Con un 10.6 por ciento de su población en los Estados Unidos, el municipio de Guadalupe ha reconfigurado su economía a través de la migración, en un proceso que también ha marcado los afectos, vínculos familiares y las identidades de quienes se van y de quienes se quedan, explicó Ana Laura Valerio Hernández al exponer los avances de su tesis doctoral, este viernes, desde el auditorio Leonel Álvarez Yáñez de la Unidad Académica de Ciencia Política de la Benemérita Universidad Autónoma de Zacatecas (UACP-BUAZ).
“Afectos y subjetividades que se tejen en el espacio simbólico transnacional” es el nombre de la investigación que incluye entrevistas en profundidad para comprender el papel de los afectos transnacionales en la vida cotidiana, incluidos “los roles laborales y de cuidado que van a ser sostenidos desde los afectos”, en comunidades como Tacoaleche y La Zacatecana.
De acuerdo con datos citados en la ponencia, más de 22 mil personas emigraron de Guadalupe, convirtiéndolo en uno de los principales municipios expulsores de migrantes en Zacatecas, junto con Fresnillo, Pinos y Sombrerete. Tan solo en el segundo trimestre de 2025, el municipio recibió alrededor de 18 millones de dólares en remesas, una cifra que refleja la dependencia económica de muchas comunidades respecto al trabajo migrante.
La universitaria ubicó corredores migratorios específicos hacia Estados Unidos: Tacoaleche con Fort Worth, Texas; La Luz, Los Rancheros y Casa Blanca con Tulsa, Oklahoma; y San Jerónimo con Denver, Colorado, además de otras comunidades como Zoquite, Bañuelos y Cieneguitas, donde la migración ha incidido de manera importante en la organización social, familiar y económica.
Más allá de las cifras, el estudio documenta historias de deportaciones recientes, muertes durante el cruce fronterizo, amenazas del crimen organizado y separaciones, experiencias que dejan huella en la vida emocional de las familias y comunidades de origen. En uno de los testimonios obtenidos, una mujer relató la muerte de un hermano al intentar cruzar la frontera y la deportación reciente de otro, en un contexto marcado por el endurecimiento de las políticas migratorias en Estados Unidos.
La investigación se sustenta en 20 entrevistas en profundidad, realizadas tanto a migrantes que residen en ciudades como Chicago, Denver, Texas, Utah y California, como a sus familiares en Zacatecas, en su mayoría, mujeres mayores de 35 años.
Desde un enfoque fenomenológico, Valerio Hernández explora la “normalización de la migración”, así como las emociones, la memoria y los afectos que atraviesan la experiencia migratoria y se mantienen mediante llamadas, videollamadas y redes digitales, conformando comunidades afectivas transnacionales. Estos vínculos permiten sostener la vida familiar a la distancia, pero también evidencian los costos emocionales de un fenómeno marcado por la desigualdad y la violencia en ambos lados de la frontera, señaló la investigadora.



