despojada de la representación en las acciones de gobierno. Se trata de una serie de contradicciones dentro del propio capital que, por sus propias necesidades de existencia y reproducción, no están de acuerdo con las decisiones de repatriación de capitales porque eso les representa un incremento en los costos de producción, reduce la ganancia y la capacidad de competitividad frete a otras economías. El mejor ejemplo lo tenemos en los capitales automotrices, ellos obtienen mejores ganancias y capacidad competitividad manteniendo sus plantas en países como México donde el salario es más bajo y, aparte, ya existe toda una red de suministros.

Una de las mayores contradicciones de la economía gringa está en la necesidad de USA de poseer los mayores yacimientos petroleros, por un lado para engordar las ganancias de sus capitalistas y, al mismo tiempo, para evitar la caída del valor del dólar frente a otras monedas, pues el llamado petrodólar consiste en que el recurso energético solo se comercialice en dólares y si naciones como Irán, Arabia Saudita, Irak, Rusia, China y Venezuela comercializan con otras monedas desvalorizar (por efectos de oferta y demanda) a la moneda gringa.

Lo que el mundo vive es la afloración de las propias contradicciones internas de un capitalismo imperial unipolar que se resiste a reconocer que ya existe un mundo multipolar. Se niega a aceptar una realidad ya enraizada en el mundo pero, al propio tiempo, a que esa realidad no es ajena en sus efectos, no sólo económicos, en la sociedad estadounidense, la cual también está urgiendo a transformaciones estructurales profundas.

Sobre esto último, vengo insistiendo en que en Estados Unidos se han ido gestando las condiciones objetivas necesarias y suficientes para una transformación nacional que, a partir de ellas, debe reestablecer nuevas relaciones con el mundo.

Sin embargo, hay que reconoce que no se ve la existencia de un liderazgo individual, organizativo, político e ideológico transformador que, necesariamente, debiera proponer un nuevo proyecto nacional en torno al cual aglutinar fuertes  y estratégicas movilizaciones de la sociedad.

Para decirlo con claridad, en Estados Unidos urge la emergencia de alguien parecido a Andrés Manuel López Obrador, la organización de sectores sedientos de cambio en torno a un proyecto nacional de nuevo tipo que de tranquilidad interna y, al propio tiempo, garantice relaciones de cooperación  con el mundo, bajo condiciones económicas, políticas y militares que no sean de neocolonización., sino de mutuo reconocimiento de independencia, respeto y cooperación para el desarrollo con bienestar y soberanía de los pueblo. Pero, los poseedores del gran Capital (que son la minoría en la sociedad) nunca aceptarán una autodeterminación de ese tipo. Como se verá, aún debe correr mucha tinta, mucho diálogo social y muchas cosas más sucederán.

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