Hay que cambiar el curso del desarrollo en México para que el país pueda crecer y haya una mayor justicia social, aseguró el docente e investigador de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Carlos Tello Macías.
Actualmente, México atraviesa una fase complicada de su historia después de que durante 30 años ha venido arrastrando resultados negativos tanto en el ámbito económico como social.
El académico expuso que en las últimas tres décadas se ha registrado un crecimiento mediocre de la economía nacional, lo cual ha sido reconocido incluso por organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).
Precisó que mientras en los 30 años previos a los 80 el Producto Interno Bruto (PIB) por persona creció a 3 por ciento, desde esa fecha y hasta 2013 ha estado creciendo tan sólo a 1 por ciento.
Otro factor que ha caracterizado a este periodo es el inequitativo reparto que se ha hecho de los beneficios generados, con el escaso crecimiento económico.
Este punto ha provocado que cada vez haya más mexicanos viviendo en condiciones de pobreza y, aunado a estos factores negativos, también está el de la violencia que azota al país en la actualidad, precisó.
El autor del libro Ahora recuerdo. Cuarenta años de historia política y económica en México, el cual fue presentado este viernes en la capital zacatecana, hizo este análisis crítico de las últimas tres décadas en México para concluir que, “ante esta situación (…) el gobierno está instrumentando una política que francamente no está estimulando el crecimiento ni tampoco está promoviendo mayor justicia social”.
La ausencia de políticas públicas que fomenten el desarrollo económico real en el país no es un hecho reciente.
Ya una vez Tello Macías tuvo que lidiar con la postura de las autoridades que buscaban la “estabilidad” macroeconómica antes que el crecimiento, lo cual sucedió cuando él mismo formaba parte del gabinete gubernamental como secretario de Programación y Presupuesto, en el sexenio de José López Portillo.
En ese momento, tuvo que tomar la decisión más difícil de su carrera política, según narró el economista. En el gobierno de López Portillo, explicó, hubo un enfrentamiento entre “dos formas de organizar el futuro de la economía mexicana. Una la encabezaba la Secretaría de Hacienda, yo diría tradicional, conservadora, ellos quieren llamarla prudente y la otra la enfrentaba la Secretaría de Programación y Presupuesto”.
La primera opción, que priorizaba la estabilidad de los precios y de la moneda, sin permitir que alguna acción gubernamental pudiera alterar el orden establecido, fue la elegida por el presidente López Portillo, lo que provocó que Tello Macías presentara su renuncia porque “me veía yo ante la necesidad de no poder instrumentar una política que no compartía”.
A pesar de su separación del cargo de secretario de estado, el docente investigador de la UNAM continuó en el servicio público como asesor del entonces titular de la Secretaría de Patrimonio y Finanzas, José Andrés Oteiza, y fue entonces cuando se convirtió en una pieza clave del cambio de rumbo que se dio en la economía mexicana con la nacionalización de la banca.
En el año 1981 el país se sumió en una crisis financiera debido a que se desplomaron los precios del petróleo y de otros productos que ya se estaban exportando.
A la vez, subieron las tasas de interés de los créditos que se tenían contratados y también los banqueros internacionales decidieron reducir los préstamos a varios países, entre ellos México.
La combinación de estos tres factores, más la fuga de capital que se dio en esa misma época a consecuencia de la crisis, llevó al presidente López Portillo a solicitar alternativas de solución al problema que “crecía día con día, era una situación de inestabilidad creciente”.
“Se llegaron a plantear en el gabinete económico cuatro opciones”, explicó Tello Macías, “la nuestra, la de la nacionalización de la banca, era la quinta opción pero esa no se planteó en el gabinete. Se desecharon las cuatro que planteó Hacienda y el presidente tomó la resolución de poner en práctica la quinta opción, que era nacionalizar la banca”.
De esta forma, Tello Macías se convirtió en el primer director general del Banco de México. Esta política se mantuvo durante el gobierno siguiente de Miguel de la Madrid, aunque en ese periodo comenzó el proceso de reprivatización, matizó el académico, hasta que se concluyó entre los años 1990 y 1991 con Carlos Salinas de Gortari.
En la decisión de entregar nuevamente los bancos a particulares, aseveró el investigador, jugó un papel fundamental la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, ya que Estados Unidos y Canadá exigían que las condiciones en las tres naciones fueran las mismas para que hubiera equidad. Y para ello, precisó, había que privatizar el sistema bancario.
Aparte, dentro de estas exigencias, también estaba la privatización de Teléfonos de México y del sector energético, aunque tan sólo de una parte del proceso de generación de energía, así como la autonomía del Banco Central.
Las políticas privatizadoras como las de esa época vuelven a salir a la luz en la actualidad, con la pretensión de poner en manos de particulares la explotación y procesamiento del petróleo, aseguró Tello Macías, con el argumento de estimular el crecimiento.
No obstante, el cuestionamiento que cabe hacerse ante este razonamiento, explicó, es el de por qué ese impulso no lo realiza Pemex, ya que la empresa paraestatal “tiene no sólo la capacidad financiera, sino también el talento para hacerlo”.
Señaló que en esta reforma presentada por el Ejecutivo federal prevalecen las ideas sobre los intereses, cuando “el Estado mexicano debería interesarse en promover Pemex, pero ideológicamente quien está ahora al frente está a favor de la parcial privatización de la industria del petróleo. (…) Yo creo que es un error, no es necesario, aquí una vez más no es necesario”.
Tello Macías recalcó que nuevamente no está justificada esta idea privatizadora, puesto que recordó que ya al inicio de la década de los 90 había defendido ante el presidente Salinas de Gortari que era innecesaria la reprivatización de la banca.
Esto lo hizo, cuando fue llamado personalmente por quien en ese entonces era jefe del Ejecutivo federal a la Residencia Oficial de Los Pinos, para que diera su opinión sobre la intención de que los bancos volvieran a estar en posesión de la iniciativa privada.
“Le dije yo que no estaba de acuerdo por dos razones”, narró, “la primera, porque no era necesario, no había razón objetiva para ello, para privatizar la banca y la segunda razón, que estaba el Estado mexicano renunciando a utilizar un muy poderoso instrumento que estaba en sus manos, en sus posibilidades de acción y que eso me parecía un error”.
Esta conversación con el ex presidente Carlos Salinas de Gortari, previa a la reprivatización de la banca y al nuevo viraje de la economía mexicana hacia el lado opuesto al que la había dirigido Tello Macías en los años 80, forma parte de sus
recuerdos más destacados.
Recuerdos y pasajes de una vida que recopiló en el libro Ahora recuerdo, a propósito de cuyo título aseguró que hay un suceso histórico que los mexicanos en la actualidad deben tener presente siempre, “y lo menciono porque se ha olvidado”. Se trata de la Revolución Mexicana.
Expuso que ya habían transcurrido varios años de gobiernos panistas en los que no se conmemoró el 20 de noviembre y lamentó que en este 2013 tampoco hubiera celebración, “ahora ni los priístas, eso me parece mal”.
El economista concluyó que “el pasado mexicano es importante, yo creo que el estudio, el reconocimiento de lo que hemos hecho a lo largo de nuestra historia es importante para entender no sólo lo que estamos haciendo, sino lo que debemos hacer”.



